Dignidad humana

29.3.06

Refinada maldad

Relata la mitología griega, que Saturno devoraba a sus hijos según nacían para evitar que se cumpliera el oráculo según el cual uno de ellos le arrebataría el trono. El oráculo se cumplió cuando Rea, no pudiendo aguantar su sufrimiento, al nacer Zeus, envolvió una piedra en pañales, y la tragó Saturno. La cruel escena nos la dejó Goya en un expresivo cuadro. Me ha venido a la memoria al leer una Carta publicada en un diario digital: “Ya no podemos extrañarnos de todos los demás crímenes que sufrimos: si las madres matan a sus hijos, ¿puede extrañarnos que haya hijos que maltraten a sus padres o hermanos que se maten el uno al otro”. ¡Hasta qué límites ha llegado la violencia! ¿Reparamos en que lo peor que está pasando en nuestra época, lo más espeluznante, es la matanza de los hijos en el seno materno y la manipulación y destrucción de embriones humanos, consentido por sus propios padres? ¿Disminuye la maldad porque se destruyan los embriones con fines terapéuticos o se aborte para evitar un posible sufrimiento? Quienes abortan, antes o después, tragan la piedra del síndrome post-aborto, envuelto en remordimientos y depresiones.
No, el fin no justifica los medios. Provocar el aborto y destruir embriones humanos, es lo más monstruoso que podemos hacer. No es ético, ni razonable, sino la esencia de la más refinada maldad, y sus víctimas son la madre y el niño muerto y cruelmente torturado.
Josefa Romo.