Dignidad humana

7.5.11

El estudio de los hijos

En la infancia y en la adolescencia es importante la vuelta a casa desde el “cole”. El chico o la chica llama a la puerta y le abre su madre, su padre o algún hermano. Pero...¿Y si no ocurriera así? Si un muchacho o una chiquilla de catorce años llegara a su casa, se encontrara la comida puesta pero el primer familiar apareciera a las tres o cuatro horas...No vamos a dramatizar pero analicemos este asunto más despacio.

El hogar: calma y compañía

Para que un chaval estudie bien primero tiene que saberse protegido, seguro, querido. La tómbola verbenera del infante, la introspección existencial del adolescente, o la seguridad crítica del universitario son etapas variopintas de la vida que se mueven en una trayectoria con dos coordenadas fundamentales: el padre y la madre.La educación es una búsqueda práctica de la verdad en el amor. Quien más nos puede educar es el que más nos quiere bien. Los padres son los primeros protagonistas de la aventura de educar. Una familia en el que señorea la estabilidad, la generosidad y la incondicional ayuda es la almadraba de la tarea educativa. Profesoras y profesores hay muchos, algunos especialmente importantes; pero solo hay un padre y una madre. Estas afirmaciones pretenden ir al núcleo de la enseñanza y cuando se va al núcleo, sin pretenderlo, pueden saltar chispas. La vida es compleja, o tal vez lo seamos nosotros, pero todo lo que se pueda acercar a lo dicho antes es el punto de arranque más sólido de la educación. No siempre se dan las condiciones descritas pero si podemos intentar aproximarnos a ellas todo lo posible.Quisiera insistir en otro aspecto: el silencio. Calma, serenidad, paz. Una casa no es un monasterio, pero convertirla en un ágora de ruidos e imágenes supone anular la creatividad de las personas. A más técnica necesitamos más ética. La tranquilidad del hogar es el primer requisito para tener una cierta tranquilidad en la cabeza, requisito imprescindible para poder estudiar, trabajar y aprender. No es una batalla perdida; se trata de ir recuperando cotas de serenidad. Desenchufarse de tanto aparato nos pone delante de nosotros mismos; es decir: nos ayuda a tomar la vida en nuestras propias manos para vivirla con un rumbo diario.

No vivimos en la Edad Media ni nos alumbramos con antorchas, pero los ratos de silencio son aquellos en los que con más facilidad se consideran las cosas y se toman decisiones. Surgen así luces que guían los pasos de nuestra vida. El crecimiento de los seres vivos se hace en el silencio; también crecen así los espíritus humanos. Dicen que el bien no hace ruido y el ruido no hace bien; es sólo una frase pero tiene parte de razón. El silencio es como una noche en la que, con frecuencia, se ve alguna estrella. Al trabajar en silencio el espíritu se cultiva, madura como el buen vino. La sabiduría, aunque sea discreta, necesita fraguarse con tiempos de silencio creador.
Para cultivar la mente es bueno que los hijos se aficionen a leer libros adecuados a sus edades. Lo harán si ven que sus padres leen de vez en cuando, aunque sea un rato a la semana. Además, tener un familiar que cuenta cuentos a los chicos más pequeños o no tan pequeños es, sin duda, un lujo que conviene fomentar, si es posible.

La televisión puede ayudar a la convivencia familiar, pero es absurdo tenerla puesta de modo indiscriminado. ¿Daría uno de comer a su familia lo primero que se encontrara en la calle?...No es menos importante la digestión del cerebro; y si esto no se valora se echan a perder capacidades especialmente importantes en la infancia y en la juventud. El entrenamiento adecuado es el que hace rendir los talentos personales. Conviene meter en cintura, aunque sea un poco, los hábitos de la familia respecto de los medios de comunicación. Dejar a un chico de dieciséis años, o menos, con una conexión libre a internet día y noche en su cuarto es atentar contra su salud. Algunos pasan las dos o tres primeras horas de colegio del día siguiente literalmente dormidos, aunque en posturas francamente incómodas. Twenty, Facebook y otras redes sociales han sustituido buena parte de las horas que antes los chicos pasábamos en la plazoleta jugando a las chapas mientras que las chicas hacían complicadísimos cabriolas sobre cuerdas elásticas. No digo que la situación actual sea peor ni mejor, pero sí que es distinta; y, por tanto, requiere renovados cuidados por parte de los padres y de los hijos.

Si los padres llegan al desánimo al ver los escasos resultados de sus consejos a sus hijos, especialmente adolescentes, puede ser bueno recordar dos cosa:. Esa consideración que el joven escucha con despego y sin entusiasmo puede llegar a ser un notorio punto de luz en su vida. Por otra parte, no conviene olvidar demasiado cómo éramos nosotros a la edad de los chicos.

Despacito y buena letra


Para el aprendizaje humano es difícil superar el consejo de Antonio Machado:”Despacito y buena letra que el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas”. Vivimos en una sociedad de tareas, de cosas hechas y tachadas; pero se precisa evaluar más la calidad del trabajo, no solo la cantidad. No se trata de perfeccionismos poco realistas sino de hacer las cosas bien, con espíritu de artesano; al menos de intentar hacerlo. Éste es un ejemplo vital que los mayores hemos de dar a los más jóvenes porque resulta muy atractivo y eficaz.

