Dignidad humana

12.5.09

Amar de verdad

Me lo contaba un buen amigo: “Tras el fallecimiento de mi madre estuve ordenando muchas cosas de la casa. Entre cientos de papeles encontré una anotación azul de mi padre que decía “el amor nunca pasa y si pasa no es amor”. A bote pronto me adherí al mensaje preclaro pero tuve que interiorizarlo algo más, y me reafirmé por segunda vez. Más adelante conté el descubrimiento cien veces en clase a mis sufridos alumnos. Ahora me doy cuenta de que esa frase requiere una adhesión diaria, segundo a segundo. Esta afirmación de la vida es un pozo sin fondo”.

No me extrañaría que fueran pocos los que negaran aquella anotación azul; y tampoco me supondría una sorpresa descubrir que muchos no han o no hemos encontrado todavía ese amor. Lo más probable es que cada quién se haya aproximado o alejado más o menos a este amor con vocación de presente. Esta estabilidad hace distanciar el amor del sentimiento y de la emotividad; dicho sea con todo aprecio a la esfera sentimental. La cabellera morena de mi hermana es una preciosidad y la defendería con todas mis fuerzas; pero tengo que querer a mi hermana aunque se quede calva. Todo lo prosaico, lo anodino, lo mostrenco e incluso lo “cutre” de nuestra vida forma parte del combustible del amor: ese núcleo de sentido que hace que la vida merezca la pena. El amor tiene mucho más que ver con la confianza y la voluntad que con la afectividad y la pasión. Si no fuera así el amor se convertiría en el gran engaño, la perversa mentira que convierte en insignificante la vida de las mujeres y de los hombres.

Algunos piensan que el hombre es un lobo para el hombre. Otros consideran que el hombre es un timador para el hombre. Amos pueden tener razones para pensar así. Todo amor que aspire a serlo de veras debe respetar a la persona y hacerse respetar. De aquí se deduce que una persona enamorada de la vida puede y debe denunciar al ladrón, al maltratador y al mentiroso; así como defenderse en legítima defensa.

La venganza no es digna: supone ponerse a la altura del que ofende y formar parte de su misma calaña. La venganza es la patada del asno. Vengarse es odiar. La justicia es procurar dar a cada uno lo suyo. Se trata de algo que tiene que ver con la razón, el equilibrio y la imparcialidad más que con el temperamento, sin que haya que excluirlo. Perdonar es comprender, es establecer lazos de fraternidad. El perdón es un hallazgo divino que hace nuevas las cosas. Cabe recordar que misericordia y justicia se necesitan mutuamente; teniendo en cuenta la medida en que nos gustaría que nos fueran aplicadas personalmente.

La lucha de clases, de razas y de naciones es el opio del pueblo. El inmenso número de inocentes asesinados en la historia es un alegato contra la violencia. El motor de la historia es el amor y hay quien sostiene que es más fuerte que la muerte.


José Ignacio Moreno Iturralde

1 Comentarios:

  • Completamente de acuerdo en tu comentario,siempre he pensado que las personas que estamos en el mundo nos encontramos divididos en dos;los que sabemos amar y quienes no. Las personas que no saben amar sufren ellos(as) y hacen sufrir a los que conviven con ellos.

    By Anonymous Anónimo, at 5:59 p. m.  

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