Dignidad humana

9.10.06

Descubriendo en el embrión a uno de nosotros

Alicia Errázquin

INTRODUCCIÓN

El siglo XIX se caracterizó por ser el de la revolución industrial. El siglo XX por el del perfeccionamiento de la física y el desarrollo de la electrónica; pero, el siglo XXI tiene un nuevo emblema: la Biología, y de modo particular la Molecular y Genética, que vienen a revolucionar nuestros conocimientos sobre la vida y lo que es más significativo aún, a multiplicar los modos de actuar sobre ella, transformando tanto a la persona como a su entorno.

Es atributo de la ciencia develar realidades que deben ser medios para alcanzar el bien del hombre. La ciencia “toma de la persona y de sus valores morales la orientación de su finalidad y el conocimiento de sus límites. Su finalidad es la defensa, protección y desarrollo de la vida humana, no su manipulación y/o eliminación. Por tanto, toda intervención que amenace la integridad o la dignidad de la persona no es humana, no es ciencia en sentido estricto, no es progreso, no es avance.”[1]

A lo largo de la historia, la humanidad ha enfrentado diferentes dilemas éticos sobre los importantes temas de la vida. Así lo fueron el homicidio, el suicidio, la esclavitud, la pena de muerte, la licitud de las guerras, etc.
En cambio, en nuestros días, los problemas morales referidos a la vida humana que la sociedad en su conjunto debe afrontar, son otros.
El avance de la biotecnología y su potencial de manipulación técnica de la vida humana, ha dado lugar al empleo de nuevas herramientas de pensamiento, transformando el sentir común de la sociedad.
Ése nuevo pensamiento colectivo ha sido moldeado por el empleo de un lenguaje artificioso, que no es representativo de la verdad inscripta en la naturaleza, y sobre la cual, la ciencia no tiene la última palabra.

Por su indefensión y vulnerabilidad totales, la vida humana naciente resulta ser fácil y particularmente asolada.
Es así que, a las viejas amenazas en los albores de la vida, ahora se suman nuevos ataques que parten de la premisa de sostener que el embrión antes de implantarse es una realidad biológica distinta a la del embrión ya implantado.
Esta interpretación de los datos científicos no es fiel, y abre hoy el camino a la experimentación y al uso farmacológico de la vida naciente.

Cuanto sigue tiene como objetivo la aportación de observaciones y experimentaciones, que con una rigurosa lógica biológica, haga comprender aspectos esenciales de la dimensión humana en los primeros estadios de la vida embrionaria, que de luz a una reflexión ética y jurídica que no encuentre obstáculos para definir sus derechos y defenderlos.


(*´) Artículo publicado en la revista “El Derecho”, el 21 de septiembre de 2006.



CONSIDERACIONES SOBRE LA REALIDAD DEL EMBRIÓN HUMANO EN SUS PRIMEROS DÍAS DE VIDA.

El acto determinante para que se forme un nuevo ser humano es la fusión de las membranas de dos células altamente especializadas y dotadas llamadas gametos: el óvulo y el espermatozoide. El referido acto establece el momento de la concepción que es coincidente con el que desencadena el proceso de la fecundación de ese nuevo ser llamado a la existencia.

La fecundación es un proceso y que de acuerdo al significado del término expresa el conjunto de las fases sucesivas de un fenómeno.

El proceso de la fertilización[2], no es por tanto, un fenómeno instantáneo ni una única redistribución espacial de los elementos que contribuyen a su cumplimiento. Por la contribución del esperma, la fertilización “reorganiza el óvulo en el cigoto a través de unas series interactuantes de cambios estructurales y bioquímicos que ocurren en un inconfundible modelo temporal y espacial”.[3]

En otras palabras, la fertilización acontece por instrumentadas series de causas y efectos de naturaleza celular, genética, física y química, que tienen por fin llevar a cabo una función específica, cual es la generación de la única célula totipotente y autodesarrollante: el cigoto o embrión de una célula; que marca el origen del desarrollo de un nuevo ser humano.

Con plena evidencia, los gametos ya no actúan como si fuesen dos sistemas independientes entre sí, sino que han constituido un nuevo sistema que actúa como una unidad independiente[4].

