Dignidad humana

25.9.05

Los hijos

-¿Cómo interpretas los datos que has dado antes? –Existe un extenso sector de la población –casi una cuarta parte- que asume vivir con las alegrías y las cargas de una familia numerosa y un poco más de tres tercios que no están en esa situación.

-¿El hecho de tener muchos hijos no puede ser una falta de paternidad responsable? –Teresa de Calcuta, a quien me enorgullece citar, decía que para que una paternidad sea responsable primero tiene que ser paternidad. Se está olvidando aquello de que cada hijo viene con un pan debajo del brazo y, sobre todo, la magnitud formidable de hacer nacer a una criatura. Las situaciones personales son muy diversas y cada uno es libre de tener los hijos que quiera. Lo que resulta hiriente es ver como se critica a matrimonios que quieren tener muchos hijos. También quisiera recordar que la pirámide de población española se está haciendo muy inestable y que caminamos hacia una sociedad geriátrica si no cambiamos de postura. Veamos datos del Instituto de Política Familiar: En España, en 1961 había, entre niños y niñas menores de cinco años, cerca de 3.200.000; en 2001, entre niños y niñas de la misma edad, hay unos 2.000.000. La pirámide de 2001 tiene el progreso de aumentar la esperanza de vida, pero es una pirámide envejecida donde la base es bastante más inestable. Otro dato sobre España: En 1991 había 9.684.624 menores de 14 años y 4.236.725 mayores de 65 años. En 2001 los menores de 14 años son 5.932.470 y los mayores de 65 son 6.964.267.
-En relación con la fertilidad quería preguntarte:¿En qué se diferencia el uso de preservativos de los medios de regulación natural de la fertilidad? - El matrimonio, por naturaleza, está abierto a la vida. Negar las fuentes de la vida es antinatural y contrario al cristianismo. Lo que ocurre es que marido y mujer, por motivos graves, pueden ponerse de acuerdo en hacer uso del matrimonio, temporalmente, en periodos infecundos de la mujer. Esto es posible gracias a los medios naturales de regulación de la natalidad. Si, a pesar de esa medida, la mujer quedara inesperadamente embarazada –cosa no imposible-, los cónyuges aceptan la maternidad y paternidad correspondientes. El uso del preservativo, que hoy se emplea masivamente, supone separar de raíz la sexualidad de la procreación, alterando la naturaleza de las personas. Para quien no tenga prejuicios, existe un interesante tratado de moral sexual –que aborda con profundidad estas cuestiones- de Karol Wojtyla, antes de que fuera nombrado Juan Pablo II, titulado “Amor y responsabilidad”.

-¿Por qué entonces se usan tan poco los medios naturales de regulación? –Supongo que por falta de formación antropológica y ética. Utilizar preservativos es sencillo y se emplean, desconociendo que con un poco de información los medios naturales son igualmente sencillos. Pero lo más importante es entender la diferencia moral entre unos y otros.

