Dignidad humana

24.9.05

Generosidad

La práctica de la generosidad, clave de la capacidad de amor de una persona, requiere el ejercicio de virtudes o hábitos operativos buenos. En un contexto de agudo relativismo el bien o el mal acaban siendo lo que a cada uno le interesa; salvo lo que sancione el código penal vigente. Pero el código penal, algunos de cuyos artículos pueden ser verdaderamente penosos, es un mínimo que no puede establecer unas bases morales suficientes para una sociedad. Se deja de hablar de virtudes, que hacen referencia a un bien ético objetivo, y se sustituyen por valores; un término que es más subjetivo.
- ¿A estas alturas se puede hablar de valores morales absolutos? -Recordaremos brevemente, siguiendo al citado pensador alemán, que no sólo hay cosas buenas o malas para tal persona y en un momento determinado, sino que hay acciones que están bien –como ayudar a un necesitado- y otras que siempre están mal –como condenar injustamente a un inocente.

-¿Qué reporta ser generoso, porque de ahí a ser tonto puede haber pocos pasos? –No sé si has formulado bien la pregunta. Dice Lapierre en su libro “La ciudad de la alegría” que “todo lo que no se da, se pierde”. Esto conviene entenderlo bien: si hay que amonestar o denunciar a alguien se hace. Pero no se puede estar con una permanente cuenta de ingresos y gastos en la amistad, y mucho menos en la familia. Ser generoso no tiene por qué reportar más ingresos, pero si una personalidad mejor que hace mejores a los demás. Ahora que la gente mayor suele vivir más años se nota cuando una persona ha sido generosa y fiel a su familia; tiene lo que ha dado: su esposa o esposo –si vive-, sus hijos, sus nietos.

– ¿Siempre ocurre así? –Es cierto que no siempre; es más: han existido muchas personas buenas que han muerto por su generosidad; pero nadie medianamente digno consideraría una estupidez dar la vida por un ideal noble en beneficio de los demás.
-¿Ser generoso es una opción o una obligación? –Existe un libro difícil pero muy interesante titulado “La estructura de la subjetividad”, escrito por el filósofo español Millán Puelles. De modo muy sintético se podría decir, a mi juicio, que este libro plantea la existencia de dos tendencias opuestas en el sujeto humano. Por un lado tendemos a abrirnos a la realidad exterior, a los demás. Por otra parte se opone una tendencia a encerrarnos en nuestro propio estuche. La vida del hombre consiste en realizar su tendencia a abrirse, a la que Millán llama vocación. Por esto, prosigue el pensador, la vocación es motivo de felicidad para algunos y de angustia para otros. Respirar es una opción y una obligación. Ser generosos no es lo mismo que respirar pero se parece. Sin generosidad no se puede respirar la felicidad.

-¿Qué más pistas puedes dar para ver si un amor es verdadero? –En la película Mejor imposible el protagonista dice a una mujer a la que corteja: “Tú haces que yo quiera ser mejor persona”. Un amor verdadero es aquel que nos hace ser mejores personas. Una buena persona no es un creído o una creída, pero tiene un alto concepto de su vida porque la ve cuajada de sentido. El darse cuenta de que tendría que mejorar en muchas cosas no le abruma porque está enamorado de la vida; y por eso no está encerrado en si mismo.
José Ignacio Moreno Iturralde