Dignidad humana

27.1.05

En torno a la categoría personal y la chabacanería

-En los años treinta del siglo pasado el escritor inglés Chesterton avisaba de que el peligro que se nos venía encima era el de la chabacanería. ¿Tenía razón? -Chesterton dijo bastantes cosas sensatas y clarividentes. No parece que la segunda guerra mundial y otros horrores se hayan producido por la chabacanería, pero esta falta de categoría es más peligrosa de lo que en apariencia pueda parecer. Pienso que muchos jóvenes y no tan jóvenes de hoy no es que bailen porque están felices sino que bailan por ver si obtienen la felicidad. Toda la industria de discotecas produce un ambiente artificial y sensual que es todo lo contrario a un tablao flamenco al aire libre en el barrio del sacromonte granadino –por poner una imagen de folklore popular-. Estoy a favor de los lugares de diversión, siempre que se trate de una diversión digna; pero muchas discotecas son auténticos antros donde corre la droga y el ejercicio del erotismo. Muchos padres están en el guindo de lo que hacen sus hijos en esos lugares.

-¿No estarás exagerando? –Tal vez. La juventud siempre tiene algo de alud arrollador y de indómita valentía pero cada vez se lo ponemos más difícil. No es extraño que muchos jóvenes dediquen ventiuna horas semanales a ver televisión; a lo que hay que añadir el tiempo dedicado a los videojuegos y a internet. Todos estos adelantos son buenos, pero hay que saber utilizarlos. Los contenidos de la televisión son en gran parte frívolos. El año pasado hice una encuesta a un grupo de buenos estudiantes de Bachillerato –unas veinte personas-. Según ellos sólo un 30% de los contenidos globales de las televisiones españolas es positivo. En internet hay todo tipo de cosas…un uso indiscriminado de esta nueva tecnología es demoledor. Me parece que es absolutamente necesario hacer una programación de lo que se va a ver en cualquier familia con sentido común. Navegar por internet, sin rumbos acotados, o encender la televisión a ver que echan produce ciudadanos “con sida mental”.

-¿De donde surge y a donde lleva la chabacanería? –Cada vez parece que hay más apariencia de libertad porque se pone casi todo en tela de juicio. Decimos que somos tan autónomos y autorresponsables que queda poco espacio para un denominador común ético. Me parece que, en frase de un clásico, “nos amamos más a nosotros que a nuestra felicidad”. La felicidad tiene mucho que ver con hacerse a la situación que a uno le toca, afrontándola. La felicidad no depende de la comodidad sino de un corazón con alegría interna.

-¿Qué quieres decir? –Donde estoy yo no está mi alegría. La alegría está en entrar en la órbita de los demás, que es la órbita de Dios. Hoy se quiere echar a Dios del diálogo social; algunos lo plantean como un enemigo de la felicidad. Otros consideran que el darse a los demás, sinceramente, es un modo de no realizarse. Sin embargo una persona humana es su vocación, su misión en la vida; y ninguna misión que sea interesante puede ser diseñada solamente por uno mismo. En vez de hacernos tan grandes como el cosmos caemos en el riesgo de hacer un mundo a nuestra pequeña medida.

-Bueno, eso vale para los creyentes, pero no puedes exigir esto a todo el mundo. –Es verdad que he hablado desde la fe. Pero hay un dato que considero experimental: contar con la religión ayuda a ser feliz. Una vida de espaldas a Dios, por muy atractiva que pueda parecer, acaba hastiando a toda persona; creyente o no creyente. Quisiera también decir que hay mucha gente, muy buena, que quizás sea bastante más creyente de lo que piensa y de la que muchos otros tendríamos bastante que aprender.

-¿Por qué has relacionado tan rápido el problema de la chabacanería con el de la religión? -Porque la chabacanería es contraria a la modestia, que es prima hermana de la humildad. Me parece que la chabacanería no es tanto ser bruto, en el sentido de poco cultivado, sino ser zafio, ser alguien sin temor a ofender. Nada se teme cuando nada se ama. Cuando no hay ni amor ni temor a Dios la humildad no se entiende, los detalles de educación parecen hipócritas y decir un taco cada pocas palabras da aire de autenticidad.

-¿Qué problemas concretos produce lo que tú llamas chabacanería? –La chabacanería, la falta de virtudes a la hora de saber convivir provoca muchos problemas. Voy a transcribir una cita de un artículo de Rafael Navarro-Vals, publicado el 23 de marzo de 2001 en el diario El Mundo: “Según datos muy recientes del Foro contra la Violencia de la Mujer, el número de víctimas mortales de la violencia sexista en España se ha triplicado el último año. El informe publicado por el Foro de Población de la ONU anota que una de cada tres mujeres en el mundo sufre malos tratos o abusos sexuales. Un serio estudio sociológico promovido por Comisiones Obreras concluye que una de cada seis trabajadoras españolas sufre acoso sexual. La publicidad sexista ha generado, en el último año en España, casi 400 quejas: un 12% más que el año anterior. El más reciente informe del INE en España detecta una subida alarmante de los delitos sexuales: entre otros datos se destaca que, desde 1992, al menos 26 jóvenes han sido asesinadas con abuso sexual previo…Según Manos Unidas, un millón de niños y adolescentes entran cada año en el negocio de la prostitución. El Tribunal Penal Internacional para Yugoslavia acaba de calificar, por primera vez, los asaltos sexuales como crímenes contra la humanidad. En fin, hace unos días el delegado del Gobierno de la Comunidad de Madrid declaraba que, si durante el año 2000 en la región los delitos en general bajaron una media del 5,53%, el número de agresiones sexuales se han duplicado sobre el año 1999”. Respecto a la influencia de los medios, dicho artículo afirma: “En Italia, con unos datos muy parecidos a los españoles, un grupo de padres fueron invitados para visionar una antología de la tarde televisiva de sus hijos. Al terminar la sesión, algunos sufrieron trastornos circulatorios y los más manifestaron una dolorosa incredulidad. Habitualmente no veían la televisión con sus hijos. Según Ettore Bernabei, de la Internacional Family Foundation, la patología televisiva a que puede dar lugar este bombardeo de imágenes sería peor que los efectos de un artefacto nuclear de la serie N. Este destruye los cuerpos, pero deja intactas las cosas inanimadas. Cuando la adicción televisiva se convierte en patología no es difícil la progresiva erosión del espíritu, aunque queden incólumes los cuerpos”.

-Soluciones. –Te respondo con el final del citado artículo: “Desde instancias diversas se sugiere un esfuerzo combinado de reconstrucción social en el que intervengan todas las fuerzas sociales: Estado, sociedad civil, religión y poder mediático. Tal vez debamos comenzar por la escuela y la familia en un esfuerzo de verdadera socialización de los valores. Reducir el sexo a mera genitalidad es sembrar las semillas de la violencia sexual, y provocar, a la larga, actitudes de riesgo. No se trata de dramatizar más de la cuenta. Se trata de aplicar la sensatez. También en esta materia”.

José Ignacio Moereno Iturralde