-¿Qué suponen, en tu opinión, los hijos en el matrimonio? –El fruto encarnado del amor. Un proyecto común para la esposa y el esposo. Un gran motivo para vivir. Son además una fuente de superación personal que demuestra la grandeza de la que es capaz el ser humano. Cualquier padre o madre, medianamente honrados, hacen los sacrificios que sean precisos por ayudar a sus hijos.
-¿Te parece un serio obstáculo la vida profesional actual para la atención de los hijos? –Puede serlo si no se ponen los medios. Debe ser bastante triste para un chaval llegar a casa por la tarde sin que le abra la puerta ni su madre ni su padre. Pedirle que se ponga a estudiar en esas condiciones es duro. Un padre, como hacen muchos, tiene que dedicar a sus hijos un buen rato al día, y –por supuesto- una madre. No hay tiempo mejor empleado. Una posible solución interesante puede ser la asistencia de los chicos a clubes juveniles por la tarde. Se trata de realidades muy diversas que fomentan el apoyo al estudio así como otras actividades deportivas o ecológicas. En clubes de inspiración cristiana pueden recibirse además, si se desea, clases de virtudes humanas y cristianas. Me he refiero a esta cuestión porque no se trata simplemente de llenar la tarde de actividades –cosa que no está mal- sino de fomentar el rendimiento escolar y la propia personalidad de los chicos y chicas que libremente quieran asistir a estos lugares de cultura y solidaridad.
-¿Qué problemas te parecen de mayor entidad para la educación de los hijos? –En la calle y en la televisión, junto a cosas estupendas, se respira mucha chabacanería. Me parece de interés transcribir una cita de un artículo de Rafael Navarro-Vals, publicado el 23 de marzo de 2001 en el diario El Mundo. Aborda temas amplios que enmarcan mejor cuestiones más domésticas: “Según datos muy recientes del Foro contra la Violencia de la Mujer, el número de víctimas mortales de la violencia sexista en España se ha triplicado el último año. El informe publicado por el Foro de Población de la ONU anota que una de cada tres mujeres en el mundo sufre malos tratos o abusos sexuales. Un serio estudio sociológico promovido por Comisiones Obreras concluye que una de cada seis trabajadoras españolas sufre acoso sexual. La publicidad sexista ha generado, en el último año en España, casi 400 quejas: un 12% más que el año anterior. El más reciente informe del INE en España detecta una subida alarmante de los delitos sexuales: entre otros datos se destaca que, desde 1992, al menos 26 jóvenes han sido asesinadas con abuso sexual previo…Según Manos Unidas, un millón de niños y adolescentes entran cada año en el negocio de la prostitución. El Tribunal Penal Internacional para Yugoslavia acaba de calificar, por primera vez, los asaltos sexuales como crímenes contra la humanidad. En fin, hace unos días el delegado del Gobierno de la Comunidad de Madrid declaraba que, si durante el año 2000 en la región los delitos en general bajaron una media del 5,53%, el número de agresiones sexuales se han duplicado sobre el año 1999”. Respecto a la influencia de los medios, dicho artículo afirma: “En Italia, con unos datos muy parecidos a los españoles, un grupo de padres fueron invitados para visionar una antología de la tarde televisiva de sus hijos. Al terminar la sesión, algunos sufrieron trastornos circulatorios y los más manifestaron una dolorosa incredulidad. Habitualmente no veían la televisión con sus hijos. Según Ettore Bernabei, de la Internacional Family Foundation, la patología televisiva a que puede dar lugar este bombardeo de imágenes sería peor que los efectos de un artefacto nuclear de la serie N. Este destruye los cuerpos, pero deja intactas las cosas inanimadas. Cuando la adicción televisiva se convierte en patología no es difícil la progresiva erosión del espíritu, aunque queden incólumes los cuerpos”.

-¿Qué hacer? –Estar al tanto. Es absurdo tener la televisión puesta a todas horas. Hay chicos que ven tres horas de televisión al día, emplean otras dos en videojuegos y algo más para internet. Dejar que esto ocurra es el mejor modo de intentar que los hijos acaben en el zoológico. Todas estas realidades técnicas son estupendas, si se emplean unos medios éticos al nivel de las circunstancias. Se debe hacer una selección televisiva. Internet tiene que tener un horario y un filtro de garantía para los hijos. Conviene saber con qué amigos y a que sitios de diversión van nuestros hijos. No se trata de ser detectives pero la ingenuidad de algunos padres es notable. Respecto a la mejora del ambiente social hay algo que es de extraordinaria importancia: el asociacionismo familiar. Pienso que por primera vez en la historia, España ha demostrado recientemente -en la calle- una vitalidad poderosa en la historia, España ha demostrado recientemente -en la calle- una vitalidad poderosa en la defensa de los valores familiares. No se ha debido a los poderes públicos, que consciente o inconscientemente, están emprendiendo acciones que suponen un ataque a la familia como nunca había ocurrido. Se debe a las asociaciones de familia decididas a reivindicar una legislación más justa a sus legítimos intereses, que son los que sostienen a la sociedad.

-¿Algo más? –Sí. Querer a los hijos es darles ejemplo. Sin ejemplo no hay manera de entender. Es importante escucharles, ponerse a su altura, recordar como éramos nosotros a su edad –con qué frecuencia se nos olvida-, exigirles con cariño, tenerles cortos de dinero, no sermonearles demasiado –más hechos y menos palabras-, y tener confianza en ellos.
José Ignacio Moreno Iturralde