Dignidad humana

29.11.04

Educar en un talante democrático

Lo "bueno" que tiene la Dictadura -lo malo ya lo sabemos- es que hay alguien que dice lo que tienes que hacer. Es decir, no hay que ponerse de acuerdo para tomar una decisión, ya que la decisión ya está tomada, sólo hay que llevarla a cabo.

Justamente es esto lo que hace vulnerable a la Democracia porque, al ser un sistema en el que todos podemos opinar, es más difícil llegar al consenso y por tanto a una decisión con la que estemos de acuerdo.

Ahora bien, esto es superable si todos nos sentimos responsables del desarrollo de nuestro país, respetando las diferentes formas de solucionar un problema y no buscando otro interés que el de la prosperidad de la humanidad.

Y esto hay que tenerlo en cuenta especialmente ahora, en los tiempos que corren, ya que es en este momento cuando la mentira disimulada puede convertirse en mentira descarada... No felicitamos el acierto del oponente... Nuestras críticas son mínimamente constructivas o totalmente destructivas... Acudimos continuamente a nuestra libertad y no a la de los demás... No aceptamos el fallo propio... Cuando hay que tener un talante democrático, y tenemos un talante retrógrado.

Un talante democrático debe ser la manifestación externa de tener asimilado lo que es el sistema democrático. El sistema que nos permite utilizar nuestra libertad para decidir, mediante el consenso, lo mejor para establecer un orden que nos permita desarrollar los derechos humanos de manera óptima.

Este talante de respeto hacia la persona y a sus ideas, aunque no se compartan, se ha de enseñar desde que son muy pequeños, para que poco a poco lo vayan asimilando los niños.

Pero para que una madre o un padre puedan enseñar esto tendrán que tener este talante o, por lo menos, tener la intención de conseguirlo lo antes posible. Porque los niños, sobre todo los pequeños, aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice.

Por poner un ejemplo, una discusión matrimonial delante de los hijos, como resultado de no haber conseguido llegar a un acuerdo, podrá ser uno de esos ejemplos gráficos que se nos quedan grabados en la cabeza durante toda la vida, y que no favorecen para nada el aprendizaje de este talante. En cambio una familia en que los padres mantengan habitualmente un talante democrático, aunque uno de los dos no esté de acuerdo con lo que el otro propone, a través de un diálogo sereno consiguen llegar a una solución en común. Y sino lo consiguen, al menos evitan el conflicto cediendo, no siempre el mismo, en la opinión. Y esto un niño lo aprende como por "ósmosis".

Álvaro Gil Ruiz