Dignidad humana

18.1.06

Legislación y práctica del aborto en España. La respuesta de la vida.

Quisiera en estas líneas hacer un breve síntesis sobre el cumplimiento de la ley española en materia de aborto y ofrecer algunas sugerencias. El artículo 15 de la Constitución Española afirma que “Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral” Tras la despenalización del aborto en algunos supuestos, el Tribunal Constitucional español -en abril de 1985- sentenció que el feto humano estaba protegido por el Estado y, al mismo tiempo, no era sujeto de derechos. Por tanto, desde un punto de vista legal, tal sentencia anula el artículo 15 de la Constitución para los que van a nacer.

Respecto al Código Penal español su artículo 145.1 dice:”El que produzca el aborto de una mujer, con su consentimiento, fuera de los casos permitidos por la ley, será castigado con la pena de prisión de uno a tres años e inhabilitación especial para ejercer cualquier profesión sanitaria, o para prestar servicios de toda índole en clínicas, establecimientos o consultorios ginecológicos, públicos o privados, por tiempo de uno a seis años”. En el artículo 417 bis se exponen los casos excepcionales o supuestos en los que está permitido el aborto. El segundo supuesto es el caso de violación; se podrá abortar hasta las doce primeras semanas. El tercero contempla el caso de graves taras físicas y psíquicas en el feto, dando un plazo hasta las veintidós primeras semanas. Enuncio a continuación el primer supuesto pues es al que se acogen la inmensa mayoría de los abortos procurados: “Que sea necesario para evitar un grave peligro para la vida o a salud física o psíquica de la embarazada y así conste en un dictamen médico de la especialidad correspondiente, distinto de aquel por quien o bajo cuya dirección se practique el aborto. En caso vital para la gestante, podrá prescindirse del dictamen y del consentimiento expreso”. Obsérvese que en este supuesto no se pone ningún plazo en el tiempo de gestación.

Prescindiendo ahora de una valoración ética de esta legislación, cualquiera que la lea con una mínima honestidad entiende el espíritu de la ley que mueve a formularla: se trata de casos graves y excepcionales. Sin embargo, lo que de hecho viene ocurriendo es que son los propios médicos de las clínicas abortistas los que expiden el dictamen necesario para aplicar el primer supuesto; es decir: el dictamen se convierte en un formulismo vacío y mecánico. Alguna clínica ha declarado que el mero deseo de no tener el hijo por parte de la gestante es motivo suficiente para que ellos practiquen el aborto.

Quisiera recordar que estamos hablando de un delito de homicidio, despenalizado en algunos casos extremos y que la Administración de varios gobiernos de la democracia española, durante años, no ha tenido voluntad de velar por la aplicación de una ley que pretende proteger algo tan importante como vidas humanas en estado de gestación. Con los datos de los abortos practicados en 2004 en España, sin conocer los de 2005, la cifra asciende a más de novecientosmil.

Una ley tan importante como burlada acaba generando una mentalidad distinta y lo que era un delito despenalizado en algunos casos quiere presentarse ahora como un derecho. En este empuje a favor del derecho a abortar confluyen varios factores. Algunos de ellos son los que pertenecen a sectores de opinión influyentes que desvinculan sexualidad de maternidad, al lucro de las clínicas abortistas, e incluso a motivos geopolíticos de control de la natalidad. Es llamativo observar, por ejemplo, la auténtica bandera pro-aborto que está llevando y difundiendo la ONU por todo el mundo en perfecta sintonía con multinacionales de la planificación familiar como la IPPF norteamericana.

Los que consideramos que todo nasciturus es un individuo de la especie humana y, por tanto, merecedor de todo el respeto y máximamente inocente, nos fijamos en evidencias biológicas que otros, por su ideología, no quieren aceptar. La simple visión de fetos masacrados por el aborto no resiste la convicción de que esto pueda ser un derecho de la madre sobre una peculiar parte de su cuerpo. Considerar que se es humano no por hacer actos de hombre sino por tener capacidad para hacerlos no es sólo defender a los embriones sino a cualquier adulto con discapacidad severa. Los que queremos defender la vida humana en todo momento, también en sus estadios de mayor indefensión, sostenemos el presente y el futuro de la dignidad de todo ser humano, base de toda legislación civilizada. Así lo reconocen también públicamente personas que abortaron y han sufrido y sufren las secuelas físicas y psíquicas del aborto. Sabemos que en España, y en muchos otras lugares del mundo, la ofensiva abortista va a más. En esta coyuntura pienso que conviene valorar el propio ejemplo como algo muy valioso y significativo en si mismo. Podemos recordar que en España, paradójicamente, se da el mayor porcentaje de familias numerosas. Cada persona, a su nivel, puede fomentar una cultura de la vida e implicarse con responsabilidad en las organizaciones que vea más adecuadas. Considero también que sería de oportunidad estratégica la convocatoria masiva, en breve, de una manifestación general que defienda la dignidad del ser humano concebido y no nacido; exigiendo que se derogue una ley que se ha cobrado cientos de miles de criaturas humanas. Existen foros con experiencia y capacidad para llevar a cabo estas concentraciones que ya han declarado la posibilidad de tal convocatoria.

Hijo, madre, padre: No se trata de una convención cultural sino de la misma esencia de la humanidad. La batalla de paz por la vida no ha hecho más que comenzar; vamos ganando y vamos a ganar, con todo respeto a las personas partidarias del aborto. La cultura de la muerte se basa en dos palabras: yo y no. La cultura de la vida en otras dos: tú y si. Ilusión, tenacidad, inteligencia dedicación y convicción en la fuerza de tan noble causa son los pilares de una cultura renovada que empieza por uno mismo y acaba en los demás; en este caso en las vidas humanas más desprotegidas.


José Ignacio Moreno Iturralde