Dignidad humana

25.9.05

Embriones humanos y dignidad

-¿Es el embrión humano una persona? -El término persona es quizás bastante ambiguo. Por ejemplo, el Código de Derecho Civil español, afirma que se es persona jurídica a las 24 horas de nacer. Tal vez es más práctico hablar de vidas humanas. Un embrión es una vida humana. Es humano en acto y tiene muchas potencialidades que, por un tiempo, no puede desarrollar. Nunca llegaría a ser humano si no lo hubiera sido antes. Pensemos en el caso del gusano que se transforma en mariposa. ¿Qué es?: Ante todo un proceso de un mismo ser vivo. Respecto a los pocos actos humanos que puede hacer un embrión se trata de algo que guarda semejanza a lo que le ocurre a un enfermo que está en coma. ¿Diríamos que ha dejado de ser persona porque no es capaz de comunicarse, andar, etc.?

-¿Hay científicos que afirman que en los primeros días el embrión no es individuo porque se puede dividir? -Una cosa es la unidad y otra la divisibilidad. Un árbol es uno; si le quitas una rama y la plantas en otro lugar puede surgir un nuevo árbol. O una lombriz: si la partes en dos puede dar lugar a dos lombrices; pero la primera era una. De igual manera un embrión humano en sus primeros días tiene células, que al ser totipotenciales, pueden dar lugar -si se dividen- a varios embriones, pero eso no niega que el embrión inicial sea una vida humana.

-¿Qué piensas respecto al uso de células madre adultas y embrionarias para las terapias clínicas? -Las posibilidades de utilización de células madre -tratables para ser convertidas en células de diversos órganos- se presentan como una revolución para el mundo de la sanidad. Como es sabido hay células madre de dos orígenes distintos: las que proceden de tejidos adultos –por ejemplo de la médula ósea- y las que proceden de embriones humanos. Actualmente se puede decir que: -Hasta la fecha todos los tratamientos clínicos con éxito llevados a cabo se han realizado con células madre adultas. –Tales células no producen ningún rechazo puesto que provienen de tejidos adultos del propio paciente. –La capacidad de diferenciación y convertibilidad de las células madre adultas es bastante mayor a medida que aumentan las investigaciones.

-¿Y las células madre embrionarias? -Su capacidad de diferenciación es muy grande. -No existe hasta hoy ningún logro clínico satisfactorio. En los experimentos hasta ahora realizados se ha demostrado que producen tumores. Tienen el problema de provocar rechazo en el paciente, al no ser una célula suya. A diferencia de las células madre adultas no son capaces por sí solas de ir, a través de la sangre, al tejido afectado. Un congreso finalizado el mes de diciembre de 2004 en Madrid y organizado por la Asociación AEBI ha congregado expertos nacionales e internacionales en esta materia, como la Doctora Catherine Verfaillie, Christof Stamm y Damián García Olmo, entre otros. Tales especialistas han constatado la superioridad de la eficacia de los tratamientos con células madre adultas.

-¿Qué problema ético existe? –La utilización de células madre adultas no tiene ningún reparo ético, como es lógico. Las embrionarias, al proceder de embriones humanos, suponen la destrucción de los mismos. Si defendemos la dignidad de toda vida humana también debemos defender la del embrión humano por el hecho de que todos hemos pasado por idéntica fase embrionaria. Es indigno tratar al embrión como un mero objeto, pero es lo que se está haciendo en algunos países como España.

-Entonces… ¿Por qué ese afán de utilizar células madre embrionarias? -Porque de ellas pueden salir las llamadas líneas celulares. Las líneas celulares son células que se reproducen indefinidamente; algo parecido a ramas de geranios que dieran nuevos geranios. El interés de estas líneas consiste en que se puede experimentar sobre ellas viendo como reaccionan; pero no tienen ninguna aplicación clínica directa. Esto no excluye que tras muchas investigaciones se pudiera llegar a algún conocimiento de interés para la terapia médica. Hay otro interés inmediato: Quien cree una línea celular tiene una patente y, por tanto, una fuente de ventas para centros de investigación interesados. El uso de células madre embrionarias, que supone la destrucción de embriones humanos, no tiene una finalidad médica directa, sino de investigación; siendo para algunos un atractivo negocio. Actualmente se está investigando en cómo sacar células embrionarias a partir de células madre adultas. Esto significaría un triunfo científico y ético ya que si se consigue no habría motivo para destruir embriones.

