Dignidad humana

5.5.05

España: necesidad de una nueva cultura

Existen logros positivos de nuestra sociedad que sería injusto olvidar: seguridad social, asistencia sanitaria, mejora de las comunicaciones, y un largo etcétera…Ahora quiero referirme a factores de descomposición social que van abriéndose camino: Impunidad en la comisión de abortos, cosificación de embriones humanos, igualación del matrimonio con parejas homosexuales –lo cual supone un torpedo en la línea de flotación la familia-, alarmante aumento de ancianos en residencias, ahogamiento de la libertad religiosa con excusa del santo laicismo y, sin ánimo de ser exhaustivo, un sistema educativo en enseñanza media de poquísimo sentido común y de muy bajo rendimiento.

Se respira una amoralidad ambiental, propagada desde el actual gobierno, que respalda los sentimientos personales como exclusivo timón de la propia conducta retando incluso a las leyes evidentes de la propia naturaleza humana. En este tipo de ambiente no es extraño que la propia identidad de un país se disgregue cada día más. ¿Qué valores defendemos comúnmente los españoles? Quizás el fútbol no es suficiente para configurar una entidad estatal que ya no sabe si es nación, nación de naciones o vaya usted a saber qué.

Sin una mínima cultura común, pluralmente compartida, no puede sostenerse un proyecto nacional. Una bandera que debía ser elemental es la defensa y dignidad de toda vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. Los que defendemos esa humana bandera, a la que desde un confesionalismo progresista tachan de conservadora –como si no hubiera nada que conservar- sabemos que en la cultura de la vida está por definición el futuro. Esto es así porque la cultura de la vida es la única que entiende la alegría ya que es la única que entiende el dolor. La familia natural, como hogar de vida, es tan conservadora como lo es el corazón respecto al riego sanguíneo o los pulmones para el noble ejercicio de respirar. Pese al aparente triunfo de unas degeneraciones aberrantes, que asesinan a bebés en el seno materno o dan píldoras abortivas a niñas de diez años sin saberlo sus padres, es en el respeto a la vida y en el amor fiel donde está el único hogar posible para vivir una vida lograda. Lo demás caerá por el peso de su propia podredumbre. El problema radica en lo que esta cínica e inmunda marea se está llevando y se puede llevar por delante. La situación es de alerta rojo y me temo que no exagero. Cada uno debe juzgar en conciencia lo que puede y lo que debe hacer para fomentar una cultura digna para mujeres y hombres verdaderamente solidarios: o ahora o nunca.

La cultura de la vida es fraterna, universal, no necesariamente cristiana aunque considero que no se puede ser tan ciego como para no darse cuenta de lo que ha supuesto la persona de Cristo en la historia universal: la glorificación del desvalido, del enfermo, del moribundo, del necesitado.

José Ignacio Moreno Iturralde