Dignidad humana

26.5.05

Los problemas del socialismo español

La cuestión es que el socialismo es poco social; y es poco social porque es poco personal. Dice inspirarse en una revolución social pero ignora que cada hombre, en si mismo, es una revolución. El socialismo confunde lo público con lo privado, la escuela con la familia, lo masculino con lo femenino, la persona con el género, la técnica con la civilización.

No parece comprender que las personas se realizan socialmente cuando tienen una sólida vida privada. Entienden que la sola persona es una ficción comparada con el Estado, cuando ocurre precisamente todo lo contrario.

El socialismo, apostando por la incontinencia sexual, tiende a desdibujar los linderos de la familia. El espíritu de la colmena pretende devorar el corazón de la familia, donde hay tesoros escondidos detrás de setos bien delimitados. La pedagogía socialista recae entonces primariamente sobre la escuela donde, en esta situación, si que se cumple la amarga frase de Chesterton, puesta en boca de un alumno: “un señor que no conozco me enseña una cosa que no quiero”. El socialismo entiende al hombre para la escuela; en vez de la escuela para el hombre; por eso son de escuela única.

El socialismo no comprende la feminidad porque pretende igualarla a la masculinidad. Tragicómicamente intentan masculinizar a la mujer. No vislumbran un género personal y, por tanto, con una sexualidad definida –como tozudamente muestra la realidad-. Pretenden una persona genérica con un sexo tan indefinido como el de una manifestación.

La técnica debería someterse a la civilización humana; pero el socialismo siente fascinación hacia el progreso técnico. Le deslumbra el progreso, pero no el hombre. consideran que no debe haber hipotecas éticas para el progreso técnico. Es algo así como hacer un arte culinario basado en las innovaciones de diseño en los cubiertos olvidándose del alimento.

El socialismo español no entiende la vida como don y tarea; por esto tiene poco que conservar. Se trata de una tarea existencialista, de continuo debate dialéctico. No hay paz, sino pacifismo. No hay alegría, sino bullicio y sensaciones.

No dudo que haya socialistas que sean muy buenas personas y que hayan servido de contrapeso a un liberalismo individualista y egoísta que ha podido caer en errores similares. Hablo de las directrices del gobierno actual, en el año 2005. Tampoco dudo de que haya miembros del gobierno que tengan buena intención; pero esto no es suficiente. Varios de los máximos representantes actuales del socialismo español han prescindido de las referencias más elementales de la naturaleza en aras a una autonomía radical y a una moral puramente subjetiva donde la ignorancia y la inmadurez triunfan de un modo inquietante y peligroso para todos los ciudadanos españoles.

José Ignacio Moreno Iturralde