Dignidad humana

13.8.05

El cinismo

Si uno es amigo de los animales, en concreto de los perros, puede quedarse perplejo ante fenómenos curiosos. Recuerdo un simpático perdiguero de Burgos al que llamábamos Pluto. Dicen que el hombre es el único animal que ríe; pero los perros hacen algo que se parece al percibir la presencia cariñosa de su amo. Pluto estiraba los labios, brincaba de alegría y era capaz de robar algo de la cocina con el sólo propósito de entretenerse un rato mientras le perseguíamos. Tremenda era su repulsa a ser metido en una bañera con agua y jabón; aun así...tras una enconada lucha amistosa no tenía más remedio que ceder ante la higiénica evidencia. Sin embargo, había un momento de radical intransigencia, incluso de peligrosa ferocidad: la comida. Me preguntaba indignado ¿cómo era posible, ante tantas atenciones y el regalo suculento de una comida, que el perro-ante la cercanía de la mano de su amo- respondiera con una siniestra amenaza que advertía de un inminente ataque si no se le dejaba satisfacer su inmediato interés?...Y, tal vez , el lector se pregunte...¿qué tiene que ver Pluto con el cinismo. Intentaremos buscar la relación...
La conciencia de un hombre está muy influida por la historia de su conciencia; de sus personales decisiones: de su generosidad o de su egoismo, de su esperanza o de su miedo. En definitiva: cada persona ha tomado a su conciencia como un medio para encontrar la verdad de su vida o como un fin autónomo para crear sus propias verdades. Es en esta segunda opción cuando la conciencia se erige en última instancia de moralidad para sí misma. Entonces es cuando se produce-como ha explicado algún sabio moralista- la subjetiva identificación entre verdad e intereses; incluso filantrópicos. Pero esta experiencia no se produce nunca en una “negación personal”: sacar adelante a un embarazo “no deseado”, a un cónyuge enfermizo, o una dedicación profesional menos brillante que acaso pueda ser más beneficiosa para la familia.
El cínico gruñe-como el perro-* ante el ataque contra sus propios intereses, que suelen ser de baja ralea. El animal sólo vive al instante y por esto no es moral; la persona humana es su biografía libre y responsable. Su cinismo quiebra su alegría y le le sume en abismos de oscuridad; oscuridad que pretende ser pálida por su mentirosa luz eléctrica racional. Mientras...sus ventanas, que dan al sol exterior, se van tornando cada vez más fuertemente cerradas. El cinismo niega el amor: el darse; y por esto su mejor combustible es el polo opuesto: el odio. Pienso que esto se cumple a la letra en el terrorista. El cínico se ha hecho objetocéntrico: de su ideología, del dinero, del poder, de su lucha armada, de alguna persona o personas que para él son objeto de su satisfacción.
El cínico justifica así cualquier cosa que favorezca a su mentirosa pasión: un robo, un crimen, mil crímenes...lo que haga falta. Hace unos años José Antonio Marina publicaba que los terroristas estaban inmersos en una especie de juego de rol. Poco tiempo después un representante de HB acusaba precisamente de esto al peneuvista Atucha, quien conoce bien el cinismo etarra.
Pero hay algo con lo que el cínico no cuenta: se está perdiendo a sí mismo: no sabe quien es. Está incapacitado para la alegría verdadera porque al no saber comprender al otro no puede entenderse a sí mismo.

Casi nada es totalmente blanco o negro ni nadie está libre del insidioso peligro del cinismo y contra él quizás exista un único remedio que consiste -salvadas las medidas de justicia que sean necesarias y que no son objeto de este artículo- en la comprensión y la ayuda en los momentos de abatimiento. Quizás así se puede enseñar a tal enfermo lo que él no ha sabido aprender: es preciso saltar por encima de la propia inteligencia y de la propia voluntad-sin irracionalismo- para encontrar el núcleo de la persona del otro. Un núcleo de verdad que vive no tanto por él mismo sino por su dependencia a la Verdad que es toda comprensión.


*La palabra cínico se relaciona etimológicamente con la palabra perro

José Ignacio Moreno Iturralde