Dignidad humana

2.3.06

Con las víctimas del aborto

¿Nos hemos parado a reflexionar sobre el aborto? Se trata de vidas de niños a los que hemos segado su vida, y de sus madres, víctimas muchas de ellas, que arrastrarán el síndrome post-aborto y una gran desilusión. Les hemos robado el futuro en centros a los que llaman clínica. ¿Clínica? ¿Qué se cura allí? Acuden madres apuradas con niños sanos en su vientre, y salen sin saber nada de ellos, con peso en la conciencia y dolor fuerte en el corazón. Decía, hace cosa de un mes, Esperanza Puente ( Pta. De la Asociación de Víctimas del Aborto), en un programa de la TV2 y antes en Carta al Director : “Hemos sido sometidas a la más miserable manipulación: la no información de lo que le va a pasar a nuestro hijo y a nosotras tras el aborto o interrupción del embarazo... No hay derecho al aborto: interrumpir el embarazo te destroza la vida”. La ciencia, la técnica y la humanización no corren parejas: se difunden ideologías que hacen que el hombre pierda el respeto al ser humano, como si éste fuera un animal más; peor aún: si destrozas un huevo de cigüeña te penalizan y te cuesta los dineros; si matas al hijo de tus entrañas antes de nacer, te aplauden por moderna, desinhibida y progresista. ¿No es el hombre sin amor, el peor animal, pues se revuelve contra los de su especie y sangre?
Me rebelo ante la soberana injusticia de que se mate al hombre con pocos días, meses, horas, semanas en donde debería estar seguro. No les arrebatemos su futuro, preñado de posibilidades. Respetemos el don de la vida. Si ha habido alguna equivocación o culpa, no será, ciertamente, del inocente. Hay que implicarse en el cambio de la ley injusta del aborto, la mayor causa de muerte en España, por encima del terrorismo, de los accidentes de tráfico, de las enfermedades cardiovasculares... Esta generación de la ciencia y la técnica, ¿deberá pasar a la historia como la de la mayor degeneración moral? Cada día, 200 niños pierden la vida en nuestro país en centros abortistas, y otros muchos con pastillas que les hacen morir de hambre (RU 486); o por la PDD (píldora del día después), que les impide implantarse en el útero materno. Llamados a la felicidad y sin móvil, nos envían este mensaje: «¡Estoy aquí, quiero vivir, quiero reír, amar y poder ser un día amado”.
Josefa Romo