Dignidad humana

25.9.05

La cuestión religiosa y el laicismo

-Con frecuencia se dice que los defensores de la vida y de la familia lo hacen movidos por sus creencias religiosas. –Es cierto que el cristianismo supone una defensa de la familia y de la vida humana; así como también lo hacen otras religiones. Sin embargo, todos los razonamientos que hemos dado a favor de una cultura de la vida son mayoritariamente naturales. Un feto humano es una vida humana porque objetivamente lo es; no se trata de una creencia religiosa. Lo mismo ocurre con el matrimonio: lo natural es el matrimonio entre un hombre y una mujer, abierto a la vida. Para afirmar que las uniones homosexuales son contrarias a la naturaleza no hace falta tener una religión sino ojos en la cara. La estabilidad matrimonial es un bien familiar y social, al margen de toda religión. Quienes niegan estas afirmaciones están negando la naturaleza de las cosas: son ellos los que se dejan llevar por prejuicios contrarios a la realidad de las cosas.

-¿Qué piensas del laicismo? –Existe una legítima autonomía del orden civil y del orden religioso que pueden y deben contribuir al bien común. Si tu obispo es de un equipo de fútbol determinado, tú harás muy bien en ser del equipo que te dé la gana; como en infinidad de cosas. Pero la autoridad religiosa puede y debe hablar de moral con una repercusión social. Decir que la religión no puede influir en la vida social no es algo laico sino laicista: pretende poner una mordaza inaceptable a la libertad de religión y a la libertad de expresión que todo hombre tiene en un sistema democrático. Lo realmente curioso es que en muchas ocasiones el laicista es un clerical rebotado.
-Explícate. –En otras épocas, que habría que enjuiciar en su contexto histórico, la opinión del clero ha podido invadir, en ocasiones, esferas de lo que sería el ámbito civil. Ese clericalismo pudo ser un error. Ahora, si una autoridad religiosa tratara de decir cómo tengo que hacer técnicamente mi trabajo estaría incurriendo también en un clericalismo. Pero esos errores no se solucionan girando al lado contrario: Aristóteles decía que los opuestos forman parte del mismo género. Sería una tiranía teocrática que el Parlamento de un país obligara a todos los ciudadanos a asistir a un acto de culto semanal. Tan tiránico como lo anterior es decir que las confesiones religiosas no deben influir en la configuración del bien común social; se trata ahora de un fundamentalismo laicista.

-Si es así de claro… ¿Por qué se producen tantas tensiones de este tipo en algunos países? -Tal vez porque no se trata sólo de una cuestión sólo de cabeza sino también de voluntad. Admitir, por ejemplo, que el aborto es un crimen por sí mismo, supone cambiar de estilo de vida; y esto puede costar mucho. De aquí pueden nacer odios viscerales a valores puramente humanos a los que se pretende descalificar pretendiendo calificarlos de intromisiones religiosas. Los intereses y pasiones tuercen el entendimiento. Nadie está libre de esto. Hemos de esforzarnos por fomentar la honradez intelectual. Para esto hay que mejorar las explicaderas y las entendederas. También hemos de preguntarnos, con valentía y a título personal, cuales son los pensamientos y acciones que me están convirtiendo en mejor o en peor persona. Esto nos puede dar pistas valiosas para mejorar nuestro estilo de vida.
José Ignacio Moreno Iurralde