Dignidad humana

10.3.05

Los hijos: ¿fruto del amor o de probetas?

Los hijos: ¿fruto del amor o de probetas?
La cuestión de los “embriones sobrantes” tiene su origen próximo en la legalización de las técnicas de la fecundación “in Vitro”. Pero el problema viene de más lejos aún, el problema viene cuando el Hombre se dio cuenta de que podía separar el sexo de la función reproductora, como si no tuvieran una relación natural. De un modo más remoto el origen de este problema está en no querer tener clara la idea de lo que es el Hombre. El Hombre es un ser que necesita sentirse amado y amar. Se quiere a los padres, a los amigos y al cónyuge. Y en las diversas formas de manifestación del amor entre la mujer y el hombre, esta la sexualidad, que es la manifestación más palpable del amor pleno. En la unión física de dos cuerpos complementarios, se produce la muestra más evidente de que el amor es la unión en la que se entregan plenamente los cónyuges. Y como resultado de este amor, aparece otro ser capaz de amar plenamente. Como fruto del amor, es cuidado y educado. Pero en ningún caso se debe ver su nacimiento como un derecho del amor, sino como un regalo de su donación. Cuando el amor es pleno, pero la biología no permite manifestarlo, con un hijo, lógicamente sigue habiendo amor, aunque no se manifieste en un nuevo ser. Ahora bien lo que la naturaleza regala, la técnica actual también lo ofrece. La diferencia es que unos nacen como resultado del amor y en el caso de la técnica como fruto de creer que sin un hijo que cuidar no se satisface el amor. En muchos casos es la mayor ilusión de un matrimonio, como si fuera lo que les faltara para ser felices, cuando en el amor total, ya lo pueden ser. Si su idea es dar la vida a un nuevo ser, por no ser una pareja fértil, no es posible, aunque la ciencia esta avanzando mucho en este campo. Si su deseo es educar a un ser humano, que no tiene las mismas oportunidades que otros niños, que lo adopten, que haciendo feliz a ese niño lo serán más ellos.

Alvaro Gil Ruiz