Dignidad humana

25.10.04

Sentido común y comienzo de la vida humana

Una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido. Bien fácil que parece el principio de no contradicción. Sin embargo, luego, la cosa se complica: ¿Quién eres? ¿Te comportas siempre como quien verdaderamente es? ¿Eres el mismo que hace diez años? Vaya lío. En cosas quizás más triviales volvemos a toparnos con el problema: ¿Verdaderamente fue penalti o no lo fue?

Cada ser, especialmente un gusano de seda, está en continuo cambio. ¿Es oruga, larva o mariposa, o las tres cosas a la vez? Cabe decir que es un proceso. Esta noción de proceso entronca con lo que los griegos llamaron naturaleza, el modo de ser operante de algo. Cada ser, especialmente un ser vivo, es un proceso. Un proceso es para algo, un proceso tiene una finalidad. Es magnífica y aterradora la palabra finalidad, como magnífico y aterrador es el despertador por las mañanas. No todo el mundo gusta de la noción de finalidad; bastantes la niegan…mas: ¿Con qué fin?

La naturaleza de cualquier ser vivo es un continuo: “un principio fijo de comportamiento móvil”, en expresión del profesor Millán Puelles. Cada ser está en acto de una serie de cosas -fundamentalmente de ser- y en potencia o capacidad de otras. La actualización de sus capacidades no es una negación de la etapa anterior sino su desarrollo.

Una aplicación interesante de todo esto puede llevarse al debate actual sobre la identidad del embrión humano. Un embrión de unas horas es un proceso, una naturaleza, una finalidad que se desarrolla en si misma. Es hombre en acto porque es proceso humano, no porque haya actualizado un determinado número de potencialidades. Su caso es análogo al de un enfermo indefenso y desvalido que realiza pocas actividades humanas y no por ello deja de ser hombre. Entender al embrión tan sólo como una suma de células es similar a entender un reloj como la suma de sus elementos materiales: es no entenderle. Manipular al embrión es no respetar su ser, su naturaleza, su finalidad. Congelar a un embrión humano es detener un proceso de vida humano; es negarlo.

José Ignacio moreno Iturralde