Dignidad humana

29.11.04

Jóvenes en defensa de la vida humana

Junto a gran cantidad de cosas buenas de este mundo encontramos también otras lamentables: guerras, formas de racismo y muchos otros modos de injusticia. Bastantes de estos problemas tienen a muchas personas en jaque buscando soluciones. Existe una excepción de capital importancia pues se refiere al comienzo de la vida humana: la realidad del aborto y la manipulación de embriones humanos. Se extiende con fuerza por todo el mundo una mentalidad materialista que pretende reducir al embrión humano a un objeto abortable y utilizable.

Claro que comprendemos los apuros de una mujer embarazada y los deseos de descendencia de parejas no fértiles. Pero esta comprensión no puede hacer olvidar la realidad de millones de vidas humanas que son destruidas “legalmente” en nuestro mundo. Es duro constatarlo pero detrás de este impulso contra la vida se esconden burdos intereses económicos de las clínicas abortistas y de fertilidad. Junto a ellos se extiende un falso concepto de libertad y autonomía personal en nombre del que se pretende legitimar el derecho de matar al niño que viene de camino.

Por otra parte, frente a la evidencia de los resultados clínicos satisfactorios con células madre de tejidos adultos –que no tienen ningún reparo ético- se insiste en la absurda necesidad de destruir embriones congelados, en vez de intentar por todos los medios que dentro de cinco años estén montando en patinete.

Sólo en España, desde que se legalizó, se han practicado alrededor de 800.000 abortos voluntarios. Respecto a los embriones humanos congelados en nuestro país se habla de hasta 200.000.

La causa de la defensa de la vida humana merece la pena: la dignidad y la nobleza del verdadero progreso humano frente al poder del dinero y de la mentalidad materialista. No es una tarea fácil: sólo pueden abordarla espíritus intrépidos y jóvenes. Este empeño es un empeño de paz. No queremos caer jamás en el engaño de la violencia. No se trata de buenos y malos, sino de vivos y muertos. El único enemigo es el error y lo vamos a vencer.

Trabaja con empeño, sé un buen profesional y siente sobre ti la responsabilidad actual de todo hombre de bien, sea cual sea su credo y su color: ayudar con esfuerzo y tiempo personales a crear un mundo más humano, más familiar, donde cada hombre –también el que va a nacer- sienta el calor y el apoyo de sus semejantes.

José Ignacio Moreno Iturralde