Dignidad humana

9.12.04

Realidad y ficción sobre los embriones humanos

El comienzo de este siglo promete ser muy interesante para la medicina regenerativa. Las posibilidades de utilización de células madre -tratables para ser convertidas en células de diversos órganos- se presenta como una revolución para el mundo de la sanidad. Como es sabido hay células madre de dos orígenes distintos: las que proceden de tejidos adultos –por ejemplo de la grasa- y las que proceden de embriones humanos. A estas alturas se pueden hacer una serie de consideraciones: -Hasta la fecha todos los tratamientos clínicos con éxito llevados a cabo –de los más recientes son los del equipo que dirige el cirujano español Damián García Olmo- se han realizado con células madre adultas. –Tales células no producen ningún rechazo puesto que provienen de tejidos adultos del propio paciente. –La capacidad de diferenciación y convertibilidad de las células madre adultas es bastante mayor a medida que aumentan las investigaciones.

Vayamos ahora a las células madre que provienen de embriones: -Su capacidad de diferenciación es lógicamente muy grande. -No existe hasta hoy ningún logro clínico satisfactorio. –En los experimentos hasta ahora realizados se ha demostrado que producen tumores. –Tienen el problema de tener que subsanar el rechazo del paciente al no ser una célula suya. –A diferencia de las células madre adultas no son capaces por si solas de ir, a través de la sangre, al tejido afectado.

Un congreso finalizado este mes de diciembre en Madrid y organizado por la Asociación AEBI ha congregado expertos nacionales e internacionales en esta materia como la doctora Catherine Verfaillie, Christof Stam y el ya citado Damán García Olmo, entre otros. Tales especialistas han constatado la superioridad de la eficacia de los tratamientos con células madre adultas.

Desde un punto de vista ético las células madre adultas no tienen ningún reparo. Las embrionarias, al proceder de embriones humanos, suscitan un gran debate: desde los que no ven ninguna barrera ética hasta los que defienden la dignidad de todo embrión humano por el hecho de que todos hemos pasado por idéntica fase embrionaria y consideran reprobable tratar al embrión como un mero objeto, degradándose así la dignidad humana.

Otro asunto consiste en considerar si los embriones humanos que se van a utilizar están vivos o muertos. En este último caso algunos son de la opinión de que no hay ninguna objeción ética para su utilización. Convendría recordar que el hecho de congelar un embrión supone ya ponerle en un serio peligro. Según los datos de la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva el 50% de los embriones congelados mueren en el proceso de descongelación y tan sólo el 16% logra implantarse con éxito en el seno de la madre. Es decir: de hecho, la congelación de embriones lleva a la mayoría de ellos a su inviabilidad vital. Al utilizar embriones muertos, cuyas células pueden ser reactivadas, se utilizan vidas embrionarias a las que, de antemano, no se las había situado en su destino natural sino en una situación de alto riesgo.

Los que no tienen ninguna objeción para experimentar con embriones vivos piden la posibilidad de legalizar la clonación humana, a través de una transferencia nuclear, con fines terapéuticos. Esto supone la producción de embriones humanos con el exclusivo fin de su utilización como banco de tejidos. Conviene recordar también que todavía hay un gran desconocimiento de los factores que intervienen en el proceso de la clonación, que hace falta un elevado número de óvulos para que se produzca tal clonación y que este proceso no se hace con el ADN de una fusión de gametos sino con el ADN de un núcleo proveniente de un adulto, con las consecuencias que ello pueda traer consigo.

Una vez explicadas estas cuestiones observamos que con mucha frecuencia se presenta en algunos medios de comunicación una situación muy distinta de la real. Se habla de la utilización de células embrionarias como la panacea para la solución de enfermedades como la diabetes, cuando la investigación y terapia con células madre adultas va muy por delante. Algunos gobiernos, como el español, han deformado, mediante excepciones, la ley anterior que pretendía solucionar el problema de la acumulación de embriones, y ha destinado recientemente notables sumas de dinero –perteneciente al contribuyente- para financiar tales experimentaciones embrionarias sin ninguna seguridad de éxito; existiendo evidentes prioridades sanitarias.

José Ignacio Moreno Iturralde