Dignidad humana

15.11.04

¿Podemos evitar la guerra?

Estamos ya en ella si bien las víctimas caen solo de un lado: más de 200 al día, lo que supone un 11M diario de dolor silencioso.

La violencia engendra violencia cuando no se abren paso al unísono el arrepentimiento de unos y el perdón de otros. Confío en que los cristianos sabremos perdonar llegado el momento pero dudo mucho que los abortistas quieran arrepentirse. Y lamento decir que sin ese arrepentimiento este conflicto, el del aborto, nos llevará a una guerra que nadie quiere.

De hecho estamos ya en ella si bien las víctimas caen solo de un lado. Este año han muerto 80.000. Más de 200 al día, lo que supone un 11M diario de dolor silencioso y de impune holocausto. Visto el conflicto del aborto con perspectiva histórica la huella es de una inhumanidad sin precedentes.

Tras la peste negra de 1342 a 1383 el aborto es la causa de muerte que ha causado más víctimas en toda la historia de España. Son pocos los datos que tenemos de la epidemia de peste bubónica que asoló Europa en el siglo XIV pero los historiadores dan la cifra de 25 millones de muertos en toda Europa y entre 1 y 2 millones en España. Del número de muertes producidas por el aborto sí tenemos datos: son casi un millón desde su despenalización aquel fatídico 5 de Julio de 1985. Si repasamos la historia de España no hay ningún otro hecho histórico: ninguna guerra, ninguna otra epidemia que haya producido más muertos.

Hay dos cosas que duelen especialmente al hacer estas consideraciones. Una es saber que lo más probable es que el número de abortos se incremente y que de aquí a un año tendremos que dolernos irremisiblemente de más muertes. Parece que si esto sigue así en muy poco tiempo el aborto habrá sobrepasado a la peste bubónica en el ranking de la desgracia. La otra cosa que nos llena de tristeza, y porqué no decirlo, también de rabia, al hablar de estos asuntos, es comprobar que hay desalmados que jalean las razzias de este quinto jinete del Apocalipsis que es el aborto con absoluto desprecio por tanta víctima y tanta muerte.

Estos desalmados no se creen que de verdad los cristianos vayan a recurrir alguna vez a la violencia para defender a las víctimas. Piensan que el cristianismo es una religión de paz y de fraternidad universal y que el cristiano está obligado a perdonar siempre e incluso a amar al enemigo. En verdad ello es así pero están del todo punto equivocados cuando calculan que la violencia es desde el punto de vista de la cosmovisión cristiana un recurso injustificable.

La violencia está justificada en el evangelio con el precepto de la caridad. Yo estoy obligado en virtud de ese precepto a usar la violencia contra el agresor para proteger la vida del inocente. El manso Jesús sale en defensa de su padre Dios y llega incluso a usar la violencia física cuando echa a latigazos a los mercaderes del templo. El cristiano no debe utilizar la violencia para imponerse pero no puede dejar de usarla cuando se trata de defender la vida del prójimo ofreciendo incluso su vida en el empeño.

Ciertamente el asunto es tan importante que hay que estar seguro del todo de que se defiende a otro antes de actuar violentamente contra nadie en nombre de la caridad cristiana. Ello implica necesariamente dos condiciones: que el uso de la violencia esté autorizado explícitamente por la Iglesia y que sea medido. Estas son, por otra parte, las condiciones de siempre de la justa guerra.

Las guerras se suceden sin remisión cuando la violencia se encadena y se hace institución, como ocurre hoy con el aborto y antes con el holocausto o la esclavitud. Los cristianos estamos dispuestos a perdonar la violencia abortista si esta cesa; si se procura un arrepentimiento y se acaban las muertes. Ahora bien ¿entienden los abortistas esta postura o más bien desearían que los cristianos no estorbasen su macabro quehacer?

Muchos abortistas me dicen: “si vosotros estuvieseis realmente convencidos de que el aborto es un crimen, hace ya tiempo que hubieseis luchado por evitarlo y sin embargo seguís conviviendo con él e incluso lo subvencionáis con vuestros impuestos”. O sea, el abortista sí que entiende que cristianismo y aborto son incompatibles, lo que pasa es que aspira a que el cristiano deje de serlo un poco para vivir con quien no lo es. Me temo que si este planteamiento se enquista la violencia que ahora solo usa un bando será contestada abiertamente con violencia dando paso a una escalada imprevisible. El cristiano aguanta pero ¿entenderán los abortistas que hay cosas que ni puede ni debe aguantar?

José Pérez Adán