Para estudiar bien se requiere saber que es el estudio. Estudiar una asignatura consiste en leer, reflexionar, memorizar y, si es el caso, hacer ejercicios sobre ella desarrollando el ingenio. Voy a decir ahora cosas que, en mi opinión, no son estudiar: leer, pasar a limpio los apuntes, buscar información en internet. Todo esto ayuda al estudio, pero no lo sustituye. Lógicamente no será igual el estudio de un chico de 12 años que el de uno de 16, pero estudiar no es solamente hacer tareas. El actual sistema de enseñanza español se basa, en gran parte, en el constructivismo: la hipótesis de que el aprendizaje es consecuencia directa de experiencias y ejercicios prácticos. Puede que esto funcione por si solo si es mi padre el que me enseña a pescar; pero en un instituto o un colegio el profesor no es un padre, ni estamos en un idílico río y, si no se enseña a poner los codos, lo que se pescará -tarde o temprano- serán calabazas. Claro que es importante hacer trabajos, ver películas educativas, debatir temas y hacer prácticas; pero hay dos cosas que no pueden eliminarse en la educación escolar: un profesor que explica lo que sabe y un alumno que estudia lo que le han enseñado. Estudiar es un ejercicio personal y esforzado de reflexión y comprensión de los contenidos previamente entendidos. Es aquí donde se templa el espíritu del estudiante adquiriendo hábitos y madurez. Además, contra lo que muchos piensan, el estudio puede ser algo tremendamente atractivo. Cuando se domina una asignatura se puede disfrutar con ella.

Soy profesor de Bachillerato y sé que la enseñanza de los Grados de Formación Profesional tiene peculiaridades profundas y está mucho más enfocada a la práctica. Sin embargo pienso que lo dicho sobre el estudio también es válido, con las oportunas adaptaciones, para estas enseñanzas de gran eficacia social.


Estudio y futuro personal

Pienso que hay algo más importante que saber mucha economía o mucha matemática: saber vivir. Pero si nunca hago cuentas no sabré edificar mi propia familia. Llevar una vida buena es la asignatura de la sabiduría. Hay personas de pocos estudios que tienen una grandísima categoría personal. El estudio académico es, sin lugar a dudas, un medio y no un fin. Sin embargo, todo este conjunto de personas poco letradas y encantadoras se verá ampliado, protegido y feliz, en la medida en que los estudiosos punteros lo hagan con calidad científica y honradez intelectual. No todos podemos ser Fleming, pero gracias a este señor se han salvado millones de vidas. No está al alcance de la mayoría ser un teólogo como Tomás de Aquino, pero en la catedral intelectual que construyó se han sentido seguros y protegidos labriegos y cortesanos, reyes y amas de casa; cuya realeza, por cierto, es mayor a la de cualquier diadema.

Una chica o un chico joven quieren hacer de su vida algo grande. Los estudiantes, contra lo que pueda opinar una sociedad parcialmente desencantada, quieren saber. Estudiar es fuente de libertad, de perspectivas amplias, de panorámicas abiertas. Estudiar no es un mortecino y rutinario sacrificio. Estudiar supone poner en juego algunas de las capacidades más elevadas del espíritu humano para hacer avanzar el testigo del progreso y trabajar por algo posible: un mundo mejor, más humano. Ningún joven quiere desatenderse de esta tarea. Ayudémosles con comprensión y exigencia.

Quisiera terminar con algunas ideas que quizás sean prácticas. Me parece que es buena cosa que los padres recuerden a sus hijos una máxima de San Pablo:”el que no trabaje que no coma”. Puede parecer dura aplicada a los hijos, pero es eficaz. No se pretende que adelgacen sino de darse cuenta de que, con cariño y fortaleza, educar en una vida dura es algo muy saludable para el carácter de los hijos.

Respecto a la enseñanza académica quiero reivindicar el valor del examen. Este horripilante vocablo para el examinando y para el corrector –me consta- se revela, pese a su antipático ensamblaje, como uno de los cimientos de la educación. Examinarse, con posibilidad de sobresaliente y de suspenso, es algo tan traumático y apasionante como la vida misma. Examinarse es un acto de valentía y de responsabilidad personal y social. La letra no entra con sangre, pero si con esfuerzo. En este planeta hay que hacer de la necesidad virtud; sin poner en práctica este lema me parece muy difícil obtener resultados satisfactorios. También son necesarias las innovaciones pedagógicas, sin olvidar que conviene que el profesor sepa mucho de lo que explica.

A los alumnos me gustaría decirles esto: -Si tienes facilidad para estudiar y sacas buenas notas tienes el peligro de ser un creído y un egoísta. Saca las mismas notas o mejores, pero ayuda a tus compañeros; esto “justificará” todas tus notazas de cara a tus compañeros. –Si estudias pero te cuesta mucho aprobar pueden pasar dos cosas: que tengas que entrenarte en el estudio con paciencia o que te vengan bien otro tipo de estudios. Pruébate a fondo en lo que ahora haces antes de cambiar. –Si no te gusta estudiar y suspendes mucho... No te desanimes. Si ahora te faltan las fuerzas para sacar el curso, que sepas que en un futuro –quizás muy próximo- es muy probable que sí que puedas; y, si quieres, déjate ayudar.


José Ignacio Moreno Iturralde