En el cigoto se reconocen propiedades fundamentales[5]:
- La capacidad de detectar las características del ambiente a través de diferentes sensores (receptores).
- La capacidad para componer estas diferentes señales o mensajes biológicos e integrarlos.
- La capacidad de producir respuestas adecuadas en orden a adaptarse al ambiente.

Desde el primer momento el cigoto demuestra tener un auténtico diálogo de interacción con el ambiente biológico, que hace posible la articulación entre las improntas genéticas y fenotípicas. Más aún, el cigoto es capaz de adaptarse al ambiente y automodelarse a sí mismo, lo que lo faculta para identificar lo “propio” y lo “no propio”.

El desarrollo del lenguaje de comprensión y comunicación, entendido como la interacción del ser humano con su medio ambiente, puede ser estudiado desde la constitución del embrión unicelular hasta la última fase de su ciclo vital.

La expresión del idioma de la vida se soporta en mecanismos básicos de señalización celular. Una ininterrumpida sucesión de señales que se transmiten de célula a célula, y del ambiente extracelular y extraembrional a cada una de las células, modula el proceso de desarrollo embrionario.

Ese proceso de desarrollo, que es a la vez constitutivo (inicia la vida de un organismo) y consecutivo (el organismo se construye: crece, madura, envejece), puede hoy comprenderse desde la biología cómo, la interacción de los componentes del medio interno y externo bajo la expresión regulada de los genes, va cambiando constantemente a lo largo de la vida del individuo, y con ello, a su vez, el estado del viviente mismo. Hay emergencia de nueva información llamada epigenética.[6]

En efecto, la vida es autoorganización mantenida en el tiempo y cambiante en el tiempo.[7]
La autoorganización y funcionamiento como unidad organísmica que caracteriza al embrión desde su estado unicelular, implica un proceso epigenético que une dos conceptos clave[8]: el concepto de emergencia de propiedades no contenidas en los materiales constituyentes de una nueva organización ( organización es más que la sumatoria o mezcla de materiales constituyentes), y la noción de la necesidad de la interacción con el medio para el despliegue de la nueva ordenación de los materiales y la emergencia de otras nuevas propiedades.

En otras palabras, tanto los genes como el medio, son necesarios para que se autoconstituya un viviente. De las nuevas ordenaciones materiales, por las que va pasando el viviente ( su estructura corporal, sus tejidos, órganos, sistemas) emerge información funcional, es decir propiedades y operaciones. La epigénesis es, por tanto, un proceso temporal en el que el fenotipo es siempre el resultado de la emergencia de una autoorganización nueva de los materiales, desde otra conformación previa que tiene unas propiedades elementales precisas[9].

Es en el genoma donde se encuentra estampado el mensaje genético que poseen todos los seres vivos. La expresión o emisión de ese mensaje o código genético es muy diferente según se trate de un organismo unicelular (e.g una bacteria) o de uno pluricelular (e.g un mamífero).Es así que, el estado unicelular de un organismo pluricelular no es asimilable a un viviente unicelular. La diferencia fundamental radica en que desde el estado unicelular de un organismo pluricelular (cual es el cigoto) el mensaje genético tiene información para autoconstruirse.[10]

Esta facultad de construirse a sí mismo que distingue al cigoto y que lo hace ser acreedor de una vida singular e irrepetible, implica sucesivas divisiones celulares que van acompañadas de una diferenciación morfofuncional creciente. El cigoto al mismo tiempo que crece, se divide aumentando exponencialmente su número de células. Ese aumento irá aparejado de una diferenciación celular que será gradual en el tiempo. Pese a esa gradualidad, la manifestación de la especificidad celular no ocurrirá en todas las células al mismo tiempo, sino que está programada.

Así, las células del cigoto en sus estadios iniciales de vida, son células totipotentes, porque pueden generar, cada una de ellas un individuo completo de su especie. En el estado de blastocito (entre 60 y 100 células) las células del embrión se llaman pluripotentes: pueden formar células de todo tipo de tejidos, pero no un ser de su especie completo. Por sucesivas divisiones celulares, las células van adquiriendo especificidad y sólo pueden producir células de algunos tejidos, son las denominadas células multipotentes. Al cabo de un tiempo del proceso de desarrollo embrionario, las células han adquirido su mayor grado de diferenciación, son las células unipotentes, pudiendo formar células de un determinado tejido. Constituyen así, células del corazón, de los pulmones, del cerebro, u otras, según el ordenamiento que deban cumplir.

