Dignidad humana

31.5.06

En busca de la dignidad olvidada (ensayo breve)

El mundo es una gran afirmación: con su luz y sus astros, con sus colores y sus seres vivos. Esas noches estrelladas que se divisan –en panorámica- ,desde los pueblos, parecen invitarnos a contemplar una antigua leyenda hecha realidad, en la que estamos inmersos. El apasionamiento con el que los niños descubren los nidos de los pájaros en primavera, las tardes aburridas y luminosas de los veranos, la cría de canarios, las Noches de Reyes, y la diferencia fantástica entre el hombre y la mujer son algunas de las trazas maestras de la vida. Toda esta palpitante realidad deja de verse de un modo anodino cuando uno entiende que vive en un mito real. Es entonces cuando la vida personal cobra el relieve de una biografía misteriosamente enraizada en todo el universo.

Sin embargo, vivimos en una sociedad que no tiene mucha capacidad para beber en los pozos profundos del optimismo. El horror de las guerras, los rastros históricos de las bombas atómicas, y las imágenes de las mil y una desgracias diarias parecen haber cubierto de una ceniza densa la visión con la que miramos la vida. El mundo audiovisual, con frecuencia frenético y dislocado, sustituye la visión sencilla y humana de las cosas. Disminuida la fuerza de la contemplación, los hombres nos centramos en producir cosas, en conseguir logros, con una alocada carrera que puede empezar y acabar en uno mismo.

Jardines y estercoleros, multitudes y cementerios, salud y enfermedad, son contrastes severos que, si no son integrados en una unidad de sentido, imposibilitan hacer del mundo un hogar. De esta manera se pretende disfrutar de la vida consumiéndola en sus momentos dulces y despreciarla cuando su horizonte se nos presenta tan atractivo como una fábrica de cemento –espero no ofender a esa noble profesión-.

La buena filosofía –la que nos hace llevar una vida buena- nos descubre que el gozo y el dolor son la cara y la cruz de una misma moneda. El valor de nuestra vida no tiene una verdadera imagen personal sin una cruz. La cruz, a su vez, carece de sentido si no es el reverso de un rostro humano. Tengo la certeza moral de que han existido y existen muchas personas buenas, sencillas, sufridas, en las que el dolor y el amor han sido los colores de una misma bandera. He podido conocer a un buen número de ellas. Se diría que tienen dentro un espíritu activo, “juguetón”. Su buen humor es una de las manifestaciones de su buen amor. Se trata de personas prácticas, encariñadas con la vida y con los suyos, más atentas a la realidad que a sí mismas. Son esa gente sabia que ha aceptado el reto de su vida tal y como viene.

Cuando uno se sabe querido se llena de sentido, y es feliz. Se ha dicho que amar es como decir: “es bueno que existas”. Cuando alguien experimenta esto tiende naturalmente a corresponder, a darse: éste es el espíritu de la vida. La vida, en su profundo significado, solo puede surgir de un amor aceptado, querido y correspondido. El amor verdadero es aquél que da fruto y por el que nos hacemos mejores personas. Los hijos son la encarnación del amor entre el hombre y la mujer. Es cierto que son una consecuencia biológica; pero propiciada, custodiada y querida por un amor materno y paterno que acepta los dolores y limitaciones que esa nueva vida va a provocar. El amor, gozoso, se hace vida contando con el sufrimiento.

La feminidad se supera en la maternidad; así como la hombría en la paternidad. Ser madre es ser más profundamente mujer. Lo mismo le ocurre al hombre respecto a su paternidad. La maternidad y paternidad humanas se miden también, con gran entidad, por una voluntad de tutela, educación y respeto por la vida personal de los hijos, del cuerpo y del espíritu. Se puede hablar de una auténtica maternidad o paternidad espirituales.

Todo este amor familiar requiere de la musculatura de la fidelidad. Levantar paredes es establecer la diferencia entre la vida privada y la pública. Levantar muros en el corazón , para fortificar el amor conyugal y familiar, es promover el dominio de lo personal sobre lo colectivo; el espíritu de la familia sobre el espíritu de la colmena.

El miedo al fracaso del hogar es consecuencia de un error de planteamiento que quisiera ahora exponer. Nosotros captamos, en mayor o menor medida, un sentido del mundo que nos sobrepasa completamente. Aunque la lógica y la prudencia tenga una razón de medio, sólo el amor tiene una razón de fin. Por este motivo la fe, la esperanza y la caridad cristianas, siendo dones de Dios, vertebran, levantan y realizan nuestra naturaleza. Una persona necesita creer en algo más que en lo que “ve”; tiene que esperar en algo más allá de lo previsto; y se siente llamado a amar más y mejor de lo que, en principio, ahora ama. El hombre es un imposible para sí mismo. Ante esto, tiene dos modos principales de actuar: consumirse en su paradójica situación, o lanzar su espíritu hacia la confianza en los demás por Dios, pase lo que pase, recuperando su inmensa dignidad olvidada.
José Ignacio Moreno Iturralde

7 Comentarios:

  • la dignidad humana el significado de esta palabra es el que mas se nos ha olvidado a nosotros los seres vivos capaces de razonar y relacionarnos con los demas debemos interesarnos mas en esto por que creo que hemos olvidado por quien estamos aca en este mundo y cual es nuestra mision

    By Anonymous Anónimo, at 4:02 a. m.  

  • es paradojico como en ocasiones el sufrimiento del ser humano,hace que entienda que el fin de todos es el amor (en latus sensu)y es capaz de manera conciente despues de experimentar el dolor,ofrecerlo sin más espera que el sentirse bien consigo mismo y estar plenamente convencido que ha actuado de la mejor manera, porque se ha negado el mismo la dignidad y libertad,sumergido en su egoismo ha sido incapaz de ofrecerlo puesto que carece de el. es necesario surgir de las cenizas para respetar la dignidad humana.

    By Anonymous Anónimo, at 8:03 p. m.  

  • Hay alguno conceptos equivocados en el breve ensayo. Ve la persona humana desde un plano utópico, irreal,abstracto solo se quiere decir lo que no somos o lo que deberiamos ser y sentir y no lo que somos. Aqui y ahora es más importante en pensar en lo que podríamos ser, con el ser me refiero a lo que los seres humanos somos, podemos ser dignos sin hijos o con hijos y la plenitud no va adosada a la familia (concepto sacralizado?). Se deberia pensar que la dignidad es una construccion personal: Còmo yo decido ser digno y no como los demás quieren que yo sea digno. Lo último me parece que este ensayo quiere decidir "inocentemente".

    By Anonymous Anónimo, at 9:36 p. m.  

  • me parece que noo es con el tema de la dignidad ,,, no se pero tiene que estar metida mas en el tema .... etc .
    es un consejo no un regaño .. mejoren...

    By Anonymous Anónimo, at 2:58 a. m.  

  • la verdad yo estoy en 11 ...
    y me parece que no es con el tema de la dignidad

    By Anonymous Anónimo, at 2:59 a. m.  

  • uii no , esto no tiene nada que ver con dignidad ... gas llave.

    By Anonymous Anónimo, at 2:59 a. m.  

  • putos

    By Anonymous Anónimo, at 3:13 a. m.  

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