Dignidad humana

29.4.08

Cristianismo y democracia

Para un cristiano que profese su fe, Jesucristo es Dios y hombre: el Redentor. Además, Cristo se asoció a la vida de todos los hombres, especialmente de los más necesitados y humildes: Fue embrión, niño pequeño, joven, carpintero, maestro, moribundo -con una muerte atroz- y resucitado. Esta convicción lleva necesariamente a propagarla a los demás con total respeto a su libertad. Jesús de Nazaret supo muy bien lo que es ser laico cuando contestó a las autoridades anticristianas “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Una democracia tiene que permitir y valorar el discurso antropológico cristiano, que se basa además en una ley natural común a todos los hombres. Impedirlo es algo injusto y totalitario. Si además se imponen ideas anticristianas y, para muchos, contrarias a la naturaleza del hombre, se está pisoteando la conciencia de millones de ciudadanos. Esto está ocurriendo ahora en España de un modo descarado. La respuesta cristiana ha de ser personal, activa y contundente; pero sin odio, sino con afán de concordia y de perdón; sabiendo también pedirlo cuando proceda.


José Ignacio Moreno Iturralde