-Todo el problema de la acumulación de embriones proviene de las técnicas de fecundación in vitro. ¿Acaso no es un avance poder dar hijos a personas que no pueden tenerlos? -Es muy duro querer tener hijos y no poder tenerlos. Las técnicas de fecundación in vitro lo permiten. Sin embargo hay muchas personalidades relevantes –científicos y humanistas- que afirman que el único modo digno de la persona humana de tener hijos es por la mutua donación psíquica y corporal entre el hombre y la mujer. Estrictamente hablando no se puede “tener derecho a un hijo”: un hijo no es una posesión; sino un don personal; es muy importante entender esto: la persona no es un objeto al que se tenga derecho. Muchos se han mofado, en la práctica, de esta interpretación, considerándola un escrúpulo. El resultado ha sido el grave problema de la congelación de embriones humanos. Vidas humanas, aunque embrionarias, congeladas como si fueran pescado o croquetas. Posteriormente se han desarrollado leyes que llaman a estos embriones “estructuras biológicas”; bastantes de las cuales se sacrificarán para la investigación.

-¿No puede ser interesante utilizar a los embriones que no son viables para obtener avances médicos. –Primero consideraría si los embriones humanos que se van a utilizar están vivos o muertos. En este último caso, algunos son de la opinión de que no hay ninguna objeción ética para su utilización. Pero convendría recordar que el hecho de congelar un embrión supone ya ponerle en un serio peligro. Según datos de la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva el 50% de los embriones congelados mueren en el proceso de descongelación y tan sólo el 16% logra implantarse con éxito en el seno de la madre. Es decir: de hecho, la congelación de embriones lleva a la mayoría de ellos a su inviabilidad vital. Al utilizar embriones muertos, cuyas células pueden ser reactivadas, se utilizan vidas embrionarias a las que, de antemano, no se las había situado en su destino natural sino en una situación de alto riesgo.

-¿Es censurable en esto la ciencia? –Lo que hay que censurar es la manipulación de seres humanos. La ciencia es considerada por algunos como algo sagrado: “ninguna convicción ha de interponerse a su desarrollo”. No hay que ser muy listo para darse cuenta de que eso supone ya partir de una convicción. Otros preferimos defender que la ciencia está al servicio de toda vida humana. Cuando se sacrifican a miles de vidas humanas indefensas e incipientes en la mesa de un pretendido progreso se está recorriendo a gran velocidad la senda de la deshumanización. Las clínicas de fertilidad se lucran con una actividad en la que tantos seres, que podrían llegar a ser niños, son utilizados –insistimos- como cosas. Esto supone que algo grave está ocurriendo en nuestra civilización. Los embriones son vidas humanas que no deben ser producidas. Resulta cínico no otorgarles un respeto cuando todos y cada uno de nosotros hemos pasado por esa etapa. Una sociedad con tanques congeladores de embriones humanos demuestra tener una mente torpe o un corazón de hielo, o ambas cosas. Los valores de una civilización noble y solidaria requieren hipotecas y límites, y al menos una convicción: la defensa incondicionada de toda vida humana, sea cual sea su situación. De lo contrario se obtendrán “beneficios parciales” pero al coste de devaluar la dignidad de la vida humana. Ser humano y ser objeto de producción son dos términos contradictorios.

Urge clarificar, establecer y defender el estatuto del embrión humano. La situación actual es delicada pero mujeres y hombres con preparación y sin prejuicios respecto a la realidad pueden y deben implicarse en esta apasionante tarea en la que nos jugamos, ni más ni menos, que nuestra propia identidad.

-¿Hay algún tipo de acuerdo sobre el estatuto legal del embrión humano? -Está claro que estamos en unos momentos históricos para la biotecnología. Surgen leyes al respecto que son modificadas al llegar al poder nuevos gobiernos con distintas ideas. No existen todavía criterios estables. Convendría obrar con más inteligencia y menos oportunismo hasta llegar a un estatuto jurídico de lo que es un embrión. Dedicar tiempo a que reconocidos expertos en biología, derecho, filosofía, medicina, sociología, intenten llegar a un marco de consenso, sin prejuicios, sobre lo que realmente es el embrión humano y cuál podría ser el tratamiento legal más adecuado que se le puede aplicar. Existen expertos asesores de bioética en los gobiernos, pero no parece que existe un estatuto legal del embrión realizado por organismos internacionales que pueda influir provechosamente en las leyes. De momento no parece que haya la voluntad de hacerlo. En mi opinión, mientras no se haga esto, legislar sobre materia tan delicada parece bastante poco digno.

