Dignidad humana

13.12.08

¿Qué es eso de amar?-III

Cualquier ciudadano gordo y desentrenado brama como Bravehearth –héroe medieval escocés llevado al cine por Mel Gibson- ante su hija en peligro; desarrolla una agilidad superior a la de Spidermann para llegar al hospital en que han ingresado a su mujer que pasa por un apuro, y prefiere cien veces la vida de su hijo enfermo que la suya propia. Y ante esta verdad profundamente humana, sin embargo, surgen periodos de la historia que recurrentemente olvidan la categoría fantástica del hombre y se caracterizan por una catetez, ignorancia, chabacanería y apogeo del cinismo, en el que se esconde su no muy tardía destrucción. Porque llega un momento en que no se puede seguir manteniendo por más tiempo una mentira en el fondo del corazón y se anhela resucitar; resucitar a la vida, a la compañía, a la fidelidad, al hogar.

Lo que es de vital importancia es que los partidarios de la concepción, de la encarnación de la vida, ya que es nuestro el futuro, no dejemos de sembrar referencias para que quien quiera pueda -no sin lágrimas en los ojos- volver a sonreir, a saberse queridos, aceptados por algo que jamás se podrá extinguir pues es más íntimo al ser humano que si mismo: la familia; la familia que da vida. Toca a todo hombre y mujer de bien volverla a poner en el lugar socialmente reconocido y políticamente respaldado que se merece.

Breve mensaje a los jóvenes con bajón

Quizás hayas pensado alguna vez que eres un o una pobre imbécil que no va a dar mucho de sí. Tal vez no veas un futuro profesional claro y, quizás, tampoco goces de una situación familiar y académica adecuada. Pero también sabes que tienes amigos y gente que te aprecia y que siempre encontrarás la opción alternativa a la del “lado oscuro”: la de la luz. Es posible que si te digo que eres una hija o un hijo del Gran Rey –como así es o puede serlo a la de ya, si quieres- no me creas. Aunque no estés de acuerdo tú vales mucho, no porque lo digas tú o, mucho menos, yo; sino porque sencillamente hay verdades más profundas que nosotros mismos y a la luz de ellas somos y nos podemos sentir importantes. Cuando nos sabemos queridos de verdad es cuando nos sabemos buenos y, entonces, es cuando somos generosos y nos damos con gozo. Entonces empezamos a girar en una supermovida alrededor de las necesidades de los demás y renace, como un chorro de alegría, las ganas de vivir. Pero hace falta ayuda, humildad y sacrificio –tampoco tanto-. Tú decides.


José Ignacio Moreno Iturralde