Dignidad humana

11.1.06

Unos padrazos

Si mi amigo lee esta carta probablemente se enfadará. Hace pocas semanas cenaba con varios matrimonios. Mi amigo y su mujer hablaron con gran naturalidad de que al día siguiente tenían que estar en un acto escolar de un ahijado suyo. Poco a poco empezaron a multiplicarse los compromisos con sus ahijados. También se relató, de modo rápido, y con un optimismo que parecía de otro planeta los frecuentes hospedajes en su casa de hijos de amigos suyos, cuando éstos tenían que ausentarse por motivos laborales. Entonces recordé lo que la Iglesia recomienda a los matrimonios que no pueden tener hijos: dedicar su tiempo a los hijos de los demás. Lo había escuchado varias veces, pero nunca lo había visto hecho realidad. Salí con la plena convicción de que mi amigo y su esposa eran unos padrazos. Tal vez a ellos les dé algo de corte que se publique esta noticia, pero pienso que merece la pena correr el riesgo.

José Ignacio Moreno Iturralde.