Dignidad humana

7.1.05

El César y el aborto

Algunas cosas necesitan estar más allá del alcance de la mayoría porque ellas personifican los valores que una sociedad necesita para sobrevivir, y que nadie tiene el derecho de ignorar o rechazar. Ninguna mayoría puede convertir lo malo en aceptable.

Referencias Bíblicas

Un tema importante de la historia del Antiguo Testamento es la manera en que Israel, la gente de Dios, se relacionaba con las naciones que le rodeaban. La gente de la alianza no debía seguir las prácticas idolatras de todas esas naciones. Israel, después de todo, tenía el beneficio de la Ley de Dios revelada. Las otras naciones no la tenían.

Una cosa que los Israelitas querían imitar, era el hecho de que otras naciones tenían un rey. Hubo un momento en el que le exigieron a Samuel el profeta, "Danos un rey" al consultarlo con El Señor le dijo a Samuel que "si ellos piden un rey, les daremos un rey." Pero Dios también les dio una advertencia esencial: que ambos, la gente y sus reyes, tienen un rey en el cielo. El bienestar de la nación depende de la obediencia que el rey y la gente le den al Rey del Cielo. (véase 1Samuel 8:1-22 y 12:13-15)

El Señor Jesús expresa lo mismo en Mateo 22: 15-22. Cuando le preguntaron si los impuestos deberían ser pagados al César, Jesús preguntó de quien era la imagen en la moneda. "La del César" fue la respuesta. El Señor entonces dijo, "Entonces denle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (MT 22:21)

La moneda le pertenece al César, porque tiene la imagen del César. Los seres humanos le pertenecen a Dios, porque fuimos hechos a imagen de Dios. Lo que este pasaje implica es que en lo que le pertenece a Dios incluye al mismo César. El César debe obedecer a Dios.

La separación entre Dios y Estado

Tanto el pasaje del Primer libro de Samuel como el del Evangelio según San Mateo, enseñan lo que el Concilio Vaticano II cubre en gran detalle, principalmente que la separación de Iglesia y Estado no significan una separación de Dios y de Estado. Si se separa el Estado de Dios, el Estado se desintegra. La Iglesia no tiene una misión política, sin embargo sí tiene una responsabilidad política: Dar testimonio de las verdades morales sin las que el bien común, el cual es el propósito de la institución de los gobiernos, no podría sobrevivir. Estas verdades morales son básicas y van más allá de los límites de creencias de cualquier denominación. Debido a que son verdades, deben darle formar la política pública.

No son solo los individuos los que tienen la obligación de obedecer a Dios sino que también los gobiernos.

Los Cristianos tienen el deber de ser activos en la política, registrarse, votar, presionar y educar a los candidatos y oficiales electos, y hablar sobre los temas que afectan el bien común. La Iglesia no instala urnas electorales, pero cuando uno va a votar, no dejamos de ser miembros de la Iglesia. Si no reestructuramos la política pública de acuerdo a las verdades morales, ¿porqué creer entonces en las verdades morales?

El tiempo ha llegado, el reto está presente. Ya no debemos pensar que la religión es pura "cuestión privada". Cristo enseñó en público y fue crucificado en público. Ahora, resucitado, nos coloca en la arena pública, con la misión de hacer discípulos a todas las naciones (Mt. 28: 18-20) Ojalá no le fallemos ni a Dios ni a nuestra nación.

"El Evangelio de la vida debe ser proclamado, y la vida humana defendida, en todo tiempo y en todo lugar. El campo de acción para la responsabilidad moral incluye no solo los corredores del gobierno sino también las urnas electorales. Las leyes que permiten el aborto, la eutanasia y el suicidio asistido son profundamente injustas, y debemos luchar por medios pacíficos sin descanso para oponernos a ellas y cambiarlas. Porque son injustas, no pueden obligar a ningún ciudadano a ir en contra de su conciencia, apoyarlas, aceptarlas o reconocerlas como válidas." (Obispos de Estados Unidos, Viviendo el Evangelio de la Vida, 1998 N.33)

"Parecen existir dudas sobre si la relación cercana entre la actividad humana y la religión, ponen en peligro la autonomía del hombre, de organizaciones y de la ciencia. Si por la "autonomía de cuestiones terrenales" se refiere al descubrimiento gradual, y el ordenamiento de leyes y valores de la sociedad, entonces la demanda por autonomía está perfectamente en orden: es el reclamo del hombre moderno y el deseo del Creador...Sin embargo, si por la frase "autonomía de asuntos terrenales" se refiere a que los materiales no dependen de Dios y que el hombre los puede usar como si no tuvieran relación alguna con su creador, entonces la falacia de dicho reclamo sería obvia para cualquiera que cree en Dios. Sin su creador, no puede existir la criatura. De cualquier modo, sin importar su religión, los creyentes siempre han reconocido la voz y la revelación de Dios en el lenguaje de las criaturas. De todos modos, una vez se pierde de vista a Dios, también la criatura se pierde de vista." (Gaudium et Spes, N. 65)

