Dignidad humana

25.9.05

Caminos de esperanza para la población

-Ante esta ofensiva de la “cultura de la muerte” con qué medios cuenta la “cultura de la vida”. –Uno de gran importancia es el Consejo Mundial por la Vida y la Familia. Scala nos cuenta su génesis: “entre el 14 y el 16 de noviembre de 1991, tuvo lugar un Congreso en Roma, al que asistieron 150 líderes de entidades defensoras de la familia y de la vida humana, procedentes de todo el mundo, entre ellos, de España, Brasil, Estados Unidos, Bolivia, República Dominicana, Venezuela, Colombia, Portugal, Argentina, etc. Allí se resolvió, de común acuerdo, que era necesario aunar los esfuerzos y crear un organismo mundial unificado. Nació entonces el Consejo Mundial por la Vida y la Familia, una coalición de numerosas organizaciones que representan diversos intereses, relativo a cuestiones pro vida y de la familia en todo el mundo. A partir de ese momento comenzó la expansión: entre el 22 y el 24 de abril de 1992 se llevó a cabo en Monterrey (México), el Primer Encuentro Latinoamericano por la Vida y la Familia, donde se constituyó el Consejo Latinoamericano por la Vida y la Familia, dependiente del Consejo Mundial. También en 1992 se llevaron a cabo los Encuentros constitutivos de las distintas regiones que lo componen, a saber: África, Asia, Australia, América del Norte (excepto México), Europa oriental, Europa Occidental, Europa noroccidental, y Latinoamérica y el Caribe.

-¿Qué papel ha jugado Juan Pablo II en la defensa de la familia y de la vida? –Un papel clave. En 1994 el Papa hizo suya la idea de Naciones Unidas y proclamó ese año como Año Internacional de la Familia y escribió la Carta a las familias. Recordó que la familia es el primero y el más importante de los caminos del hombre. Afirmó que “la familia continua siendo la principal fuente de humanidad: cada Estado debe tutelarla como precioso tesoro”. El Papa dirigió una carta a los jefes de Estado de todo el mundo afirmando que “nadie puede manipular la institución familiar” ya que sobre este punto “nuestras sociedades se construyen o se destruyen”.

La Encíclica Evangelium Vitae de Juan Pablo II ha supuesto, además de un acto Magisterial, una defensa de la sacralidad y dignidad de la vida humana. En ella se condena el reconocimiento legal del aborto y el aborto voluntario en si mismo:”confirmo que la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral. Idéntica valoración moral se reserva a la manipulación letal de embriones humanos. Se afirma también que “la eutanasia es una grave violación de la ley de Dios”. Queda manifiesto el enérgico rechazo a la puesta en marcha de políticas de anticoncepción promovidas por organismos internacionales. En todo este planteamiento, analiza Juan Pablo II, hay una noción perversa de la libertad, desvinculada de la verdad y del respeto incondicionado a la vida humana. Un relativismo ético supone un terreno abonado para negar cualquier imperativo moral incondicionado en una noción falsa de democracia. El Papa animó vibrantemente a una “movilización general de las conciencias” y a un “común esfuerzo ético”, para poner en práctica “una gran estrategia de la vida. Todos juntos debemos construir una nueva cultura de la vida”. Para esto es preciso la “formación de la conciencia moral”, “redescubrir el nexo inseparable entre vida y libertad”, así como el “descubrimiento del vínculo constitutivo entre libertad y verdad”. Es preciso “asumir un nuevo estilo de vida”, donde exista “una primacía del ser sobre el tener, de la persona sobre las cosas”; un paso “de la indiferencia al interés por el otro y del rechazo a su acogida”.

-¿Cómo se podría concretar todo esto a nivel más personal? – Una vez escuché una idea de Juan Pablo II al respecto: la cultura de la vida se hace pensando en los demás. Parece una frase sencilla e ingenua, pero es profunda y vitalmente revolucionaria. Junto al ejemplo de vida es muy importante el asociacionismo familiar y todo tipo de asociacionismo en instituciones o asociaciones que defiendan el valor inalienable de la familia y de la vida de toda persona humana.



José Ignacio Moreno Iturralde