Dignidad humana

28.4.06

Política social y límites

Un fuera de juego o un tiro estampado contra el larguero han podido causar la tragedia de muchos equipos de fútbol y el disgusto de su hinchada, pero ahí está la llamada grandeza del fútbol y la gracia del juego. Si el portero pudiera correr las porterías de sitio según las circunstancias y el delantero abatir al defensa con una patada de kárate la finalidad del árbitro pierde su sentido y se acabará en una batalla campal, apasionante quizás al principio, pero con graves consecuencias finales. Si esto ocurre en el mundo del deporte, donde las reglas son convencionales, con más motivo sucede con las normas de la naturaleza. Dicen que Dios perdona siempre, los hombres algunas veces y la naturaleza nunca.

Ciertos límites son, sin duda, opresivos y rechazables, pero la vida está llena de límites que son, sencillamente, la condición de posibilidad de la propia libertad. Romper límites por progresismo es como hacer estallar los diques de contención de una presa. La estética fiereza pasional del agua pasará, en breve, a dejar un inmenso lodazal de inmundicia con muchas víctimas.

Si se asumen los límites de la vida uno se hace tan grande como el mundo pero si se pretende hacer un mundo a la medida del gusto de cada uno la vida termina siendo tan estrecha como uno mismo.

Matar a niños a mansalva en el seno de sus propias madres, congelar embriones humanos, fomentar la plurisexualidad a la carta y decir que los animales son personas son algunas de las rupturas de límites más elementales que está llevando a cabo el actual gobierno de la nación española. Es posible que estas actitudes escondan una aversión al cristianismo que les impida ver algo tan evidente como la diferencia maravillosa entre un hombre y una mujer. La lógica del progresismo está claramente trazada en la trayectoria legal divorcio-aborto-eutanasia. No son leyes hechas para el bien de la mayoría sino dictámenes trazados en función de casos extremos que acaban deformando la sociedad con eficacia. De la falta de fidelidad matrimonial –un lenguaje ya inadmisible en gran parte de la opinión pública- se pasa a la muerte de la vida humana indefensa del no nacido hasta llegar a que el Estado se arrogue la capacidad legal de otorgar permiso para que cese una vida humana física o psíquicamente deteriorada.

De todos modos, las reflexiones anteriores no convencerán a un moderno progresista. Sin embargo hay otro argumento que viene al caso. La ruptura de los límites más elementales de la sociedad es la que ha caracterizado a las más espantosas dictaduras de la historia: el nazismo de Hitler y el comunismo marxista de Stalin; porque es propio de los dictadores entender que el fin del progreso justifica cualquier tipo de medio. Cuando, en breve, comience la presión del gobierno español para legalizar la eutanasia es bueno recordar la película “Yo acuso” con la que Goebbels fomentó algo parecido en la Alemania nazi.

José Ignacio Moreno Iturralde

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