En este recorrido de atributos que demuestra poseer el embrión desde el momento clave de su concepción, la biología nos enseña que es muy poco lo que se cambia al momento de nacer, y que desde el punto de vista físico es: un modo diferente de respirar, la interrupción de la llegada de sangre a través de la placenta, el tipo de circulación de la sangre, y unas muy pocas cosas más. El tiempo de permanencia en el útero de su madre constituye para el feto la primera escuela de aprendizaje. Allí tienen lugar las primeras experiencias prenatales que sirven al bebé para aprender aquellas nociones y comportamientos que le serán útiles después del nacimiento, como también le servirán para orientarle sobre aquellos gustos y preferencias propias.


De lo antedicho y a modo de conclusión:

La emisión del programa epigenético implica vivir. La vida de cada ser viviente, en su existir individual, es temporal: tiene un tiempo -que inicia en la concepción y termina en la muerte natural- que es el que perdura la emisión de su mensaje genético.

El desarrollo de un ser vivo es un proceso constitutivo implícito en el viviente que se va completando a medida que se desarrolla.

El cigoto es un cuerpo humano en fase primordial y en los quince primeros días de su vida acontecen los hitos más relevantes de la configuración corporal.

En todos los estados que analicemos de la vida( cigoto, embrión, feto, neonato, bebé de 6 meses, niño, adulto, anciano) hay un programa de cumplimiento que autoconstruye, evoluciona continuamente y declina, conformando así, el ciclo vital único e irrepetible del mismo ser.
O dicho de otro modo, el cigoto, al igual que el feto, el neonato o el adulto, se corresponden a un organismo que tiene autoridad propia.

Son los propios procesos de desarrollo los que encauzan al cigoto hacia una gradual complejidad estructural y los que confieren las bases imprescindibles para que el cigoto sea capaz de responder de forma equilibrada y cada vez más compleja al ambiente, por medio de un diálogo de creciente riqueza comunicativa.


VIDA Y SENSORIALIDAD PRENATAL


Nos proponemos seguidamente, conocer otros aspectos de la biología y fisiología de la gestación humana, no inconexos de los anteriores, que han permitido descubrir el mundo sensorial del feto, a la par que analizar la importancia que los sentidos revisten por su potencial pedagógico antes de nacer.

El interés por las fases tempranas de la vida prenatal ha sido objeto en los últimos años de un esmerado estudio.
La precocidad y complejidad de las incumbencias sensorial y perceptiva fetal y la complejidad de la actividad exhibida ha llamado la atención sobre el conjunto de las experiencias que el ser humano vive en su período prenatal, y sobre cómo entonces se puede constituir el núcleo fundamental de la experiencia psíquica y emocional del individuo, constituyéndose como base de su desarrollo sucesivo.

El gran impulso que tuvieron las investigaciones de las percepciones en la vida prenatal, ha sido posible gracias al advenimiento de las técnicas de ultrasonido, permitiendo la observación en el tiempo real de la actividad fetal espontánea y sus reacciones a los estímulos más diversos.

Estudios basados en la observación por medio de ecografías han permitido evidenciar las relaciones entre la edad gestacional y las complejas características de la actividad fetal.
Todo cuanto se ha podido experimentar y probar hasta ahora ha sido a favor de la presencia de un núcleo prenatal precoz y activo, de experiencias emocionales y psíquicas, que tienen su continuidad en la vida postnatal.

Asimismo, la observación en niños nacidos prematuros constituye una fuente notable de información sobre la vida prenatal.
El conocimiento de las características evolutivas del niño prematuro, ha permitido ubicar en el tiempo, con mayor precisión, el grado de desarrollo de los órganos fetales y ha demostrado la presencia de elaboradas capacidades perceptivas y de organizaciones comportamentales primarias.

La observación de la conducta del niño prematuro ha puesto en evidencia la presencia de una forma de autoorganización básica. Más aún, la existencia de una organización capaz de diferenciar, a través de su propia estructura, lo que es significativo para él de lo que no lo es.


