Dignidad humana

25.9.05

Una enseñanza que fomente la cultura de la vida

-¿Qué contenidos educativos son vitales para una educación en la cultura de la vida? –Toda asignatura planteada con competencia y dimensión de servicio a los demás y a la sociedad tiene un valor para la cultura de la vida. Es claro que todas las cuestiones éticas y morales, así como la biología –especialmente la humana- son de especial interés.

-¿Y la religión? –Es una asignatura clave para estudiar la armonía entre las ciencias humanas y la fe religiosa. En España se está marginando el estudio de esta asignatura que un 80% de los padres quieren para sus hijos. El gobierno español de 2005 no parece que vea en la Religión –especialmente en la Católica- un aporte al bien común social. Por esto, amparado en una laicidad del Estado, considera que estudiar esta asignatura –recordemos que ha sido siempre optativa durante la democracia- en equiparabilidad con las demás es una intromisión de la Iglesia en el ámbito civil.

-¿Y no puede serlo? –Pienso que hay que partir del siguiente planteamiento. Son los padres, como ya hemos dicho, los primeros educadores de sus hijos. Los colegios e institutos están para ayudar a las familias. La mayoría de familias españolas quieren que sus hijos aprendan una Religión Católica que profundice en los conocimientos religiosos que sus hijos puedan adquirir en la parroquia. De este modo el profesor de Religión es un enviado acreditado de la comunidad eclesial para prestar un servicio social, de acuerdo con el orden legal vigente. Lo que ocurre es que hay gobiernos, como el socialista español actual, que tienen un planteamiento estatalista de la educación. Es decir: el Estado adquiere, de hecho, el papel de protagonista en la educación violando el orden natural de las cosas. A esto se une que el gobierno se muestra hostil a los valores religiosos porque éstos enseñan una visión del hombre y de la familia distinta a la que ellos consideran adecuada. La consecuencia es marginar todo lo posible el estudio de la asignatura de Religión.

-¿Se puede fomentar una cultura de la vida al margen de la religión? –Quisiera aclarar antes una cosa: el hombre es un ser naturalmente religioso como demuestra el estudio de la historia de las civilizaciones y la vida misma. Es verdad que se ha extendido el agnosticismo; pero una gran parte de la población se declara hoy creyente. Lo que quiero decir con esto es que la religión no es un pegote cultural ajeno a la naturaleza humana sino una realidad muy viva en la persona. Lógicamente hay un derecho inalienable a la libertad de religión o a no tener ninguna. Desde estas consideraciones la defensa de la vida humana es sostenible desde cualquier religión digna del hombre y desde una postura agnóstica. Ver un vídeo sobre lo que es un aborto y reconocer que se trata de una barbaridad no requiere grandes convicciones religiosas; como no las requiere repudiar un asesinato.
-¿Y respecto a la familia? –El admitir que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer que pueden tener hijos parece bastante asequible para todo el mundo; se trate de creyentes o no creyentes. También lo es el hecho de reconocer que la estabilidad matrimonial es un bien para los miembros de la familia y para la sociedad. Sin embargo, no es esto lo que vemos y escuchamos en muchos medios de comunicación, ni en bastantes parlamentos, ni en organismos internacionales como la ONU. A la hora de la práctica, especialmente en la cuestión familiar, las convicciones religiosas y morales pesan mucho. Todos los factores analizados en el capítulo Geopolítica antinatalista nos pueden dar una idea de cuáles son los factores actuales que hacen que pesen tanto ideas que son claramente contrarias a la naturaleza humana. También allí hablamos de motivos para la esperanza.

-¿Qué otras características debe tener a tu juicio una enseñanza para la cultura de la vida? –El ejemplo personal de amor a los demás y al mundo. Sin ingenuidades, transmitiendo las cosas tremendas que ocurren y las cosas maravillosas que nos sustentan todos los días. En este sentido considero de gran importancia una sólida formación filosófica que aborde con profundidad cuestiones metafísicas, morales, antropológicas y sociales. Ser optimista respecto a la vida no es sólo una opción subjetiva de verano o de fin de semana. Requiere un conocimiento profundo de la realidad y de uno mismo. Consolidar el sí y el tú como motores de vida es posible, deseable y, en muchas ocasiones, divertido.


José Ignacio Moreno Iturralde