Dignidad humana

15.3.06

Eutanasia y Estatuto catalán

Alfa y Omega

El proyecto del nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña puede abrir la puerta a la eutanasia en esa Comunidad Autónoma, pues en su artículo 20, bajo el título Derecho a nacer con dignidad, se defiende esta práctica al afirmar que «todas las personas tienen derecho a vivir con dignidad el proceso de su muerte».Sin duda, al plantear el tema de la eutanasia y del suicidio asistido, el núcleo de su valoración ética radica en determinar qué debe prevalecer, si la intangibilidad de la vida humana, o la autonomía del paciente para decidir sobre su vida. Pero en este momento no quiero centrar aquí mi reflexión, sino en otro problema que puede acompañar a la legalización de la eutanasia, cual es la eutanasia involuntaria, es decir, aquella que se practica sin el consentimiento del propio paciente. Y a ésta también se le podría abrir la puerta en la Comunidad Autónoma Catalana. Si la eutanasia activa es difícilmente aceptable desde un punto de vista ético, mucho más lo es cuando se aplica a pacientes, generalmente graves, que no la han solicitado. ¿Pero actualmente se practica la eutanasia involuntaria? Lo mejor es comprobar lo que ocurre en los países en donde la eutanasia está legalizada, como son Holanda y Bélgica, o el Estado norteamericano de Oregón, en donde es legal el suicidio asistido. Como muy acertadamente comenta R.J.D. George, profesor de Bioética del Colegio Universitario de la Universidad de Londres, el argumento fundamental en contra de la legalización de la eutanasia es el insoluble conflicto ético entre atender la demanda de algunos pacientes para que les sea aplicada la muerte terapéutica (así llama él eufemísticamente a la eutanasia y al suicidio asistido) y el garantizar que a los incapacitados, los vulnerables, los pacientes con dificultades para comunicarse, no les sean aplicados tratamientos letales, por pensar que es lo mejor para ellos, por lo que la coerción que se ejerce sobre dichos pacientes es un riesgo real difícilmente eludible.

Grave vulneración
De acuerdo con ello, en este momento, la eutanasia se está aplicando de forma involuntaria, cuando no homicida, en ocasiones muy diversas, aduciéndose como refrendo ético de esta actitud que terminar con la vida de esos pacientes puede ser un bien para ellos, aunque ellos no hayan solicitado que se termine con su vida.De acuerdo con este principio ético, en Holanda, la eutanasia se aplica a niños, práctica que ahora se quiere hacer extensiva a los recién nacidos que tengan minusvalías, siguiendo un protocolo propuesto por la Unidad Pedriática del Hospital de Gronningen. También se está aplicando a pacientes con enfermedades psiquiátricas que no tienen capacidad para manifestar su conformidad con que le sea aplicada la eutanasia, e igualmente a incapacitados mentales, todo ello bajo el amparo ético de que aplicarles la eutanasia involuntaria no sólamente es éticamente correcto, sino también legalmente necesario. Pero el aplicar la eutanasia a estos pacientes de forma involuntaria, nada tiene que ver con el respeto a su autonomía, sino que es, precisamente, la más grave vulneración de la capacidad individual de una persona para decidir lo que desea. Y esta eutanasia involuntaria, en el momento actual, se está aplicando en Holanda a uno de cada siete pacientes que son eutanasiados, practicándose también en Bélgica en una proporción parecida. Con independencia de la vulneración de los derechos del paciente, que se da al practicar la eutanasia involuntaria, aún existe otro ataque más grave a los mismos cuando determinados médicos u otro personal sanitario, al amparo de la legalización de la eutanasia, se atribuyen el derecho de decidir sobre la vida de sus pacientes sin el consentimiento de éstos. Sin duda, el caso más conocido, aunque hay otros muchos, es el doctor Shipman, condenado por quince homicidios demostrados en otros tantos de sus pacientes por practicarles la eutanasia, aunque se supone, con razonable verosimilitud, que terminó con la vida de otros 235. Actitud que, seguramente en un ataque de irreprimible culpabilidad, le llevó a suicidarse en su celda.
Posiblemente una de las acciones más demostrativas de cómo puede aplicarse la eutanasia involuntaria es el acaecido en estos días en Nueva Orleáns, con motivo del huracán Katrina, en donde diversos médicos de un hospital de esta ciudad aplicaron la eutanasia a varios de sus pacientes, dado que no tenían tiempo disponible para atenderlos, por lo que estimaron más ético terminar con la vida de algunos de ellos para así poder atender mejor a otros. ¿Es posible que esta actitud tan opuesta al deber más elemental de un médico se practique de forma más generalizada? Parece de interés recordar que, en una de las últimas encuestras llevadas a cabo en Holanda en relación con la práctica de la eutanasia, un 15% de los médicos entrevistados manifestaron que habían aplicado en alguna ocasión la eutanasia por razones económicas, algo que sin duda sólo puede ser entendido a la luz del más exacerbado utilitarismo, bajo cuyo amparo un bien económico se pueda anteponer a un bien tan intangible como es la vida humana.Sin duda, con unas campañas mediáticas bien orquestadas, como es el caso de Cataluña, la opinión pública de esta Comunidad Autónoma podría llegar a manifestarse favorable a la eutanasia, lo que no invalida, como comenta el profesor Torbjörn Tännsjö, del Departamento de Filosofía de la Universidad de Estocolmo, que «la gran mayoría de los médicos y políticos de los países occidentales se manifiesten opuestos a legalizar la eutanasia», algo que, al parecer, no importa mucho a los redactores del Estatuto de Cataluña, que al promover allí la legalización de la eutanasia están abriendo la posibilidad a que, como ha ocurrido en los dos países en los que se ha legalizado, se pueda estar también dando carta de naturaleza a la eutanasia involuntaria.
Justo Aznar (Jefe del Departamento de Biopatología Clínica del Hospital Universitario La Fe, de Valencia).