Dignidad humana

22.5.05

Educación para la vida

Creer en la vida supone cultivar la propia con esfuerzo, saber adaptarse a los ritmos de la naturaleza, desarrollar las propias capacidades: Tener metas, ilusiones, esperanzas.

La alegría de vivir se basa en saberse queridos y, por lo tanto, exigidos. La familia es el lugar privilegiado para tal convicción y actitud. En el propio hogar se expansiona la personalidad. Se trata de una comunidad de vida, de amor, de confianza, de esfuerzo, de fidelidad. La familia es el lugar donde se aprenden las virtudes morales, las principales referencias de la existencia. Es en ella donde se aprende lo que es la gratitud.

Sin gratitud la vida es compleja, enfermiza, perversamente inquieta. Apreciar la vida como un don supone dicha, alegría interior y esperanza; pese a los reveses que puedan venir. Desde la familia y la gratitud el hombre aprende a tener una vida lograda, y a labrar una biografía con libertad generosa que no es fin para si misma. En la dicha y en el dolor la persona aprende a ser feliz porque sabe descubrir el sentido de sus días; sean maravillosos, duros o sencillos.

El frontal ataque contemporáneo a la indefensa vida humana no nacida es también un ataque a la familia. El nonato se convierte en la plasmación vital de una entrega que no se quiere aceptar porque no se sabe amar. En un campo minado para la negación a la vida la familia no puede constituirse; y el hombre y la mujer se agostan. Una sociedad abortista es una sociedad tan llena de activismo –cierta huida de uno mismo- como de desesperanza. Todo un mundo de apariencias es deslumbrado por ambiciones de colores. Un mundo que se hunde lentamente en el pantano de la tristeza y de la ingratitud.

La familia ha resistido y resistirá todas las embestidas del mal porque en ella hay providencia y semilla divina. Sigamos construyéndola y defendiéndola y cuando los imperios de la ingratitud se desmoronen lo único que podrá quedar será el amor, la familia y la vida. Pero, ante tantas pérdidas, es precisa una nueva creatividad a la altura de los tiempos y una renovada pedagogía de la vida: estudios científicos interdisciplinares, gabinetes de apoyo a la familia, asignaturas escolares y universitarias, por citar algunas de las iniciativas posibles y necesarias.


José Ignacio Moreno Iturralde