Dignidad humana

21.7.07

El ataque a la familia (II)

El Partido Socialista llegó al poder de la mano del talante y la renovación democrática. Frente al gobierno del PP, al que acusaba de insensible a la voz del pueblo, ZP ofrecía la fórmula del diálogo y la transparencia como garantías de buen gobierno. Al grito de "no hay límites al poder del pueblo", y en nombre del pueblo, han comenzado a prescindir de él.En los sistemas de democracia representativa, como el español, el pueblo y sus derechos se encuentran garantizados por el correcto funcionamiento del procedimiento democrático. El recurso dialéctico constante de los miembros del gobierno socialista al mandato del pueblo suena ya a excusa forzada. La voz del pueblo que ellos citan no es tal; no es más que la voz de unos gobernantes, que en nombre de su propia razón de Estado hacen suya esa famosa frase de los monarcas absolutistas "todo para el pueblo pero sin el pueblo". El pueblo son sus instituciones y para escuchar al pueblo es imprescindible escuchar a todas y cada una de las instituciones que el pueblo se dio a si mismo, para garantizar sus derechos y la democracia.

Por eso resulta paradójico, y un auténtico peligro para la democracia, un gobierno que en nombre del pueblo, ha decidido prescindir de sus instituciones, para sacar adelante un proyecto minoritario sin el mínimo consenso social, como si éstas fueran enemigos del pueblo, y no los supremos garantes de sus libertades. Así el gobierno socialista no ha escuchado las recomendaciones del Consejo de Estado; ha ignorado al Consejo General del Poder Judicial, prescindiendo de su labor consultiva para leyes que afectan directamente a los derechos fundamentales y enfrentándose con él; y si nada lo remienda, prescindirá de la voluntad soberana del Senado. Prescindir de las instituciones democráticas conduce irremisiblemente a prescindir del pueblo, como demuestra la exclusión del Foro Español de la Familia, que representa a más de 4 millones de familias españolas, y de los más de un millón y medio de personas que acudieron a la manifestación del 18 de junio, a la hora de abordar reformas importantes de la institución familiar.\u003cbr\>Hoy, en lo que afecta a la reforma del concepto de matrimonio, el clamor popular es tal, que hay que hacer auténticos esfuerzos para no escucharlo. Desde el principio no hemos dejado de ofrecer alternativas, plantear soluciones. El gobierno no puede, ni ahora ni nunca, adoptar leyes y políticas que afectan a la familia y la infancia, sin la interlocución de las organizaciones familiares.

Por eso resulta paradójico, y un auténtico peligro para la democracia, un gobierno que en nombre del pueblo, ha decidido prescindir de sus instituciones, para sacar adelante un proyecto minoritario sin el mínimo consenso social, como si éstas fueran enemigos del pueblo, y no los supremos garantes de sus libertades. Así el gobierno socialista no ha escuchado las recomendaciones del Consejo de Estado; ha ignorado al Consejo General del Poder Judicial, prescindiendo de su labor consultiva para leyes que afectan directamente a los derechos fundamentales y enfrentándose con él; y si nada lo remienda, prescindirá de la voluntad soberana del Senado. Prescindir de las instituciones democráticas conduce irremisiblemente a prescindir del pueblo, como demuestra la exclusión del Foro Español de la Familia, que representa a más de 4 millones de familias españolas, y de los más de un millón y medio de personas que acudieron a la manifestación del 18 de junio, a la hora de abordar reformas importantes de la institución familiar.Hoy, en lo que afecta a la reforma del concepto de matrimonio, el clamor popular es tal, que hay que hacer auténticos esfuerzos para no escucharlo. Desde el principio no hemos dejado de ofrecer alternativas, plantear soluciones. El gobierno no puede, ni ahora ni nunca, adoptar leyes y políticas que afectan a la familia y la infancia, sin la interlocución de las organizaciones familiares.

Benigno Blanco
(Artículo publicado en ABC 28 de junio de 2005)