Dignidad humana

22.2.05

Buscar la verdad

Conocer las verdades y quererlas como bienes es algo propio del ser humano. Pero conocer la verdad de la propia vida es todavía más significativo. Tiene gran interés darse cuenta de que, aunque el hombre es el ser que elige sus propios fines -en expresión de Tomás de Aquino- la persona es dotada de sentido desde fuera de si mismo. Uno se sabe lleno de sentido cuando se sabe valorado.

Somos capaces de lo feo, de lo falso, de lo malo y de lo odioso. Pero lo seremos a costa de nosotros mismos porque la inteligencia tiende a la verdad, la voluntad al bien , la sensibilidad a la belleza y el corazón al amor.

El hombre puede y debe ser un buscador de la verdad. Agustín de Hipona (s. IV-V d. C.) explicaba con claridad que ninguna verdad parcial se podía sostener si no existía ninguna verdad absoluta. Junto a esto hay que considerar que la existencia de Dios no es evidente para nosotros por la sencilla razón de que no lo vemos. Tampoco, frente a lo que quizás consideren algunos, es sencillo demostrar su existencia de un modo concluyente por medio de la razón; pero es posible: autores como Aristóteles o Tomas de Aquino lo han hecho de un modo concluyente.

José Ignacio Moreno