Juan Pablo II escribió en su encíclica El Evangelio de la Vida, "la democracia no puede ser idolatrada al punto de sustituir la moralidad con la inmoralidad. Fundamentalmente, la democracia es un "sistema" y como tal es un medio y no el fin. Su valor "moral" no es automático pero depende de su conformidad con la ley moral, así como toda forma de comportamiento humano debe ser sometida; en otras palabras, su moralidad depende de la moralidad de los fines que busca y los medios que se utilizan. Si hoy vemos un consenso casi universal con respecto al valor de la democracia, se debe considerar una muestra positiva de los tiempos, como lo ha notado frecuentemente el Magisterio de la Iglesia. Pero el valor de la democracia se mantiene o se desploma según los valores que adopta y promueve. Por supuesto que los valores como la dignidad de cada ser humano como persona, el respeto a los derechos humanos, y la adopción de "el bien común" como fin y criterio para regular la vida política, son ciertamente fundamentales y no deben ser ignorados." (EV 70)

En otras palabras, algunas cosas necesitan estar más allá del alcance de la mayoría porque ellos personifican los valores que una sociedad necesita para sobrevivir, y que nadie tiene el derecho de ignorar o rechazar. Ninguna mayoría puede convertir lo malo en aceptable.

Esta nación es un experimento de auto-gobernación. Si este experimento tiene éxito o falla depende de nuestra fidelidad a este principio. La gente no se puede gobernar a sí misma si han perdido el sentido de qué es bueno o malo. Si nos hacemos exentos del desafiante proceso de gobernar un país, entonces permitimos que alguien nos gobierne.

Algunos llaman nuestras enseñanzas en el derecho a la vida "divisiva". Nuestra nación fue fundada sobre la base del reconocimiento de ciertos principios morales básicos, entre los que se encuentra que el derecho a la vida es innegable, es dado por El Creador, y debe ser protegido por el gobierno. La misma grandeza de América depende del poder aferrarse o no a esta verdad. ¿Cómo pues, puede uno considerar "divisivo" el mismo principio en el cual nuestra unidad se sostiene como nación?

Algunos hablan de una "sociedad pluralista". Hay muchas formas de pluralismo en nuestra sociedad: hay variedades de culturas, de arte, de razas, de escuelas de pensamientos. Sin embargo, la misma frase "sociedad pluralista" indica que es una sola. La palabra pluralista utilizada aquí, denota un sustantivo singular. ¿Qué es lo que mantiene unida a esta "sociedad pluralista" evitando que se convierta en un caos desconectado? Para que sobreviva como sociedad, deben adherirse a ciertos principios básicos y fundamentales. El derecho a la vida es el primero de entre ellos.

La confusión que existe con respecto a la relación entre religión, política, y el derecho a la vida, es evidente en las muchas discusiones que he tenido con los que hacen abortos. Cuando comienzo a hablarles sobre la ciencia, ellos me hablan de la fe.

Esto comienza cuando yo pregunto "¿el aborto destruye a la vida humana?" La respuesta que escucho es "yo no sé cuando el niño recibe el alma." En un santiamén, el tema de discusión cambia de un procedimiento científico y verificable a un tema espiritual en invisible: ¿cuándo reciben los niños el alma?

El cambio en la discusión no se limita para los que proveen abortos. También les sucede a muchos de los que favorecen la legalización del aborto. Después de todo, ellos argumentan que ya que tenemos libertad en este país, la gente debe ser permitida a creer lo que quieren con respecto a cuando el alma comienza a existir. Seria malo imponer por ley una religión particular o una posición teológica sobre este asunto.

La verdad es que el movimiento pro-vida no busca imponer por ley ninguna religión o creencia teológica, ya sea sobre el alma o de cualquier cosa. Dicho esfuerzo es tanto innecesario como equivocado.

Supongamos por ejemplo que yo no creo que tengas alma. ¿Me da esto el derecho de asesinarte? No. Tu vida es protegida por la ley, sin importar mis creencias. ¿Acaso, la ley que protege tu vida me exige a creer que tú tienes el alma? No. Ni siquiera me pide que crea que el alma existe. Lo que sí me exige es que cualquier cosa que yo crea, no se debe tomar la vida de otro. La ley protege tanto al derecho de creer como a la vida del creyente.

Eso es lo que el movimiento pro-vida desea. Simplemente deseamos la protección de todos los seres humanos.

Si alguien no cree que el niño en el vientre de la madre tiene alma, es su prerrogativa. Pero decir que no cree que tenga alma a decir que debe ser legal el asesinato de ese niño, es tan injusto como decir que porque yo no creo que tu tienes alma, que debería ser legal asesinarte. A la ley no le interesan las creencias, sino que regula las acciones.

El criterio de la ley en cuanto a quién recibe protección debería ser por medio de evidencia producida por ciencia y debe ser verificable. No basándose en el criterio subjetivo de creencias religiosas. Existe lo que es verdad religiosa. Pero si un bebé vive o muere no debe depender en que toda la sociedad haya reconocido esa verdad. La vida humana necesita ser protegida ahora. La libertad de "no creer" nunca debe ser confundida con la libertad de destruir a otros.
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Sacerdotes por la Vida (EE.UU.)