-¿Qué diferencia existe entre embriones y pre-embriones? - Respecto a los “pre-embriones”, en ocasiones llamados “pre-embriones sobrantes” lo que realmente sobra es lo de “pre”. Se han dado múltiples argumentos biológicos para demostrar que la vida humana es un continuo desde la concepción, con un ADN propio, y que no hay nada esencialmente distinto en el día catorce respecto al trece; donde algunas leyes –como la española- consideran al embrión de segunda categoría o pre-embrión por un acuerdo absolutamente arbitrario y sin fundamento real.
-¿Qué es la clonación terapeútica? –Se trata de quitar a un óvulo su núcleo y transferirle el núcleo de una célula adulta. Sí se produce la división celular tendríamos un embrión que es un clón del sujeto del que se ha transferido el núcleo de una célula adulta a un óvulo humano. Se ve con lógica repulsa crear un doble de una persona –esto sería la llamada clonación reproductiva-; pero no la clonación terapeútica. Esta última supondría utilizar los embriones para investigación. Es interesante reparar en un reciente artículo de Natalia Gomez Moratalla, Catedrática de Bioquímica de la Universidad de Navarra, publicado en La Gaceta de los Negocios el 24 de mayo de 2005. En él dice que no toda transferencia nuclear es clonación: “Lo que hicieron los investigadores coreanos no es clonar al paciente, sino simplemente una transferencia del núcleo de una célula precursora Inducen a continuación artificialmente unas divisiones de este óvulo con un núcleo que no es el suyo, y de ahí cultivar células que tienen obviamente características de célula madre del tipo embrionario puesto que proceden de la multiplicación de un óvulo. No saben si serán estables, si se podrán usar para investigar (ojalá si) y si algún día lejano podrá pensarse en un uso terapéutico (por ahora está desechada científicamente esa posibilidad). Clonar es transferir un núcleo a un óvulo y reprogramar la dotación genética de ese núcleo para que empiece a emitir el programa genética por el principio. Cuanto más complejo es el individuo más difícil es la segunda parte del proceso, la reprogramación genética. Por ello en monos y humanos no es factible hoy por hoy. Puede ser que algún día si lleguemos a saber “reprogramar” la información genética de la célula del paciente o del sano y se consiga un embrión; entonces se podrá decir que se ha logrado una clonación.
-¿Qué debate ético suscita la clonación terapeútica? -Los que no tienen ninguna objeción para experimentar con embriones vivos piden la posibilidad de legalizar la clonación humana –tengamos en cuenta lo explicado antes- con fines terapéuticos. Esto supondría la producción de embriones humanos o formas embrioides con el exclusivo fin de su utilización como banco de tejidos. Conviene recordar, además, que todavía hay un gran desconocimiento de los factores que intervienen en el proceso de la clonación, que hace falta un elevado número de óvulos –tengamos en cuenta que el tratamiento hormonnal que requieren las mujeres donantes de óvulos puede ser peligroso- para que se produzca tal clonación y que este proceso no se hace con el ADN de una fusión de gametos sino con el ADN de un núcleo celular proveniente de un adulto, con las consecuencias que ello pueda traer consigo.

Además de estas cuestiones de biotecnología hay algo que considero más importante: La legalización de la clonación terapeútica, como ha ocurrido en Inglaterra y puede ocurrir en España, supone la creación de embriones humanos con la única finalidad de utilizarlos como bancos de tejidos. Personalmente esto me recuerda a las ideas de un libro que escribió el agudo polígrafo inglés Lewis titulado “La abolición del hombre”: el hombre se convierte en un objeto para el hombre.

-Parece peligroso el progresar. –Quizás se entienda todo mejor con un ejemplo que no es nuevo. La energía nuclear ha hecho y hace mucho bien a la humanidad; también ha causado gravísimos males. Con energía nuclear se puede abastecer a ciudades enteras; o destruirlas. Algo parecido ocurre con la biotecnología: Se están haciendo descubrimientos asombrosos sobre el mecanismo regenerativo celular que, aplicados a terapias clínicas, ya producen resultados satisfactorios. Al mismo tiempo hay científicos y clínicas que no quieren contemplar y respetar la incipiente vida humana porque tal respeto va frontalmente contra su negocio. Progresar… ¿Hacia donde?
-¿Qué piensas del progresismo biotecnológico? –Hace cuarenta años, menos incluso, parecía una barbaridad legalizar el aborto. Hoy muchos lo ven como un logro social. Ahora nos parece que hacer híbridos entre hombres y animales es una aberración; pero en un futuro, quizás muy lejano, puede verse de otra manera. Según un criterio “progresista” no hay una naturaleza que respetar. Sin embargo, es el criterio de la naturaleza el que debe ser respetado; esta es la verdadera condición del progreso humano.
José Ignacio Moreno Iturralde