Dignidad humana

5.7.08

Ideología reproductiva sin sentido común

Se dispara el gasto sanitario (La Gaceta)El empecinamiento ideológico pone en peligro la continuidad de la propia sociedad

Alejandro Navas

Un caso real: mujer casada que no quiere tener más hijos y acude al ginecólogo para pedir una ligadura de trompas. El médico accede y lleva a cabo la sencilla operación. Pasa el tiempo y esa mujer se separa de su marido. Transcurre el tiempo, conoce a alguien y rehace su vida. Con el amor redescubierto siente la llamada de la maternidad, así que visita otra vez al mismo ginecólogo para que revierta la ligadura de trompas. El complaciente médico realiza la operación, que exige microcirugía y es algo más complicada que la anterior. La mujer se dispone con ilusión a quedar embarazada, pero como ya no es la más joven y el reloj biológico sigue su ritmo, el embarazo no llega. La mujer quiere ser madre a toda costa, así que vuelve al ginecólogo para que le aplique un tratamiento de fecundación in vitro. El procedimiento tiene éxito, pero de acuerdo con la praxis habitual en nuestro país, se le implantan varios embriones y prosperan tres de ellos. La mujer no quiere de ninguna manera un embarazo múltiple, así que pide al ginecólogo que elimine a dos. El médico atiende los deseos de la mujer y los dos fetos “sobrantes” son eliminados.Aclaración: todos los gastos originados por esta sucesión de “actos médicos” han sido pagados por la sanidad pública. Habría mucho para comentar, tanto en el comportamiento de la mujer como en el del médico, y llegaríamos a conclusiones más bien desalentadoras sobre una sociedad que permite ese tipo de actuación, que no se detiene siquiera ante el derramamiento de sangre inocente. Pero, ¿es esa una manera razonable de gastar el dinero de nuestros impuestos? El sentido común más elemental diría que no, ni siquiera en época de bonanza económica, y mucho menos en circunstancias como las presentes, cuando el Banco de España acaba de reconocer lo que ya sabíamos todos: peligran las prestaciones de nuestro estado del bienestar. Andamos escasos tanto de capital humano como de capital social y nuestro Gobierno está empeñado en facilitar todavía más la práctica del aborto. La crisis económica se agrava ante la pasividad del Gobierno, aparentemente mucho más interesado en llevar a la práctica la agenda marcada por la ideología de género. El empecinamiento ideológico pone en peligro a largo plazo la continuidad de la propia sociedad, pero esa inquietante posibilidad no parece importar. La mujer de nuestra historia y algunos gobernantes dan la impresión de compartir la definición nietzscheana de la felicidad humana: consiste sencillamente en el “yo quiero”. Es lo que siempre hemos llamado egoísmo e inmadurez, parientes próximos de la crueldad.

Alejandro Navas es profesor de Sociología de la Universidad de Navarra.