Los sentidos del feto en acción[11]

En el ser humano la maduración de todos los aparatos sensoriales se desarrollan casi completamente en el útero.
El útero materno es un ambiente óptimo, estimulante, interactivo para el desarrollo humano. Forma parte de un pequeño mundo que a su vez pertenece a otro mundo más grande (la familia, la sociedad). A través del útero, el embrión y el feto realizan una actividad incesante y nunca se aislan, sino que, muy por el contrario, es el ámbito adecuado para desarrollar todas las potencialidades latentes en su riqueza genética, en el seno del proceso natural y según su propia dinámica.

El sistema de receptores de estímulos está dispuesto en el feto en un orden de sensorialidad que es coincidente con el presente en todos los mamíferos.
La secuencia en el desarrollo de todos los aparatos sensoriales del feto, prevé que primero devenga funcional los sistemas de la sensorialidad química y cutánea, sucesivamente el sistema vestibular, el sistema auditivo y por último el sistema visual; la actividad motora espontánea se manifiesta a partir de la sexta semana de gestación.

La sensibilidad cutánea representa entonces evolutivamente el primer canal de la experiencia y de la comunicación del hombre. A las ocho semanas de vida se evidencia la primera forma de sensibilidad cutánea; progresivamente, una a una, manifiestan sensibilidad todas aquellas áreas que en el adulto presentan mayor número y variedad de receptores, y por tanto, mayor sensibilidad.
A las 32 semanas todo el cuerpo muestra reacciones a los estímulos táctiles.

Los órganos gustativos están maduros en la semana decimocuarta y puede observarse cómo el feto aumenta o disminuye la deglución del líquido amniótico en relación a la presencia en éste de sustancias azucaradas o amargas.
Al nacimiento, las presencias gustativas son ya muy claras.

Un descubrimiento relativamente reciente considera la capacidad olfativa fetal: el aparato olfativo se desarrolla entre las semanas once y quince, lo que hace pensar que los receptores vengan estimulados del aroma de la sustancia presente en el líquido amniótico, en razón de que es posible evidenciar en las primeras horas después del nacimiento, un reconocimiento de los estímulos olfativos experimentados en el útero. Esto explica, porqué a los niños recién nacidos les atrae el olor de la leche de su madre, no obstante, no haberla probado antes de nacer.

Como ha podido demostrarse a través de la ecografía, el feto empieza a reaccionar a los sonidos hacia la 16° semana de gestación, pese a que la construcción anatómica del oído aún no está terminada. En condiciones naturales, el feto se halla expuesto a toda clase de sonidos, comenzando por los que le llegan primero, que son los propios del funcionamiento fisiológico del cuerpo materno: los latidos cardíacos y los ruidos respiratorios, intestinales y vocales de su madre. A ellos se suman los provenientes del ambiente externo.

Los estudios que han mostrado la vida perceptiva sonora antes de nacer son muy vastos y de ellos podemos aprender muchas cosas.

Una revisión comprensiva de la audición fetal ha mostrado que algunos sonidos musicales pueden causar cambios en el metabolismo, eg., el de la ganancia más rápida de peso, cuando al feto en el útero, se le hacía escuchar una determinada melodía.
Las respuestas del feto a los estímulos sonoros han revelado también que cuando al feto se lo somete a estímulos de diferente intensidad sonora, reacciona primero con un sobresalto, hasta que gradualmente, se acostumbra a él. Se ha denominado “fenómeno de la habituación”, que demuestra además, que el feto tiene memoria, y que aunque es a corto término, la podrá completar y perfeccionar en el tiempo.
La demostración de la memoria del feto se encuentra en estudios que han registrado, e.g., cómo el feto reconoce un texto leído por su madre de otra voz distinta a la de ella; o cómo, después de nacido, se calma al escuchar la misma música que su madre le hacía oír cuando estaba en su seno.

No menos sorprendente, son las observaciones –por ecografías- de las numerosas formas de movimiento que muestran desde el primer trimestre de gestación, la acción conjugada de los músculos y los receptores vestibulares.

