Dignidad humana

24.9.05

El misterio de la felicidad

Parece que todo el mundo buscara ansioso la felicidad pero que pocos la encuentran. –Lo más interesante que he escuchado sobre la felicidad es que se trata de un don, de algo caído del cielo. Desde luego una persona con virtudes humanas está más capacitada para ser feliz, pero las virtudes tampoco son un fin en si mismas. La gran paradoja de la felicidad estriba en que si la buscas en directo se te esconde; es algo así como tu propia sombra. La felicidad puede darse como consecuencia indirecta de hacer algo bueno; pero insisto en que hay factores de la felicidad que se nos escapan.

-¿Qué diferencia hay entre placer y felicidad? –La felicidad que se compra por horas tiene los pasos contados. Placer y felicidad no tienen porqué ser opuestos pero se puede ser feliz –porque se tiene un motivo- y tener dolor; y se puede tener placer y no ser feliz.
-¿Qué nos suele apartar más de la felicidad? –En cierta ocasión escuche una respuesta sencilla y certera: la falta de moralidad y el exceso de ambición. También nos puede faltar mucha gratitud. En el mundo democrático occidental parece que tenemos derecho a todo. Hemos perdido la gratitud ante la vida, el reconocimiento de nuestra limitación personal ante el espectáculo de la creación. Se ha eclipsado nuestra condición de criaturas. Estamos demasiado pendientes de nosotros mismos. Existe otro factor que aleja de la felicidad y es la chabacanería. Chesterton, antes del advenimiento al poder de Hitler, decía que el peligro contra la civilización estaba en la chabacanería que se nos va a echar encima. Así ha sido: la cortedad de miras, la trivialización del amor, la crisis de la familia y de la educación lo ponen de manifiesto.

-¿No te parece que la abundancia del mal en el mundo dificulta a la felicidad personal? –Desde luego. La comprensión del pavoroso mal que vemos casi a diario hace difícil entender este mundo y, por tanto, amarlo. Basándome en Tomás de Aquino me gusta recordar que las sombras son por las luces; no al revés. La herida es en el cuerpo, no el cuerpo en la herida. El mal no tiene consistencia en sí mismo, por grave que sea. A esto hay que añadir el efecto deformador de los medios de comunicación. Si un millón de madres dan de comer estupendamente a sus hijos no es noticia; pero si una loca envenena al suyo, si. El mal suele ser más llamativo que el bien y esto es algo que no podemos olvidar. Cuando vemos la televisión tenemos que recordar que estamos viendo una realidad a través del ojo de otro que selecciona las escenas.

-Antes has hablado de la felicidad como un don. –Si. El amor es difícilmente programable; algo parecido ocurre con la felicidad. Más adelante hablaremos de que el motivo más grande de nuestra felicidad está fuera de nosotros mismos y tiene mucha relación con los demás.
José Ignacio Moreno Iturralde

1 Comentarios:

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