Dignidad humana

25.10.04

A la mujer que va a abortar

No es fácil aceptar la vida; los que somos adultos lo sabemos. Hemos tenido épocas felices y entrañables pero hay otras temporadas, a veces muy largas, que son duras, difíciles desabridas. Hay circunstancias en las que tan sólo parece bastar sobrevivir. Otras veces no se trata de una enfermedad o de una crisis sino del tedio, de tantos días que parecen iguales, uniformes, pesados, descorazonados.

Sin embargo, la inmensa mayoría de las personas queremos hacer de nuestra vida algo interesante, grande, bueno, que sirva de ayuda a los demás. Si la vida sólo se vive una vez, si queremos ser fecundos y dejar referencia, tenemos que aceptar la vida: sacar adelante un matrimonio difícil, quizás aguantar –al menos durante una temporada- aquella situación profesional por el bien de nuestra familia, aceptar un embarazo no deseado.

Me obsesiona la defensa de la vida del no nacido pero no me parece imposible que en un momento de zozobra pudiera inducir a una mujer a abortar…¡lo entiendo! Defender toda vida requiere darse cuenta que sacarla adelante puede costar mucho sacrificio. Pero defender la vida que viene es defender la vida que se da. Elegir la vida es elegir a la mujer. Soy consciente de la dureza de lo que viene pero voy a decirlo: el niño abortado voluntariamente –quemado, ahogado- puede reflejar visiblemente el estado del espíritu de quien toma esa decisión. Tal vez no se es consciente de ello, como de tantas otras cosas, porque el egoísmo es peor que la ceguera. Por otra parte quien haya abortado puede saber que su mal tiene cura y que en la vida nos abraza la esperanza cuando la buscamos sinceramente. Siempre hay tiempo de reparar.

Cuando la ley dice que el aborto voluntario es un delito no va contra la mujer; su sociedad, su mundo la está diciendo: protege tu dignidad, respeta la naturaleza, acepta la vida nueva que llega como te aceptaron a ti. Cuando toda una orquesta mundial grita a coro, en algunos casos con fortísimos intereses económicos, que abortar es un derecho de la mujer no dice la verdad porque lo que va a nacer –no hay más ciego que el que no quiere ver- es un niño.

Los casos límite no niegan lo anterior y deberán ser tratados como tales, porque cuando se legisla en función de tales casos se llega a la impunidad más total, como ocurre en España. Qué pocos políticos han defendido a esas vidas inermes, matadas.

Alguien sabio dijo que una persona representa a toda la humanidad. En tu mano está ser ejemplo de fruto. Si eliges la vida no te arrepentirás: eliges ser mujer, ser madre, dar vida, dar felicidad y poseerla hasta lo hondo del corazón en cuanto veas a tu hijo… No habrás matado una sonrisa que te sonreirá para siempre.

José Ignacio Moreno Iturralde