Dignidad humana

12.11.05

Ser


Otear banderas de victoria desde las mazmorras de un cáncer terminal no suele ser algo que se improvise. Quizás haga falta haberlas visto antes, en otra perspectiva, desde una merienda campera familiar. Los reverberos de luz se proyectan tanto en las aguas azules como en los charcos de fango. En ocasiones hasta la luz se va y acontece la tormenta con sus eléctricas luces de muerte. Pero más arriba sigue habiendo otra luz constante y serena. En nuestra vida hay sombras y luces pero por muy densas que sean las primeras siempre se deben a las segundas. El mal es la pesada falta de peso del bien, del orden, de la luz. En este juego de contrastes el rumbo de lo que verdaderamente es apunta hacia la claridad, por tenue y estrecha que pueda aparecer. Toda suerte de desgracias no son más que una cosificación pasajera de algo no definitivo, no totalmente verdadero. El negativo de la foto de la existencia es el que vemos con frecuencia, pero sólo revelándolo encontramos la nitidez y la precisión de los colores.

Todo lo que participa en el ser contiene una verdad que remite a otra mayor. En el hombre existe una verdad personal; es decir, una verdad que es capaz de ser amada y de amar. Spaemann dice que amar es decir: “es bueno que existas”; por esto existimos. El amor es la única actividad que es en sí misma un fin; por eso es eterno. El amor nunca pasa y si pasa no es amor.

José Ignacio Moreno Iturralde

3 Comentarios:

Publicar un comentario

<< Home