Dignidad humana

6.6.08

Vida personal y mundo audiovisual

Nuestro mundo está lleno de teléfonos, radios, televisiones, internet, etc. Tenemos mucha información; pero es difícil poderla asimilar de un modo verdaderamente humano y personal. Ante nuestras retinas vemos estupendos partidos de fútbol después de presenciar las tremendas tragedias humanas provocadas por seísmos o inundaciones. Un amigo me decía que en la televisión vemos la realidad a través del ojo de otro, del que selecciona los contenidos. Nuestro mundo conectivo y audiovisual forma parte de nuestra propia vida cada vez más. Esto trae ventajas insospechadas hasta hace relativamente pocos años. Pero también tiene inconvenientes: vernos en una realidad tremendamente compleja y difícilmente comprensible.

Me parece que hay que dar más importancia a nuestras pequeñas cosas de cada día; a aquello que verdaderamente está en nuestras manos: tener un detalle con este familiar, visitar a aquél amigo enfermo, ejercitar más la paciencia con esa persona que nos saca de quicio y, en fin, las mil cosas que pueden parecer irrelevantes pero que no lo son en absoluto pues es en ellas donde se prueba, de hecho, nuestra talla moral.

Los medios son una fuente de información en ocasiones valiosa; otras veces degradante y, con frecuencia, deformada: lo extravagante, dañino y anormal suele ser más noticioso que las ilimitadas incidencias amables de la vida como es. Es preciso tener una sólida educación para ser personas de criterio, libres y responsables, con objetivos realistas y propósitos de servicio al mundo proyectados en los rostros humanos concretos con los que nos encontramos cada día. Un buen modo para revalorizar lo cotidiano es pensar que ocurriría si no tuviéramos tal aspecto de nuestra vida que nos parece, quizás, algo arduo y pesado: a lo mejor comenzamos a valorarlo mucho más. El asunto cobra mayor relevancia en el trato con nuestros semejantes.

Si me permiten una consideración algo podemos plantearnos: ¿Cómo me comportaría yo si me quedara un año de vida?...Sería muy probable que cosas que nos preocupan mucho pasaran a un lugar secundario mientras que otras que ahora tenemos menos en cuenta se pondrían en primerísimo plano. Entre esas cosas revalorizadas estoy seguro que estarían mucho antes las cotidianas y prójimas que los ensueños y ambiciones imaginarias que tanto propician nuestra “información global”.


José Ignacio Moreno Iturralde