Dignidad humana

22.2.05

Filosofías y setas

Con frecuencia y con motivos se dice que hay muchas filosofías confrontadas. Pienso que un ejemplo puede ayudarnos: Si uno va al monte con un experto setero le hará ver cómo hay setas sabrosísimas y de elegante porte, como el “boletus portentosus”. También las hay discretas en su apariencia pero muy nutritivas. Otras son comestibles pero de sabor insípido. Algunas pueden ser perjudiciales y otras, incluso de aspecto muy atractivo, fatalmente mortales, es el caso de la “amanita faloides”. Algo análogo ocurre con las filosofías. No se trata de considerar que hay una única filosofía verdadera. En la variedad está el gusto, pero hasta cierto punto. No toda filosofía tiene idéntico valor y pueden existir y de hecho han existido y existen comprensiones aberrantes del hombre y del mundo. ¿Quién es el que puede juzgar el valor de las filosofías?...No es fácil la respuesta. Se me ocurre una seguramente insuficiente pero orientativa: las consecuencias que traiga consigo.

Es necesario reivindicar el carácter científico de la filosofía si por ciencia entendemos su definición de conocimiento cierto por las causas. Conviene recordar que las causas no son tan solo materiales, como ocurre por ejemplo en la ética. La filosofía no es un conjunto de opiniones variopintas de pensadores más o menos brillantes sin que haya nada ni nadie que pueda valorar su veracidad. La filosofía ha aspirado desde siempre a un conocimiento último de la realidad. Es cierto que algunos pensadores a lo largo de todos los tiempos, especialmente en los siglos XIX y XX, han renegado de la posibilidad de la razón humana de llegar a la verdad y a cualquier tipo de idea general. Cuando se les dice que entonces lo mejor es no hacer ninguna teoría puede que se encojan de hombros o pasen de responder a esta pregunta, pero esto ya no es filosofía. Filosofar es emplear la razón es búsqueda de las verdades últimas.

Tener un talante de apertura hacia las reflexiones de todo hombre y buscar lo positivo de cualquier planteamiento es una sana actitud. Pero este talante no puede ser indiscriminado e irreflexivo. Precisamente porque se busca ver la verdad y el bien desde muchos ángulos hay que detectar lo que puede ser falso o nocivo. Sólo el recto empleo personal de la libertad puede llevarnos a uno u otro planteamiento. He aquí el problema y la grandeza de la ciencia filosófica. Al pretender una sabiduría profunda sus conclusiones comprometen el misterio de la voluntad humana. Quizás sea este el motivo de la gran variedad de posiciones filosóficas.

Cuando antes hemos hablado de principios básicos de la realidad no pretendemos decir que no haya más. Tampoco pretendemos impedir el juego filosófico con unas reglas; de la misma manera a como cualquier regla de juego es precisamente lo que lo posibilita y hace que cada jugador tenga su propio y personal estilo.

José Ignacio Moreno