Dignidad humana

22.2.05

La unidad de vida y sus dimensiones

Cuando se está sano no se tiene una peculiar sensación del propio cuerpo. Si uno tiene bien sus huesos no reparará demasiado en la existencia de ellos. Es en el momento de la contusión o la fractura cuando uno nota, ¡y cómo!, la realidad de su osamenta.

En la medida que tenemos más unidad somos más: no nos duele el espíritu. Al estar en paz con nosotros mismos tenemos más posibilidad de abrirnos y aprender todo un mundo. Cuando estamos demasiado ocupados en nuestros propios problemas no hay tanto lugar para una disposición de apertura y enriquecimiento.

La unidad del hombre requiere conocer su complejidad o sus dimensiones. Vamos a ver algunas. Existe en el hombre una dimensión religiosa. Tan sólo deseamos resaltar ahora que sólo desde la aceptación de la condición de criatura se puede vivir en una vida llena de gratitud que es la que más realiza en a la persona.

Indisolublemente unida a la anterior hay una dimensión moral: la distinción entre el bien y el mal. La moral o la ética es algo natural en la persona aunque influida por condicionamientos históricos y circunstanciales por el hecho de ser hombre. La moral no es un gorro de quita y pon. El planteamiento amoral de la vida humana supone la abolición del hombre. También se llega a tal abolición, como escribió Lewis, desde una posición en la que cada cual pone el sentido a las cosas prescindiendo del que tienen en si mismas.

La dimensión intelectual, de ciencia filosófica y ciencias experimentales, se basa en la posibilidad de que el hombre puede acceder a unos conocimientos parciales de las verdades de la vida a partir de los que consigue llegar a leyes de carácter general.

La dimensión estético-artística es otro gran ámbito de la formación humana. Sobre el siempre difícil tema relacionado con el buen o mal gusto lo que queremos recordar es el principio de que el bien es la condición metafísica de la belleza.

Todas estas dimensiones afectan a la cultura que tal vez se puede definir como la experiencia reflexionada desde la interpretación personal y social de la verdad , el bien y la belleza, expresada en trabajo -en un sentido amplio del término-. El sentido de este progreso cultural puede pensarse finalizado por la búsqueda de la protección de la dignidad humana. Más adelante estudiaremos qué podemos entender por dignidad humana y en qué principios se sostiene. Adelantamos que sólo lo que pueda cimentar, como verdadero, un humanismo solidario con los demás como un modo de llegar a una vida plena y sin engaño es la meta y la esperanza de tal cultura.

José Ignacio Moreno