Dignidad humana

29.11.04

La persona frente a la misericordia

Si un hombre mata voluntariamente a otro hombre inocente que le implora misericordia, no le asesina por valentía sino por cobardía; no ejecuta a alguien excesivamente débil sino sumamente fuerte. Aceptar la misericordia, especialmente para seres humanos depravados, no es nada fácil porque supondría romper la rígida osamenta de su cinismo.

La misericordia y la ayuda al desvalido son de tanta envergadura que están cerca de colmar el corazón humano, liberándole de miedos e inseguridades. La misericordia comprende hasta el fondo al necesitado; es capaz de ponerse a su nivel por un elevado grado de sabiduría. El hombre misericordioso se hace plenamente justo porque, sin perder de vista la justicia, la supera y perfecciona.

No parece muy rentable la misericordia para el hombre de negocios o para el futbolista. Sin embargo un buen negocio con rostro humano y una victoria con deportividad son mucho más satisfactorios. Desde luego la misericordia, sin ejercicio de la exigencia de los propios derechos, puede ser en muchos casos ridícula; pero no parece que este sea el problema fundamental.

Ser misericordioso es meter el corazón en la miseria ajena para levantarla. Tal corazón no se mancha como tampoco lo hace la luz al clarear un lodazal. Ser misericordioso supone la liberación de sortear el obstáculo del propio yo para encontrarnos con los demás y con nosotros mismos.

José Ignacio Moreno