Dignidad humana

22.2.05

¿Filosofía hoy?

Desde luego a muchos nos atraen más a menudo preguntas del tipo “¿donde narices dejé las llaves?” o “¿como va la liga de fútbol?” que otras del tipo “¿por qué el ser y no la nada?”. Sin embargo estas últimas preguntas filosóficas, a veces interpretadas como cómicas y en otras ocasiones como grandiosas, son -pese a todas sus limitaciones- la base de todas las demás. Detrás de un planteamiento profesional o una decisión de vida, que nos pueden afectar profundamente, se encuentra la presencia o la ausencia de tales preguntas; o, mejor dicho, de las respuestas a esas preguntas.

La profundidad no esta reñida con la superficialidad como no lo están la cuenca de un río y el reflejo de sus aguas. Pensamos que la tradición de la filosofía realista (primero es la realidad, luego el pensamiento) es la base real sobre la que hacer innovadoras investigaciones que por su veracidad y calidad puedan llegar en un futuro a ser conocimientos que den mucho fruto.

Existe todo un laberinto de interpretaciones que no pertenecen a la filosofía realista. Veamos algunos ejemplos: Los planteamientos eclécticos son los que intentan hacer una síntesis de todo; pero no son siempre válidos. Por ejemplo: el café con leche puede estar fantástico, pero el cianuro con leche no.

Los historicismos sitúan la verdad de cualquier planteamiento como algo posicionado en un tiempo y en un lugar. Pero no debería haber lugar en el tiempo para un planteamiento que justificara los sacrificios humanos –como ocurrió en el imperio inca- o los genocidios –como ocurrió en la Alemania nazi- porque sucedieron en unas determinadas circunstancias.

El cientificismo es la idea de que sólo lo cuantificable es lo verificable, reduciendo así la profundidad de la realidad.

El pragmatismo supone un falseamiento de lo práctico porque no debe ser aplicable a todo. Los abuelos no son “prácticos”, pero pueden ser geniales. Menos mal que la dignidad del hombre no parece estar sólo en la eficacia de lo que hace.

Sobre las ideas nihilistas basadas en la protesta vital y en la “desobediencia a la realidad” habría que recordar que esta postura se nos debía reservar para algunos momentos de desengaño, pero no es posible mantener este comportamiento con madurez si no es autodestruyéndose.

José Ignacio Moreno