Dignidad humana

24.9.05

Querer y saberse querido

Nadie da de lo que no tiene: para querer hay que saberse querido. Con relativa frecuencia los delincuentes juveniles proceden de familias rotas o mal avenidas. Sin la seguridad de saberse querido no se puede forjar una identidad estable. Tener un padre, una madre y unos hermanos que se quieren, con los inevitables roces de la convivencia e incluso con disgustos, es una guía insustituible para la vida.

-Entonces, ¿por qué hay tanta crisis familiar? –Porque ser generoso cuesta mucho cuando faltan motivos de peso. Una vez escuché a mi padre una frase que nunca se me olvidará: “el amor nunca pasa y si pasa no es amor”. Pienso que hay que meditarla con profundidad.

-¿Nos introduce lo que has dicho antes en una dimensión religiosa? –Probablemente si. Quiero adelantarte una aclaración. Actualmente se ve la dimensión religiosa como algo puramente subjetivo y opcional, pero no es así. Cuando un hombre prescinde de su relación con Dios se está infravalorando a sí mismo.

-¿No podría estarse valorando al máximo? –Así puede parecer en un principio, pero no es verdad. Una autonomía radical, que solo tiene que dar cuenta ante sí misma, no es satisfactoria porque nadie es buen juez en causa propia. El problema de la autonomía radical es que termina por autojustificar cualquier cosa, como el nazismo de Hitler o el comunismo de Stalin.

-Entonces, ¿es obligatoria la dimensión religiosa? –Existe un derecho inalienable a la libertad de religión, siempre que esa religión respete derechos fundamentales del hombre. La religión no se puede imponer; pero tampoco se puede imponer la desaparición de la religión de la esfera social, como pretenden las legislaciones laicistas. Profesar públicamente una religión enriquece la democracia, no la devalúa. La religión nos introduce en el mundo de los imperativos morales absolutos, como la tan proclamada y, al mismo tiempo olvidada, dignidad de la persona humana.
-¿Y qué tiene que ver la religión con el saberse querido? -Ser su principio último. Si los demás me niegan su ayuda, pese haberme dado a ellos, un hombre religioso no sentirá traicionado el sentido de su vida de un modo absoluto. Los demás por los demás no es un motivo suficiente para la realización personal. La pura filantropía no explica las injusticias y crímenes de tantas personas inocentes.

-¿Pero no es la religión una cuestión de fe, de don divino? –Sólo este tema ha dado para muchos libros. Una preparación filosófica nos hace caer en la cuenta de cuestiones como que para que haya verdades parciales es necesario que exista una verdad absoluta. Quiero decir que hay una serie de elementos racionales y morales comunes a contenidos de la religión, a los que puede llegar la recta razón. Otra cuestión sería, por ejemplo, saberse querido por Jesucristo y reconocerle como Dios y como hombre; indudablemente para esto hay que tener fe. También quiero decir que, como ha escrito Lewis, “lo más alto no se sostiene sin lo más bajo”. Sin cultivar las virtudes humanas como la justicia y la solidaridad no se es, por ejemplo, un buen cristiano.
-Cambiamos de tercio: ¿Cuál es el valor de la amistad en un mundo con tantos intereses? –Lewis tiene un magnífico libro titulado “Los cuatro amores” en que nos habla de la amistad. Entre otras cosas nos dice que cada amigo me revela parte de mi yo. Es como si cada amigo detonara parte de nuestra personalidad. Tomás de Aquino explica que las victorias de nuestros amigos son de alguna manera nuestras. Un hombre con muchos amigos es verdaderamente rico, aunque su sueldo sea modesto, porque su vida es intensa y profunda. Jesús Urteaga, prolífico escritor, dijo en alguna ocasión que no hay que tener pocos amigos y buenos; sino muchos y malos. Es algo más que una broma; se trata de saber escuchar, de ponerse en el lugar del otro –aunque no se tenga mucho trato con él- para ver qué es lo que necesita. Si aprendiéramos a vivir así aprenderíamos a querer y a sabernos queridos, porque los demás agradecen esa disposición ante la vida.

-¿Qué obstáculos más importantes ves a la hora de tener amigos? –Está claro que el egoísmo y la envidia. Me parece importante pararse a pensar sobre la envidia porque es difícil reconocerla en uno mismo. Es cierto que esto ocurre con todos los defectos y en especial con el orgullo prepotente que hace insoportables a algunas personas. La envidia es un enfoque que nace del egoísmo y del orgullo: se trata de una serpiente insidiosa que está siempre pronta a lanzarse sobre cualquier logro ajeno. Entre otras muchas cuestiones de las que podríamos hablar me referiré por último a la falta de compromiso con la palabra dada. Sin fuerza de voluntad para cumplir los compromisos con nuestros amigos nos quedaremos sin compromisos, pero también sin amigos.
José Ignacio Moreno Iturralde