Dignidad humana

8.3.06

La revolución animal ya está aquí

Teresa García-Noblejas en ALBA

Peter Singer, australiano y titular de la cátedra de Bioética en el Centro para los Valores Humanos de la Universidad de Princenton (Estados Unidos), fue entrevistado en Babelia, el suplemento cultural de El País (11 de mayo de 2002) con motivo de la publicación de su libro Una vida ética por la editorial Taurus (editorial del supergrupo de Jesús de Polanco, para no salirse del carril del pensamiento único). Esta entrevista constituye uno de los referentes ideológicos del Gobierno español. Y si no, juzguen ustedes mismos.

El citado Singer también es autor de Liberación animal, un libro publicado en 1975 con enorme éxito de ventas. En él afirmaba un verdadero dogma para la confusa mentalidad posmoderna: “Los animales son titulares de ciertos derechos humanos, como el derecho a la vida y a no ser torturados”.
Con estos antecedentes, no puede una extrañarse de sus contestaciones en la entrevista citada. Así, el periodista le pregunta qué opinión tiene sobre clonación con fines médicos y la investigación con células madre embrionarias y el responde, sin cortarse un pelo que “Los embriones no son seres sensibles. No experimentan dolor. Hay miles de embriones excedentes o sobrantes de tratamientos de fertilización in vitro que se conservan congelados en tanques de nitrógeno líquido. No tienen futuro, así que ¿por qué no emplearlos en el campo de la investigación? Esto no va a privarles de ningún futuro porque no lo tienen. (...) Antes prefiero un experimento con un embrión humano excedente que con una cobaya”.

Las ideas de Singer están a punto de hacerse realidad en nuestro país. El jueves 16 de febrero se votó en el Congreso de los Diputados la nueva ley de reproducción asistida. En la España de Zapatero, las cínicas y salvajes ideas de Singer van a ser una realidad con una norma que no viene a satisfacer el deseo de tener hijos, como nos contará, conmovida, la vicepresidenta del Gobierno. La reproducción asistida ya estaba autorizada en España y no era necesario ampliarla porque la producción artificial de seres humanos la realizan numerosas clínicas privadas y públicas. El único objetivo de esta nueva ley es enriquecer a los centros que almacenan cientos de miles de embriones congelados con los que a partir de ahora se podrá experimentar y comercializar sin límite.

Porque el otro gran argumento que ha esgrimido enternecida la vicepresidenta del Gobierno (y si no, al tiempo), es que esta ley también viene a curar enfermedades y a dar esperanza a los atribulados padres gracias a la clonación (terapéutica, no crean; se aprovechan las células y luego se destruyen, no vaya a ser que crezcan y tengamos clones adultos) y la selección eugenésica de embriones.

Pero volviendo a la revolución animal que proclamaba Singer, la nueva ley de reproducción asistida protegerá y financiará la destrucción, selección y experimentación de embriones, aunque les llamen preembriones (la realidad no cambia porque la renombremos). Sin embargo, aquel osado que capture un huevo de avestruz o una cría de lobo o de zorro (aunque sea recién nacida o incluso por nacer, en el vientre materno), por citar algunas especies protegidas, será castigado con la misma pena que si se apropia del animal adulto. Así lo establece la legislación estatal y autonómica de protección de animales. La protección del ser humano desde el momento mismo de su concepción no favorece la biodiversidad, al parecer. Por ello podemos capturar embriones humanos sin temor a ser sancionados.

Este debate, como sabemos, no es nuevo. El recientemente fallecido Johannes Rau, siendo presidente de la República Federal de Alemania, pronunció en mayo de 2001 un histórico discurso. En él recordaba que los diputados alemanes, desde posiciones políticas muy diferentes, habían acordado que en su país no se experimentaría con embriones. Establecieron, además, que, a efectos de protección legal, la vida humana empezaba con la fecundación del óvulo. “Lo cierto – afirmó el presidente alemán - es que la experiencia que vivimos con el nacionalsocialismo y, en particular, con la investigación y la ciencia en el Tercer Reich tiene que desempeñar un papel importante a la hora de formarse un juicio ético: unos círculos científicos desenfrenados se dedicaron a investigar únicamente al servicio de sus objetivos, sin escrúpulos morales.”
La Conferencia Episcopal Española, como voz que clama en el desierto, ha denunciado proféticamente la amenaza que la ley Zapatero de reproducción asistida supone para la vida y dignidad del ser humano. Quiénes son los obispos, dirán algunos, para imponer sus creencias a todos los ciudadanos. Magnífico argumento si no fuera inconsistente; no hablamos de fe sino de razón, de verdad científica, de certeza demostrable. Si dejamos crecer al embrión, se convertirá en un bebe y, posteriormente, en un adulto; si lo destruimos, aunque sea con fines loables, salvíficos y benefactores de la humanidad, le estamos quitando la vida. Así de sencillo. Otro eclesiástico, August von Galen, obispo de Münster (Alemania), también se opuso con coraje al nazismo, en especial a sus experimentos contra enfermos y minusválidos. De ahí el sobrenombre con el que es conocido: el león de Münster.

En definitiva, bienvenidos todos, señoras y señores, al gran negocio de la producción, manipulación y destrucción de la vida humana. Y mientras, la Administración sanitaria se ocupa del gran debate nacional sobre la salud de los ciudadanos: ¿Podemos o no fumar en el balcón de la oficina?