El sentido de la vista, que es probablemente el más preponderante después de nuestro nacimiento, evoluciona firmemente durante la gestación; pero aún hoy resulta difícil poder estudiarlo, porque no se cuenta con los medios para poder medir su capacidad de visión. Sin embargo, se sabe que el bebé recién nacido puede ver una distancia equivalente a la que lo separa del rostro de su madre cuando ella lo amamanta.

Aunque todavía no ha sido posible probar el desarrollo de la vista en el útero, sí se ha podido aprender de los bebés prematuros. Ellos, entre las semanas 28 a 34 están capacitados para hacer un enfoque visual con un recorrido vertical y horizontal. Los prematuros usualmente muestran estas habilidades alrededor de las 31-32 semanas de vida. Estas capacidades se incrementan rápidamente entre las semanas 33 y 34, con una atención visual semejante a la de un bebé de 40 semanas.

Los recién nacidos a término tienen desarrolladas las funciones que le permiten captar impresiones de distancia y profundidad, visión en color y patrones de movimiento.
Sus párpados permanecen cerrados en el útero hasta la semana 26. Sin embargo, el feto es sensible a la luz y puede dar respuesta frente a intensidades luminosas aplicadas sobre el abdomen de su madre. Incluso, puede servir como prueba de bienestar antes de nacer.
Aunque esto no puede explicarse fácilmente, los nonatos con sus párpados aún cerrados, parecen estar usando algún aspecto de la visión para detectar la ubicación de las agujas cuando entran en el útero, defendiéndose de la presencia de la aguja con su puño. Esto ha sido puesto en evidencia en la amniocentesis -que normalmente se realiza alrededor de la semana 16 de edad gestacional-, observándose que los fetos pueden volverse y “atacar” a la aguja. Las madres y los médicos que han visto esto bajo el ultrasonido, se han desconcertado, pudiendo constatar también, a consecuencia de esto, que algunos bebés quedan con deficiencias motoras, como en otros ha podido observarse que tardan varios días en volver a registrar movimientos respiratorios normales.
Deseamos dejar en claro que la aplicación de las técnicas de diagnosis prenatal es encomiable y justa, siempre que su finalidad sea la de respetar la salud de la madre y promover la del ser que gesta. En nuestro tiempo, lamentablemente, esta no es siempre la mirada con la cual se la ve.

De manera semejante a la descripción precedente, lo hacen los gemelos de 20 semanas de edad gestacional, para acomodarse entre sí, tocarse o tomarse de sus manos.

En el feto las modalidades sensitivas están interconectadas en una red.

La sensorialidad fetal trabaja acoplada. Están estrechamente aliados los sistemas gustativo y olfativo, como el epitelial y el óseo contribuyen a oir y como la visión se muestra funcional aún con los párpados cerrados.

El dolor del feto merece un análisis profundo que no realizaremos aquí.
Sí decimos que el feto siente dolor muy tempranamente, aunque al presente se requiere del perfeccionamiento de estudios propios de la ciencia que sean capaces de explicarlo integramente.
Cuando los nonatos experimentan dolor, ellos no tienen el aire necesario para hacer ruido (llorar, gritar), pero ellos pueden responder con su cuerpo vigoroso y movimientos respiratorios, así como incrementos hormonales.
Dentro de los 10 minutos que necesita el feto para una transfusión intrahepática, el feto muestra un incremento de 590 % en la ß-endorfina y un 183 % de incremento en la cortisona – evidencia química del dolor-.[12]

Finalmente, los investigadores han descubierto que los bebés sueñan tempranamente. Tan temprano como las 23 semanas de edad gestacional.
Soñar es una actividad vigorosa que involucra movimientos aparentemente coherentes de la cara y de las extremidades en sincronía con el propio sueño, manifestando marcadamente expresiones de placer o displacer, con un comportamiento muy similar al que desarrollan los adultos al soñar.


CONSIDERACIONES FINALES

Las investigaciones científicas y psicológicas de estos últimos decenios confirman que:

- El embrión de una célula demuestra tener vida propia y su naturaleza biológica de “ser humano” es invariante desde su concepción hasta su muerte.
- El embrión y el feto es un ser sensitivo, sensible, que reacciona, porque, desde su concepción, sus células se informan al mismo tiempo que se forman.
- En cuanto inicia la emisión de un mensaje genético- inicio de la existencia individual de la vida del viviente- existe un ser personal.
- La diferencia entre embrión, feto y adulto no radica en lo que los individuos actualmente son (personas humanas), sino en el grado de actualización de aquello que son. Sólo un ser que ya es persona puede actualizar su ser persona[13]. Embrión es lo mismo que persona humana.

