Dignidad humana

27.1.05

¿Reencontrar las virtudes?

-¿Qué valores éticos están hoy más en alza? –No pretendo ser descortés ni pasarme de listo pero me preguntas sobre los valores como si se tratara de acciones en bolsa. Los valores más en alza son los de siempre: la generosidad y la mutua ayuda.

-¿También la obediencia y la fidelidad? –Tienes razón en que algunas valores tradicionales hoy se valoran menos aparentemente. El lenguaje tiene su importancia: si a la obediencia la llamaramos “educación inteligente de la propia autonomía” y a la fidelidad “solidaridad incondicionada” a lo mejor vemos que son de plena actualidad.

-¿Es igual hablar de valores que de virtudes? Ahora hablamos más de valores que de virtudes. Pienso que hay un matiz: el valor parece algo más subjetivo:”mi escala de valores”. La virtud se define a un hábito operativo bueno; algo que cuesta esfuerzo. Virtud es un término que hace referencia a una orientación de la conducta hacia la verdad objetiva de las cosas.

-¿Y qué es la verdad objetiva de las cosas? -Esa pregunta es antigua. Tenemos que volver a la verdad de la naturaleza. Cuando los actos son conformes a la naturaleza son buenos; cuando la contradicen son malos. Las vacas no tienen necesidad de autoaceptarse; son vacas y ya está: pacen, mugen y se tumban en la hierba con una paz magnífica. Las personas somos libres y podemos aceptar lo que somos o rebelarnos contra nuestra propia naturaleza. La aceptación de la propia vida es algo crucial.

-¿Puedes explicarte algo más? –Viktor Frankl, muy conocido por su libro “El hombre en busca de sentido”, dice que más importante que lo que uno espera de la vida es lo que la vida espera de uno. No se trata de abdicar de iniciativas y de proyectos sino de darse cuenta de que existen muchos factores en nuestra propia existencia que no controlamos. Muchas veces tenemos que aceptar la vida como viene, desarrollar una actividad que no teníamos planeada, afrontar un problema inesperado. En un sentido más subjetivo no siempre estamos contentos con nuestras propias cualidades: nos gustaría ser más altos o más bajos, pero somos como somos en algunos aspectos. Desde un punto de vista cristiano el posicionamiento en el mundo tiene un carácter providencial; lo que me ha tocado –que no anula la libertad, sino que establece sus coordenadas- forma parte de una misión personal que tengo que cumplir. No se trata de una aceptación de mi vida sólo por sentido común sino también por hacer la Voluntad de Dios; cuestión que, bien entendida, es la mejor y más real de las aventuras.

-¿Todo eso tiene alguna relación con el mundo de prisas en el que muchos vivimos? -En la última visita de Juan Pablo II a España, en la reunión con los jóvenes en el aeródromo de Cuatro Vientos, el Papa afirmó que el drama de nuestro tiempo es la falta de interioridad. Es cierto que la sociedad urbana está acelerada. Influyen los medios de comunicación y de transporte; pero influye sobre todo la falta de ejercicio de reflexión habitual en las personas. La verdadera libertad se apoya en la reflexión de la propia vida. Sin meditación, que en el creyente es con frecuencia oración, no se puede construir una biografía verdaderamente humana.

-¿Qué influencia te parece que ejerce el mundo audiovisual sobre la interpretación de la realidad? –Desde luego es una maravilla poder estar informado de tantas cosas gracias a los medios de comunicación. Sin embargo, caben adoptar unas precauciones de gran importancia: Cuando uno ve la televisión está viendo la realidad a través del ojo de otro. Lo que se ve es una información seleccionada de la realidad; necesaria y, en ocasiones, intencionadamente parcial. Hay buenas noticias pero lo negativo suele ser más llamativo. Si un millón de madres dan de comer estupendamente a sus hijos no es noticia; pero si una loca envenena a su criatura se informará rápidamente. En muchas ocasiones los telediarios están llenos de espantos y catástrofes que, desvinculadas del conjunto de la realidad, ofrecen un panorama frecuentemente desolador. En este sentido me parece estar reviviendo el mito de la caverna de Platón, en versión audiovisual. Los contenidos de los medios suplantan a la realidad y lógicamente la comprensión del mundo y de la propia vida se modifica. “Si no estás en los medios no eres nadie”, se escucha con frecuencia. La sociedad de hoy parece favorecer un volcarse hacia la apariencia, hacia ser valorado por muchos. Quedan siempre millones de personas nobles que viven con autenticidad una vida personal llena de sabiduría y que pasa desapercibida al mundo de la comunicación. No quiero plantear una visión negativa de los medios. Lo que me parece preocupante es confundir los contenidos informativos con toda la realidad o pensar que la vida de un famoso está mucho más realizada que la de un hombre normal y corriente.

-¿Pueden favorecer los medios la cultura y la educación? –Por intentar ser realistas en una sociedad de libre mercado y con pocos resortes morales pienso que lo que verdaderamente es imprescindible –como antes hemos apuntado- es una cultura y educación del uso de los medios. Si lo que vende es el buen gusto y la categoría irán desapareciendo zafiedades de las pantallas. Es necesario destacar la labor de las Agrupaciones de Telespectadores y radioyentes que velan por unos contenidos más nobles en los programas.

-¿Qué papel ejercen los famosos? –He tenido ocasión de vivir durante un buen número de años en Colegios Mayores. A la hora de invitar a gente para tener coloquios con los universitarios cada vez ha sido mayor el éxito de gente conocida en los medios de comunicación. En un foro universitario tiene más gancho, en principio, ser famoso que ser sabio. Excuso decirte en otros ambientes más populares. Por esto los famosos pueden ejercer una gran influencia sobre la gente; especialmente sobre los más jóvenes. Los famosos tienen una especial responsabilidad a la hora de transmitir estilos de conductas.

-¿Cómo influye hoy el afán por el dinero? Cuentan de cierta escuela de negocios europea donde los alumnos de último curso se preguntan cuánto vas a ganar el próximo año y no a qué te vas a dedicar. En sectores de la sociedad parece plantearse una carrera para llegar a ser “el más rico del cementerio”. Un neoliberalismo fuerte impera en el mercado de trabajo –hablo desde el punto de vista de un español-. La inestabilidad laboral –salvo en la administración del Estado- es grande. El siglo XX ha demostrado que los países con una economía de mercado funcionan, mientras que los severamente socialistas se sumen en la pobreza. Pero esto es compatible con dejar a muchas personas en la cuneta laboral o someterlas a una auténtica explotación. No es el momento ni podría hacerlo de seguir haciendo una valoración económica. Lo que puedo si puedo constatar en las personas jóvenes es el aumento de la tendencia a acortar los estudios y a disponer pronto de dinero. Existe una gran generosidad en muchos jóvenes que se pone de manifiesto en esforzadas actividades de voluntariado. Lo que todavía no impera es una idea nítida de servicio en el trabajo. Todavía no tenemos clara esa frase de Lapierre:”todo lo que no se da, se pierde”. No se trata, como es lógico, de hacer dejación de derechos sino de encontrar motivos sólidos para hacer del trabajo un voluntariado, por así decir.

José Ignacio Moreno Iturralde