Dignidad humana

15.2.06

EEUU: Más de cienmil marchan por la vida, sobre todo jóvenes

María de las Nieves Freira

La Marcha por la Vida que tuvo lugar el pasado 23 de enero del 2006 en Washington, DC fue la prueba viva de que el Señor no nos abandona y que el Espíritu Santo sigue suscitando en el mundo y en la Iglesia los carismas necesarios para cada tiempo.

100.000 personas, jóvenes y ancianos, blancos y negros, católicos, protestantes, ortodoxos y gente de buena voluntad, laicos y religiosos, respondieron a la convocatoria y se dieron cita en Washington, DC, para celebrar la vida y marchar frente al Capitolio, manifestando “justicia para todos, nacidos y no nacidos”.

Después de haber repasado en días previos la historia de EEUU a través de los distintos memoriales que adornan la hermosa ciudad, tuve la sensación de ser parte de un paso histórico: tras numerosas luchas, primero para abolir la esclavitud, luego para admitir el voto femenino, más adelante por los derechos civiles, hoy, desde distintos puntos del país, surge el clamor por acabar con una decisión del Tribunal Supremo que en 33 años ha llevado a la muerte a 46 millones de inocentes.

Para una uruguaya acostumbrada a que las personas provida son los “nuevos leprosos de estos tiempos”, ver cómo el carisma provida ha prendido en EEUU y sobre todo entre los jóvenes, es un canto de esperanza.

Fue conmovedor escuchar el testimonio de mujeres que han sufrido un aborto y sus dolorosas consecuencias, y han decidido elevar sus voces para evitar que otras mujeres pasen por lo mismo; así como fue reconfortante ver gente venida de todos los puntos del país en peregrinación.
Me conmovió en especial la gran cantidad de jóvenes, futuro y esperanza de nuestros pueblos, y la emoción con que expresan su convicción y guían grupos provida en sus propias universidades y colegios. Ellos hacen de ésta, su fiesta, ya que el fin de semana previo realizaron un congreso provida en la Universidad de Washington, DC, a donde llegaron en autobuses y a donde son acogidos durante toda la estadía. Participaron luego de la Vigilia el domingo de noche, culminando con una gran Misa juvenil a las 10 de la mañana, en un estadio. De allí salieron para la Marcha, donde expresaron toda su alegría y creatividad en carteles con slogans originales, como aquel que decía “El aborto destruye un corazón y lastima otro”.

Y junto a los jóvenes, los pastores, obispos y sacerdotes, compartiendo el frío y la inclemencia, la alegría y la esperanza. E incluso políticos que, exponiéndose al escarnio de los medios, se juegan por la vida. ¡Cómo no dar gracias a Dios!

La noche previa se organizó una Vigilia en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, Patrona de EEUU. Allí la Iglesia unida celebró al Dios de la Vida. Dicen los que saben que había más de 6.000 personas. Una hora antes ya se hacía difícil encontrar un lugar tan sólo para estar de pie. Los pasillos estaban llenos, la cripta subterránea también estaba llena de sobres de dormir de los jóvenes que pasaron la noche en oración, en medio de innumerables altares laterales dedicados a las distintas advocaciones de nuestra Señora, que como siempre acompaña nuestra oración. Allí en ese tiempo y en ese lugar, juntos pedimos por el triunfo de la vida.

Para quien como yo viene de un lugar tan secularizado, fue conmovedor constatar la presencia de tantos obispos y sacerdotes de todo el país unidos: 6 cardenales, 50 obispos y más de 300 sacerdotes y diáconos; baste decir que ¡la procesión de entrada duró 25 minutos! Igualmente emocionante fue escuchar la homilía del Cardenal Keeler. ¡Y hasta tienen un plan pastoral de la Conferencia Episcopal específico para actividades provida!
He podido constatar que el movimiento provida es algo que trasciende nuestra realidad de Latinoamérica y que nuestra organización Vida Humana Internacional es un movimiento pujante en todo el mundo, signo de nuestros tiempos, regalo del Señor para su pueblo. Y aunque la prensa en su mayoría prefirió ignorar esta manifestación y no dio cuenta de ella, este movimiento floreciente es imparable, porque no se puede parar al Espíritu Santo.

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