Los hechos biológicos son claros y precisos. La ciencia no da razones que justifiquen un “derecho a no nacer” o a pensar que hay situaciones en que “la muerte vale más que la vida”.
Nada ni nadie puede justificar la muerte deliberada de quien es persona humana sin haber nacido.

“Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte.” ( Donum vitae, n.3).

“Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho. (…) El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos” (Donum vital, n.3) (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2273)

Quienes en nuestro país, en este momento, están promoviendo la despenalización del aborto, lograrán con su concreción, atacar al ser más indefenso, en la falsa creencia de que les asiste el derecho a decidir quién es ser humano y quién no lo es. Por consiguiente, cualquier norma jurídica que atente contra el principio de la vida, es aberrante e injusta, por más que sea aprobada cumpliendo todos los formalismos legales.

Escribía la Madre Teresa de Calcuta:

“Si aceptamos que una madre pueda suprimir al fruto de su seno, ¿qué nos queda? El aborto es el principio que pone en peligro la paz en el mundo”



Alicia Errázquin
[1] Cf. Pardo Sáenz, José María, Bioética Práctica al alcance de todos, RIALP (2004) pp. 27-28.
[2] Los términos fecundación y fertilización son analógicos.
[3] Cfr. Colombo, Roberto, “The process of fertilization and its stages. From parental gametes to a developing one-cell embryo”, XII General Assembly International Congress "The Human Embryo Before Implantation" Scientific Update and Bioethical Considerations, Pontifical Academy for Life, Vatican City, febrero de 2006.
[4] Serra, Ángelo, “La ley del desarrollo del embrión humano revela cuándo “yo” soy “yo””, en “El inicio de la Vida, Identidad y estatuto del embrión humano”, BAC 1999, p24.
[5] Gil Lopes, A., “The pre-implantation embryo between biology and philosophy: the individual being”, XII General Assembly International Congress "The Human Embryo Before Implantation" Scientific Update and Bioethical Considerations, Pontifical Academy for Life, Vatican City, febrero de 2006.

[6] Cfr.López Moratalla, Natalia, Martínez-Priego, Consuelo, “La realidad del embrión humano” texto que corresponde al Cap. 10 de “La humanidad in vitro. Crítica y razón de una ideología”, Ed. Comares, 2002, en www.biblioteca.uandes.cl/doc/realidad.pdf
[7] Ibídem.
[8] López Moratalla, Natalia, Iraburu Elizalde, María J.,”Los quince primeros días de una vida humana”,
EUNSA 2004, p 16.
[9] Idem 7.
[10] Los vivientes unicelulares, como son las bacterias, no se reproducen, sino que se multiplican, se escinden. En una bacteria la emisión de su mensaje genético consiste principalmente en dar una copia idéntica, una réplica de sí, para escindirse en dos. Esto explica porqué cada individuo bacteriano no tiene carácter de único e irrepetible.
[11] Fundamento los conceptos de este apartado en las publicaciones de:
- Bellieni, Carlo Valerio, “L’alba dell “io” Dolore, desiderio, sogno,memoria del feto” Società Editrice Fiorentina, 2004, p 13.
- Della Vedova, Anna, “La vita psichica prenatale: breve rassegna sullo sviluppo psichico del bambino prima della nasita”en http://www.psychomedia.it/pm/lifecycle/perinatal/delved1.htm
- Chamberlain David B., Ph.D. ,“The Fetal Senses” en http://www.birthpsychology.com/lifebefore/fetalsense.html
- Hepper PG., “Fetal memory: Does it exist? What does it do?” Acta Paediatr 1996; Suppl 416:16-20.


[12] Giannakoulopoulos X., Sepúlveda W., Kourtis P., Glover V., Fisk N. M. (1994): “Fetal plasma cortisol and beta-endorphin response to intrauterine needling” , The Lancet, 344, pp. 77-81.
[13] Pardo Sáenz, José María, Bioética Práctica al alcance de todos, RIALP (2004) p.68.