Dignidad humana

5.11.05

Una idea abierta de nación

Hubo un tiempo en que para definir las cosas se miraba al diccionario. Hoy se prefiere una iluminación interior para establecer un concepto y así, buceando en mi interior, deduzco que una nación es un lugar donde se nace. La conclusión tiene una luz muy discreta que, sin embargo, puede llenar el vacío de claridad. Un lugar donde se nace es un lugar donde hay una madre y, con frecuencia, suele haber también un padre. Esta familia tiene una tierra o un suelo, donde reciben las visitas de los familiares y amigos; personajes que provienen de una geografía más o menos cercana. En una geografía se establece una economía y un sistema de comunicaciones. Es decir: desde una comunidad familiar es desde donde se puede comunicar algo de valor humano al mundo.

Lo paradójico es que hoy parece que se han invertido los términos. Más que comunicar algo de interés se comunican intereses. El interés pasa a constituir la esencia del entramado social y de la economía; al tiempo que las demarcaciones geográfícas se hacen más frágiles y volátiles. Otra impactante consecuencia es que la familia se desdibuja y se quiebra porque la familia es el lugar más desinteresado y, por esto, el más humano y digno. Al desmoronarse la familia hay muchos menos nacimientos, y con esto va muriendo una nación. No todo es así; pero el proceso de descomposición ha avanzado.

Pienso que ocurre algo importante que está completamente olvidado: sólo desde el nacimiento y la familia se puede constituir una nación, más o menos flexible en su geografía, y más y más fuerte en su solidaridad. Los intereses que se llaman nación no nacen, se producen: son un producto comercial que para colmo de absurdo puede ser muy poco rentable.

En la película “Vencedores o vencidos”, que refleja los juicios de Nüremberg de 1948, el juez Dan afirma:”una nación no es una roca; tampoco es la prolongación de uno mismo. Una nación es la causa que defiende, cuando defenderla es lo más difícil. Ante los pueblos del mundo permítanme que manifieste lo que defendemos: justicia, verdad, y el respeto que merece toda vida humana”.

Una casa no se reduce a sus cimientos; pero sin ellos no es un hogar sino una trampa, un fraude. El respeto a toda vida humana y el apoyo legal y social a la identidad y desarrollo de la familia natural, fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, son hoy la causa más apremiante; porque constituyen las coordenadas de la esperanza y de la alegría humanas.

José Ignacio Moreno Iturralde.