Dignidad humana

24.9.05

Aprender a querer

En la película de “Los Miserables” un hombre que vive con su hermana da cobijo a un vagabundo. A lo largo de la cena, el dueño de la casa conversa con su huésped y le exhorta a cambiar aspectos de su vida. De madrugada, el ingrato vagabundo roba y, al ser descubierto, golpea a quien había tenido misericordia con él. A la mañana siguiente la policía trae al ladrón con su botín ante el agraviado, pero éste finge que ha regalado todos esos objetos de valor al “presunto” delincuente. La policía se va y el ladrón pregunta desconcertado al legítimo dueño: -¿Por qué hace esto? –La respuesta no se hace esperar: -Este es el precio que pago para devolverle a usted a Dios; y recuerde –así lo había dicho durante la cena- que usted se ha comprometido a cambiar de vida. Efectivamente su vida cambia y aquél maleante se transforma en una buena persona. Alguien muy preparado le ha revelado algo profundo de su identidad que desconocía hasta entonces.

Spaemann, un pensador alemán actual, ha escrito que “amar es decir: es bueno que existas”. Existencia y amor están muy relacionados porque sólo cuando se ama, la vida es digna y profundamente humana. Por tanto tendremos que hablar del amor aunque es algo a lo que, en principio, uno se resiste. Tal vez porque el amor es algo para ser vivido más que explicado. Sin embargo la realidad del amor está lo suficientemente distorsionada para que hagamos un esfuerzo por intentar aportar algo de luz sobre esta cuestión eterna.

-¿Qué entiendes por amor? -La realidad del amor es polifacética y no pretendo ahora hacer una sistemática clasificación de los amores. Lo que quisiera destacar es la relación entre amor y respeto. Amar a una persona supone respetarla; querer que se realice como ser humano y que sea feliz. Amar es mucho más que desear. El deseo puro es la pasión propia del hombre respecto a los objetos. Un hombre sensato no puede amar a su coche favorito; puede desearlo. Sería patético ver a alguien besuqueando a su coche antes de ponerlo en marcha. Por el contrario, una persona no puede ser considerada exclusivamente como objeto de deseo, porque eso sería transformarla en una cosa. Amar a una persona, dice Spaemann, es querer lo mejor para ella. Lógicamente deseo y amor son compatibles, como nos muestra la naturaleza y la historia conyugal del matrimonio. Son compatibles cuando el deseo se subordina al amor; cuando se quiere más a la persona querida que al propio deseo.
-¿Por qué, a tu juicio, se confunde el amor con el deseo? -Confundir el amor con el deseo es algo que ocurre hoy con frecuencia y las consecuencias son importantes. Las causas de tal confusión son múltiples; vamos a intentar aproximarnos a algunas de ellas. Amar supone, en muchas ocasiones, sacrificio, esforzarse por pensar en los demás. Amar supone también aceptar la diferencia de la otra persona; así como sus limitaciones. Las limitaciones de la persona querida son parte de su marco de actuación en el mundo. Lógicamente desearíamos, y por su bien, que mejorara en tal o cual punto, pero constatar una continua insatisfacción ante la falta de ciertas perfecciones de una persona podría suponer que estamos viendo el negativo de su foto y que somos nosotros quien tenemos bien limitada y distorsionada la visión. Querer será también una motivación para ayudar a corregir los defectos de la persona querida; y corregir nunca es plato de gusto. Es decir: el amor es lo contrario al egoísmo y actualmente, por una ignorancia imperante, se confunde con frecuencia el egoísmo con el amor.
José Ignacio Moreno Iturralde