Dignidad humana

23.3.05

Zapatero y el diálogo social

El Presidente del Gobierno español ha concretado más su propuesta de alianza de civilizaciones ante la Liga Árabe; se trata de una interesante propuesta de diálogo internacional. Estos deseos chocan, sin embargo, con una serie de cuestiones de política nacional. Un tema importante es el avance de la ley de “matrimonios homosexuales”. Como es sabido, diversas Plataformas ciudadanas que representan a millones de familias españolas han solicitado hablar con el Gobierno sobre este tema, sin obtener audiencia. Se le está queriendo decir al Gobierno que el matrimonio –mujer, marido e hijos si los hay- es una realidad distinta a la unión de homosexuales y que, por tanto, un tratamiento distinto es adecuado. No hay en ello un ápice de discriminación; es más: la discriminación es contra las familias por igualar dos cosas que no son iguales. Zapatero ha dicho en Argelia que no se debe “temer a la libertad”, que “la libertad ejercida en el marco de Estado de derecho, es la mejor barrera contra la intolerancia y el fanatismo”. Debería aplicarse sus propias palabras: no admite el diálogo con las familias –contra las que ha llegado a cargar la policía ante el Congreso de los Disputados-. Tampoco hay diálogo con las más de tres millones de firmas a favor de la clase de Religión equiparable a otras asignaturas en la escuela. No hay diálogo fecundo con legisladores y ciudadanos respecto a los divorcios rápidos. No hay diálogo con miles de investigadores y ciudadanos que piden que el embrión humano sea tratado con dignidad. ¿Dónde está el talante de diálogo del Gobierno español? Nos encontramos ante un gobierno estatalista que ignora que el corazón de la democracia está en saber que son los ciudadanos quienes deben elegir, consensuadamente, sus modelos de vida y valores. Considero que, si no cambia pronto, un gobierno que pretende alterar sustancialmente la genética social por decreto ley, sin escuchar a una mayoritaria parte de la sociedad, es un gobierno peligroso para todos los españoles, sean cuales sean sus opiniones políticas.

José Ignacio Moreno Iturralde