Dignidad humana

15.1.05

Soledad de nuestros mayores

Dos informes revelan las condiciones de vida de los mayores de 65 años (Alfa y Omega 13.I.05)

Uno de cada cuatro mayores vive solo

El 22% de las personas con más de 65 años no tienen a nadie con quien compartir su casa. El rápido envejecimiento de la población, agravado por un crecimiento negativo, hace temer que, en los próximos años, se planteen serios problemas, según se desprende de varios estudios elaborados por el IMSERSO

Según un estudio elaborado por el IMSERSO (Instituto de Mayores y Servicios Sociales), en España viven 7.276.620 personas mayores de 65 años. Un 22% viven solos, es decir, uno de cada cuatro mayores. Algunos pasarán sin familia estas Navidades.

En el Informe anual elaborado por el IMSERSO, don Antonio Abellán García explica que «el crecimiento medio anual de la población de edad ha sido siempre superior al del conjunto de la población», es decir, que, en la franja de edad superior a los 65 años, la población crece mucho más que en la de los niños. Según este estudio, «los octogenarios son prácticamente un descubrimiento del último cuarto de siglo», y en los próximos veinte años se prevé que el grupo de 85 años en adelante crezca un 80%. En España están «envejeciendo los ya viejos». Para el señor Abellán, «un sencillo índice de envejecimiento relaciona el número de personas mayores respecto de jóvenes y niños. España tiene ya más población de edad que niños de 0 a 14 años; la relación es de 1,2 ancianos por niño. En 2020, ya se habrá alcanzado un ratio de 1,4; y en 2050 los viejos duplicarán ampliamente la cifra de los niños: 12,8 millones de ancianos por 5,2 de niños (una relación de 2,5)».
Las condiciones de vida de los mayores solos no siempre son las más adecuadas. En un 65% de los casos, los ancianos viven en casas que no cuentan con calefacción, y en un 18% de los hogares no hay ascensor.

La soledad es más frecuente entre las mujeres que entre los hombres. La razón es simple: el 78% de los hombres están casados, mientras que sólo lo están el 46% de las mujeres, porque un 44% están viudas. Para las viudas hay dos problemas añadidos. En primer lugar, mientras que «los varones tendrán quien les atienda si caen en dependencia cuando la salud falle, las mujeres no», explica don Antonio Abellán. En segundo lugar, «la viudez entre las mujeres suele tener consecuencias económicas importantes, para ellas mismas, para la sociedad y los sistemas de seguridad social, pues las viudas suelen experimentar un declive en sus condiciones materiales de vida como consecuencia del menor importe de las pensiones de viudedad», destaca el mismo autor.
En la etapa que se inicia a los 65 años, el mayor miedo es perder a los seres queridos, en particular la pareja, porque «vivir con el cónyuge es un factor decisivo para evitar el recurso a la ayuda formal y los servicios sociales, es el principal apoyo para mantener la independencia», detalla el informe del IMSERSO. Pero lo que también les preocupa es convertirse en personas dependientes por la falta de salud. La dependencia ha sido estudiada por otro informe del IMSERSO, del que se desprende que, en el 5% de los hogares, hay un anciano que necesita atención. La cifra de hogares dependientes aumenta al 15% si se incluye a los niños y a los discapacitados.
Los datos sobre quién se ocupa de los ancianos dependientes son muy llamativos. En siete de cada diez casos, la persona que cuida al mayor es una hija. Y en el 47% de los casos lo hace sola, sin ayuda de nadie. Además, la media de edad de los que se ocupan de cuidar a los mayores es de 52,9 años. Este dato hace temer por el futuro. Si se alarga la esperanza de vida, las personas encargadas de ocuparse de los ancianos serán cada vez más mayores.
Para las mujeres ancianas que no tuvieron hijos, la soledad se incrementa. Las mujeres nacidas entre 1931 y 1950 son las que más hijos tuvieron pero, como sus hijas se incorporaron al mercado laboral, se encuentran ante la misma situación que las mujeres sin descendencia.