Dignidad humana

12.7.05

Ante las palabras de López Aguilar

En su extraño afán por resucitar las dos Españas, el gobierno -esta vez por boca del Ministro López Aguilar- recuerda que la Iglesia “apadrinó la guerra civil como una cruzada”. Le recomendaría al señor ministro que estudiara un poco de historia. No trato ahora de los crímenes de uno y otro bando sino de los asesinatos que se cometieron por el lado republicano contra personas por el mero hecho de ser católicas. Fueron asesinados 7000 eclesiásticos tan solo por serlo: entre ellos todos los seminaristas del seminario de Barbastro. San Pedro Poveda fue brutalmente vejado y golpeado en lenta agonía hasta ser rematado junto al cementerio de La Almudena.. Algunos cristianos fueron echados vivos a la casa de fieras del retiro. Se editaron manuales de caza del presbítero. Un obispo fue toreado y ajusticiado en una plaza de toros. Podríamos seguir describiendo barbaridades. En el bando nacional también se cometieron horrores: recordemos los brutales asesinatos injustificados de la plaza de Badajoz contra civiles y otros horrores al márgen de la contienda; así como la imposición de una severa represión tras la guerra. Lo que quiero destacar es que, por manipulación de la opinión pública, se encendió el odio contra la Iglesia –algo que guarda cierta relación con lo que hoy hace este ministro- y los cristianos fueron perseguidos al margen de sus convicciones políticas. La Iglesia está compuesta por hombres que tienen derecho a defenderse de crímenes y salvajadas. Por esto muchos cristianos encontraron refugio para su vida en uno sólo de los bandos. Debo recordar a López Aguilar que Claudio Sánchez Albornoz, Presidente de la República en el exilio, fue un ferviente cristiano, como muchos otros republicanos que vieron con horror lo que se hacía a la Iglesia Católica. Precisamente Sánchez Albornoz escribió un fantástico ensayo titulado: España, un enigma histórico. En esta obra se defiende la tesis de que el cristianismo ha supuesto el núcleo de las raíces culturales de España. Es lógico que la Iglesia Católica tenga un reconocimiento acorde con su atribución histórica y social porque las convicciones de un país son las de su pueblo llano –pregúntenselo a Sancho Panza- y no las de unos iluminados con un laicismo inquisidor.

José Ignacio Moreno Iturralde (Doctor en Historia Moderna)